Canción en el límite de la superación después de un mal trago.

Estuvimos juntos en el jardín de las delicias y juntos estuvimos también en ciertos ocasos. Nos arrepentimos y, algunas veces, hasta conseguimos dar en el clavo. Intercambiamos larguísimas temporadas de silencios con otras intensas de abrazos. Nos besamos y arañamos en cualquier lado. Sufrimos en el amor y disfrutamos en el deseo. Pusimos todas las ganas aunque al final no pudimos hacer nada para evitar que lo nuestro se fuera apagando.

Las cosas pueden ir así, más o menos: calma, desesperación, calma (más larga), desesperación (más larga), reconocimiento de la situación, euforia, desesperación (nivel medio), calma-euforia-calma, desesperación (moderada), desenfreno, calma…

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Y sales a bailar y te emborrachas. Y duermes y lloras y comes como un cerdo. Y llegado el caso, si eres el hijo de John Lennon, te pones a escribir y te sale una canción. Y no una canción cualquiera, sino una buena canción. Y, aunque trates de explicar que la canción va de una ruptura amorosa, no una paterno filial, sabes que nadie se lo va a tragar y que, desde el mismo instante en que publiques la primera, vas a pasarte la vida justificando todas y cada una de tus canciones. La cárcel con vistas al mar.

Too late for goodbyes” es un single certero con un ritmo pegadizo, basado en el reggae jamaicano, que pretende engañar a la tristeza en la fase “calma después de laSingle_Julian_Lennon_Too_Late_For_Goodbyes_cover desesperación moderada”. Es un, “Ey, que estoy genial, no te preocupes por mí. Estuve hecho polvo, pero ahora ya lo he superado“. Bueno, igual en el momento de grabar la maqueta no era cierto, todavía no estaba del todo superado, pero una vez que la fotografía de la caratula del sencillo estaba impresa seguro que Julian ya casi lo había asimilado. A base de letanías, lugares comunes del resentido, el hijo de Lennon repasa las punzadas y se lame las heridas en el estribillo. Sensato, seguro de sí mismo, alecciona pero con estilo. Es un sencillo perfecto, es un perfecto sencillo.

Seguramente gran parte de la culpa la tenga Phil Ramone, ingeniero y productor sudafricano cuya elegancia amable y madura había casado a la perfección con las exigencias trascendentes de Paul Simon y Billy Joel en alguno de sus mejores álbumes Julian+Lennon+Producer+Phil+Ramone+Lupus+Foundation+2VfRSicLqy0len los 70. Quiero decir que la conjunción de elementos, tanto el embrujo armónico de “Toots” Thielemans, como la desaprovechada base rítmica de Marcus Miller (más las salpicaduras de la batería de lata en los redobles) o la sintetizada utilización de los teclados en “Too late for goodbyes” si bien no casaba al milímetro (ay, los 80) como en las pretéritas producciones para Joel o Simon, le daba a la canción (y al álbum) el empaque comercial y radiable que el debut de un joven de 21 años y apellidado Lennon necesitaba. El profesional Ramone aplicando su sabiduría al frente de la mesa de mandos. Puede que “Valotte“, el álbum, sonara ya entonces pelín monótono, poco arriesgado. Permanecerá inmutable esta sensación, pero añadiendo el adjetivo entrañable/trasnochado. Todo encaja, sin embargo, no hay altibajos, la rutina Ramone está clara: que nada arruine una buena idea, una buena canción. “Valotte“, el tema, es una buena muestra de ello.

Too late for goodbyes” juega en el límite y quizá por eso nos gusta tanto. Es simple y repetitiva, sin puente y con un solo de armónica fantástico de “Toots” en mitad del tema. Dura lo justo (3:35) y el estribillo no va más allá de dos repeticiones del título cuatro 32bc2075784ee61b85351d98bc79194cveces a lo largo de la canción. Pero es saltarina y da buen rollo. No es para bailar pero empieza sin preámbulos con su apabullante gancho rítmico y, claro, ya no hay quien se la quite de encima. Es de esas melodías que se te queda pegada y no puedes dejar de tararear cuando terminas de escucharla. Pero lo que la hace, a nuestro juicio, especial, mágica, eterna, es la inflexión vocal en busca del grito ahogado en un falsete. Pero no en un falsete cualquiera, en un falsete Lennon. Ese es el momento en el que la canción se vuelve un festín y Julian lo sabe. Se recrea, sabe que el oyente está deseando que llegue un cry, un die, un why o un fly… El estribillo, en comparación, es el remanso que te abre el apetito de aullar hasta la siguiente virguería.

