Los 30 mycrosurcos de 2018: 1ª parte-Álbumes del 30 al 21.

30. RESINA “Traces”

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La violonchelista polaca Karolina Rec, alias Resina, deja constancia de las huellas imborrables de las pesadillas sin sueño en un álbum que se descompone en el aire como briznas de papel quemado. Hay una insana forma de aprovecharse del duelo que trae la memoria, una extraña hipnosis que se queda varada entre la electrónica y la repercusión. Es un constante ulular del tiempo con el marcado acento de unas cuerdas como sogas. Da pavor de lo bonito que es.

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29. CONNAN MOCKASIN “Jassbusters”

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Lo que más nos gusta de Connan Mockasin es que siempre termina por encandilarnos, a pesar de su retorcida guitarra y su voz alucinada (y viceversa). Aunque se disfraza de disco accesible, menos raro de lo habitual, “Jassbusters” acaba por emborracharnos con su funk gaseoso y baladas sicalípticas y, claro, pasa lo que nos temíamos, que en el fondo no era lo que parecía. En fin, que la marcianaba estaba ahí solo que había que saber escucharla. 

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28. TUCKER ANTELL “Grime scene”

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En junio caímos rendidos ante el clasicismo bien asimilado que el joven saxofonista americano Tucker Antell imprime a los 8 cortes de este “Grime scene“. Algo así como duendear sobre una base de swing, blues y funk… Coctelera de esparcimiento jazz con el agravante de querer meterle candela a un repertorio tan hedonista como soleado. Tan difícil y tan simple como hacer un disco de muy buena música.  

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27. PHONY PPL “Mo’za-ik.”

La banda de Brooklyn pretende, en los 43 minutos que dura el álbum, exprimir hasta la última nota la esencia de su sonido. Un sonido caleidoscópico que crece en el laboratorio de las ideas, algo así como el sitio de su recreo, un limbo soñado por cualquier músico que pretende componer canciones con el único límite de su imaginación. Talentosos, aventureros y muy creativos. 

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26. JIM JAMES “Uniform distortion”

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Se enchufa Jim James hasta la distorsión y el minimalismo. Perpetrado con guitarra, bajo y batería, James tira al barro la mesa de mezclas para que, en una bacanal de furia, sutiles melodías y algunos coros remanso, se impregne de suciedad el concepto de una producción desbaratada. Alejándose cada vez más de la comodidad, Jim James arruina la estabilidad en favor de un sonido impuro que embellece la zozobra implícita de este “Uniform Distortion“. 

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25. KALI UCHIS “Isolation”

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De repente terminas de escuchar “Isolation” y te preguntas: “¿Cómo es posible que me sienta arrollado por semejante batiburrillo musical?” Y lo vuelves a pinchar y entonces desbrozas y alucinas con los temazos y la adictiva producción que hace hincapié en la variedad, en busca de la diversión. Faltan etiquetas para nombrar la cantidad de estilos que domina la colombiana (de cuna) en un disco bailable, placentero y apabullante.  

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24. MAKAYA McCRAVEN “Universal beings”

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El baterista Makaya McCraven ha pretendido que “Universal beings” sea un descarado alegato a favor de la libertad creativa y racial. Son 22 temas en una hora y media que se sostienen sobre cuatro ejes diferenciadores y a la vez cohesionados. Sobrevuela el espíritu, la idiosincrasia frenética de cuatro ciudades (Nueva York, Chicago, Londres y Los Ángeles) que acaba por colarse en las maneras de sus correspondientes (cuatro distintas) formaciones musicales. “Universal beings” canaliza el concepto inspirador de la propuesta para acabar difuminando el jazz ante la brumosa insistencia del hip hop que le pisa los talones a base de swing, entre otras cosas.

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23. KADHJA BONET “Childqueen”

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Los dos álbumes que ha sacado hasta el momento Kadhja Bonet son el muestrario de una música rica en ideas y llena de matices. El anterior, “The visitor“, era un horizonte y este “Childqueen” es una isla paradisíaca donde atracar y pegarse un buen baño al sol. Sigue la americana aplicando el buen gusto para hacer discos heterogéneos con pistas dispares que, en conjunto, crean un sonido estimulante y cautivador. De un hermetismo expansivo que lleva, sin poder evitarlo, a la fascinación, “Childqueen” parece solo una parada (para pegarse el baño en cuestión) en esta fascinante odisea sensorial.

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22. MÉLISSA LAVEAUX “Radyo Siwèl”

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Mélissa Laveaux es canadiense de origen haitiano. En “Radio Siwèl” da buena cuenta de sus raíces: musicales, personales, éticas, morales. Son himnos religiosos que adaptan sus letras combativas a un sonido original e inmediato que va del afro-beat al pop más guitarrero y descarado. Es un disco gozada que transita por la naturaleza de unas pistas que fluyen con la cadencia de una catarata.   

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21. ADELINE “Adeline (ad-uh-leen)”

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Cuando escuchamos este álbum por primera vez nos desarmó la elegante intensidad de su clásica propuesta. Compendio de influencias disco y r’n’b (¿Acid jazz?), Adeline firma su debut en solitario (emancipada de su anterior banda, Escort) con un trabajo que no da ni un respiro (literal). Son 14 piezas imponentes y desiguales que se disfrutan sin interrupciones al abrigo de una producción noventera que dosifica el tono e insinúa con descaro el baile.  

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