PAUL McCARTNEY “Egypt Station”: Paul a la carrera o el amor después del furor.

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Calificación: * * * *

Sello: Capitol Records

Año: 2018

Arrolladora y estimulante, la sombra de Paul McCartney tira del cuerpo correspondiente para correr más deprisa que la nostalgia. A ver, el músico tiene que parar algunas veces porque le cuesta seguir el ritmo, pero casi siempre la nostalgia se queda detrás. Suponemos que, como es un tipo de 76 años y ha tallado canciones como pirámides, en estos tiempos no le podemos permitir que sus nuevas aportaciones (corran) fluyan al margen de su pasado. Y no es cuestión de que tenga que salir corriendo delante de nadie a estas alturas, es la llamada del arrebato, la vocación del creador comprometido con su oficio que, insaciable hasta el infinito, atrapa musas en las estaciones de la vida.

No sé lo que opináis, pero a nosotros, enredados entre la promoción y la excitación, la salida al mercado de “Egypt Station” nos ha pillado con los prejuicios de vacaciones. Ante la orgásmica propuesta musical, inabarcable gracias a las diversas plataformas digitales, la estrategia de McCartney ha consistido en parecer omnipresente en las redes (la clave fue ese emotivo/efectivo Clarpool Karaoke con James Corden) anticipando, además, dos temas nuevos que luego han resultado ser los que abren el nuevo álbum. La primera impresión es que la energía honky tonk de “Come on to me” contrastaba divinamente con la fabulosa calma en plan ochentero de “I don’t know“. Y entonces, con semejante despliegue, llegó de pleno el verano. Digamos que, soltando lastre y a lo bizarro, lo suficiente como para no salir huyendo de cualquier chiringuito en mitad de su banda sonora, la perspectiva de un nuevo álbum de Paul McCartney para septiembre superaba expectativas ante la vuelta de las vacaciones. Cosas de la edad y de la fidelidad hacia los mitos poperos/rockeros, supongo. Sin embargo (no se podía estar quietecito), como parte de la campaña de lanzamiento, decidió McCartney, a mediados de Agosto, sabotear las estimulantes perspectivas de su nuevo álbum con un single, “Fuh you“, de producción desajustada que, buscando confusión, controversia y un irónico acercamiento a la generación de Ariana Grande, solo consiguió que no le hiciéramos ni puñetero caso.

Digamos que “Egypt Station” más que un disco conceptual, es un caos (y creación) monumental. Las canciones se abren camino a base de impulsos. Picotean de la sabiduría compositiva intrínseca a McCartney, está claro, pero se adentran en terrenos pantanosos que son tan oasis como laberinto. Y es ahí precisamente donde radica la fuerza y la belleza de este álbum: en la variedad, en la comparación. Puede que fracases si intentas denostar la inquietud del artista en busca de pelajes sonoros nuevos, bastante extraños (“Back in Brazil“), pero es muy probable que también fracases si te sonrojas ante la indiscreta puesta en escena del vigor a los setenta (mejor “Come on to me” que “Fuh you“).

Para empezar, hay que ser muy McCartney para arrancar el disco con una intro coral (“Opening Station“) y una balada hermosísima pero casi depresiva (el tiempo nos dirá si “I don’t know” es o no el mejor tema de todo el álbum) que sugieren un tono que el de Liverpool no piensa mantener a lo largo de la hora que dura “Egypt Station“. Que el enganche sea la calma no está nada mal. Eso sí, chapotean las melodías más reconocibles entre las veleidades que, por otra parte, a lo largo de la carrera en solitario de McCartney no son una excepción, al contrario. De la parte juguetona y traviesa salen “McCartney II“, “Press to play” o la alianza con Youth en The Fireman, entre otras muchas cosas de las que mejor no hablamos. No es el descaro de entregar una y otra vez la misma canción bonita, es la fechoría de sacar a relucir la parte inconfesable del autor. Ese Mr. Hyde hortera que en la pradera de la tercera edad se sigue metiendo en camisa de once varas para probar, llamar la atención o, simplemente, hacer lo que le viene en gana.

En lo práctico, McCartney consigue sacar adelante sin metáforas, sin sutilidad, pero con solvencia y dignidad, una canción pacifista, “People want peace“, que viene a ser la síntesis de la evolución de los himnos pop desde principios de los 70 hasta nuestros días (¿Qué Imagine haría John Lennon en estos días?). Es lo que somos, es lo que tenemos. No hay trampa, son tres minutos de ingenuidad que tienen su evolución, esta vez sí, en la metafórica “Despite repeated warnings” (te visualizo, lector, musitando el apellido del Capitán). Un ciclón de ritmos para neutralizar la tempestad con un único objetivo, enderezar el barco.

La catedral del pop esta vez se erige con el estribillo perfecto de “Dominoes“, una de las piezas que justifican “Egypt Station” para los que necesiten justificarlo. En “Caesar Rock“, el ritmo, funky-rock desbaratado, se sustenta con el grito huracanado (sí, es cierto, hace lo que se puede) del amante: She’s a rock. Por otro lado, el órgano Hammond, que solicita más presencia, puntualiza la evidente bajeza del linchamiento entre seres humanos en “Who cares“. Una canción para los odiadores.

Happy with you“, “Hand in hand“, “Confidante” (fabulad con la remota posibilidad de una versión de Johnny Cash) y “Do it now” basculan entre la admiración y el reconocimiento. Tres paisajes sonoros en los que cabe el amante, el amigo, la guitarra y la familia. Sustento, fe de vida. Por el contrario, en “Hunt you down/Naked/C-Link” los tres paisajes sonoros se enlazan en una sola canción, una suite como un (enésimo) guiño al McCartney y a su Abbey Road, fin del trayecto, el blues de la estación.

El verano termina y con él vuelve la sempiterna sensación de empezar un nuevo curso. Septiembre es el genuino Enero del año y McCartney lo sabe. No ha dejado nada a la improvisación y se ha preparado a conciencia el inicio de las clases: rondas de promoción por todos y cada uno de los Late Shows americanos, anuncio de gira y cada semana nuevas fechas, nuevas ciudades; y la guinda con el concierto en la Grand Central Station de Manhattan el mismo día que salía el disco al mercado.

De momento, según lo escuchado, McCartney sigue siendo un alumno aventajado, o por lo menos podemos asegurar que en este curso la nostalgia se va a quedar por detrás del mentado.

 

Pd: Visto en las redes: ¿Homenaje?, ¿casualidad?, ¿guiño?, ¿inspiración?, ¿mensaje oculto?

Portada y contraportada del álbum de 1982 “Gone Troppo” de George Harrison.

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