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Lo intrigante de “Too late…” es que salió como primer single en Inglaterra en septiembre de 1984 y como segundo sencillo en EEUU en enero del 85 (el año anterior, en octubre había salido “Valotte” como primer sencillo). Estrategias comerciales que, a falta de una razón oficial, buscaban disociar al fantasma de John de la fotocopia de su hijo en el caso del screen-shot-2017-02-22-at-10-19-22-ampúblico británico. “Too late…” es más pizpireta y la referencia genética, digamos, es más paródica; mientras que “Valotte“, con un tono (no solo el de la voz) mucho más John (quejumbroso, melancólico y bonito), no terminaba de querer enmascarar las inevitables comparaciones (todo lo contrario) en un mercado, el norteamericano, que había adoptado definitivamente al padre de Julian algunos años antes de que éste fuera asesinado.

Too late for goodbyes” es la canción de mayor éxito en listas de Julian: alcanzó el puesto 6 en las británicas, el 5 en el Billboard americano y, marciano sí, el primer lugarRolling-Stone-Magazine-449-Julian-Lennon-Amy-Grant en las listas (americanas también) de música adulta contemporánea (¿?). En líneas generales el álbum no funcionó nada mal (disco de platino), con nominación incluida en los Grammys del 85 en el apartado de Mejor Nuevo Artista. Recuerdo de niño haber visto el vídeo musical (efervescencia de la MTV) y ya entonces, con el cuello del polo subido, dejarme llevar por el contoneo de Julian, simulando que la estructura de madera a los pies de mi cama era un teclado, tratando de imitar, por supuesto, el falsete, aunque no pasara de canturrear aceptablemente la melodía con sus Dit dit dit dit doo, Ba da ba da ba da ba ba, Ba ba ba ba bas incluidos. Y lo más loco e inesperado, descubrir muchos años más tarde que el vídeo lo había dirigido el gigantesco cineasta Sam Peckinpah, que también se encargaría del vídeo de “Valotte“.

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Y entonces te vuelve a pasar. Y sales a bailar y te emborrachas. Y duermes y lloras y comes como un cerdo. Y llegado el caso, aunque no seas el hijo de John Lennon, te pones a escribir y lo que te sale es una castaña pero al menos te has desfogado y, llegado el caso, si no ha sido suficiente, buscas en el libreto de todos los karaokes a los que sueles ir en estos casos la letra de “Too late for goodbyes” para cantarla, pero resulta que, a día de hoy, todavía no la has encontrado.

Nunca será demasiado tarde.

 

Too Late for Goodbyes

Ever since you’ve been leaving me
I’ve been wanting to cry
Now I know how it feels for you
I’ve been wanting to die

[Chorus]
But it’s much too late for goodbyes
Yes it’s much too late for goodbyes

Time has gone since I’ve been with you
We’ve been starting to die
Now it seems you don’t care for me
And I don’t understand why

[Chorus]

Ever since you’ve been far away
I’ve been wanting to fly
Now I know what you meant to me
I’m the one who should cry

[Chorus]

Ever since you’ve been leaving me
I’ve been wanting to cry
Now I know how it feels for you
I’ve been wanting to die

[Chorus]

Ooh, ah
Dit dit dit dit doo
Ba da ba da ba da ba ba
Ba ba ba ba ba

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Juan Aguirre dice:

    Me ha gustado más el artículo que la canción porque la base rítmica, ochentera y repetitiva hasta el colapso, me saca un poco aunque comparto el gusto por la armónica y los falsetes tan graciosos en la cara de eterno sueño de Julian, en todas sus fotos y vídeos parece que se ha despertado cinco minutos antes!!! Solo reprochar al autor (del post) que haya tardado 34 años en escribirlo, se le puede perdonar calculando que por entonces no tendría todavía ni un pantalón largo en el armario y que no existían los blogs, claro.

    1. mycrosurcos dice:

      Ser hijo de John Lennon, imagine, ya solo ese peso. De ahí la cara de sueño del joven Julian, me temo.
      A mí la canción me parece encantadora, la verdad. Es sencilla y muy efectiva. Nunca será mega temazo y tampoco lo pretende.
      En cuanto al reproche que usted me hace, querido Aguirre, he de confesarle que hace 34 años algún pinito hacía en lo tocante a escribir de música: por lo menos recuerdo las listas con los discos que algún día tendría que comprarme.
      Y sí, es verdad, que por aquel entonces no tenía pantalones largos en el armario, si exceptuamos los del chandal.
      Abrazo afectuoso a La Enana Roja de mi parte, Sr. Aguirre.
      Gracias por leernos!

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