Concierto de Arcade Fire: Everything Ahora o Todo Now.

Madrid, 24 de abril,

Bueno, no soy indie, o eso creo. Tampoco lo pretendo, o eso espero. Me tiran para atrás las bandas que dan con la clave de un himno y después, en directo, explotan los coros, en cualquier canción, a voz en cuello y hasta la parodia. Tampoco me gusta que desde las pantallas, en un concierto, me animen a que encienda la linterna del teléfono móvil o a que cante la letra de ésta o aquella canción como si estuviera en un karaoke. Valores, gustos, manías, preferencias que una banda como Arcade Fire es capaz de dinamitar haciendo que me replantee prejuicios y hostilidades (indies). Según la jerga que se maneja en el mundo de las conexiones y enlaces que te zarandean de un vídeo a otro en youtube, David Bowie me llevó hasta ellos en el 2004 y, desde entonces, soy un juguete roto a expensas de sus devaneos, propuestas y atrocidades.

sdr

Los había visto en 2010, recién editado el álbum “The Suburbs“, cuando su ascenso al reinado indie/pop parecía irremediable. Desde entonces, el controvertido “Reflektor” (2013) hizo tambalear la unanimidad de la prensa musical en torno a la excelencia que se agravaría con la salida del álbum “Everything Now“, el año pasado. Al final, con lo que uno se queda, tratando de separar el grano de la paja, es con la voluntad de provocar a base de bandazos (de nuevo los zarandeos o estancarse es morir), buenas canciones y un directo muy disfrutable (camino de convertirse en leyenda), en el que la banda se deja la piel, rebosante de energía. Y anoche, seamos sinceros, también se dejó el presupuesto.

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La pugilística puesta en escena les sirvió de excusa para colocar el escenario en el centro de la pista, con el consiguiente desmadre que supone ver a nueve tíos (7 hombres, 2 mujeres) fuera de sí, de un lado a otro, agitando a las masas, intercambiando instrumentos, bailando como fieras. El juego de luces potenció el trance (el nuestro) y el sonido, para variar, fue de lo más digno, a pesar de los pocos matices que dejaba la orgía de instrumentos. Inevitable que en ocasiones sonaran empastados.

sdr

A las 21:15, para estimular al “bailongo” que llevamos dentro, comenzó a sonar la mítica adaptación disco de la Quinta de Beethoven a cargo de Walter Murphy (salía en la película “Saturday Night Fever“): ellos calentando en una esquina del Palacio de los Deportes, nosotros apurando la cerveza en la grada. Un ardid. ¿Quién podía estar preparado para lo que se nos venía encima? Una vez hecho el paseíllo, y con la banda ya en el escenario, sonaron las primeras notas de “Everything Now“, una pieza bailable menor que en directo, ebrios de sugestión, suena a cumbre, carne de delirio. Otro ardid. La siguiente que tocaron fue “Rebellion (Lies)” (esta vez sí, una de las grandes), con la que dio comienzo la competición de: a ver cuántos codazos, acompañados de “¡Vaya temazo, eh, tío!“, nos dábamos mi compañero de aventuras musicales en vivo y yo. Y así, desde la cúspide (llámalo cielo), ya no quisimos bajarnos en toda la noche. Gritos, sudor y abrazos.

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Vale, “No cars go” apareció demasiado pronto (la cuarta del repertorio) y “We don’t deserve love“, sin ser una mala canción, está colocada en una posición (el primer bis) que no favorece su languidez (aludiendo en la coda al “Bird on the wire” de Leonard Cohen), pero en general la elección de los temas sonó tan coherente como para aglutinar en un concierto a todos los Arcade posibles: los del pop, el baile, la electrónica y Nueva Orleans. Prestaron especial atención esta vez (con respecto al repertorio de Barcelona y Lisboa, los dos conciertos inmediatamente anteriores a este) al cancionero de “Neon Bible” (tocaron cinco de ese álbum), buscando, como hace mi monitor de Pilates conmigo todos los martes (perdón por mi falta de ayer, ya ves que tenía una buena coartada) y jueves por la tarde, no dar más tregua que la justa para tomar aire y expulsarlo.

sdr

Claro que, a veces, ni eso: “Ready to start” (cada vez más pelotazo en directo), “Reflektor” (una canción no lo suficientemente ponderada) o “Wake Up” (evidencia de la clave y el himno, certeza de la perfecta canción de estadio, anoche también pasacalles); a punto estuvieron de inducirnos al desmayo.

sdr

Es lo que tiene pensar con la cadera.

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