Los 30 mycrosurcos de 2017: 3ª parte y última-del 10 al 1.

10. MARÍA ARNAL I MARCEL BAGÉS “45 cerebros y 1 corazón”

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Un disco de justicia política y social que convierte el panfleto en folclore (nuestro blues) sin prejuicios, y en poesía enérgica las atmósferas de las guitarras. Por momentos furioso por sincero, “45 cerebros y 1 corazón” se agiganta sin necesidad de la reivindicación como etiqueta, tan sólo con la propuesta musical. Un disco como la memoria de un río que busca en su cauce natural la naturaleza que no le aporta el hormigón.

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9. HURRAY FOR THE RIFF RAFF “The Navigator”

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Callejero, hermoso, combativo. Un disco de raíces latinas y convicciones rockeras. La americana (de ascendencia puertorriqueña), Alynda Lee Segarra, lidera esta portentosa banda que aprovecha la genética para derribar los muros que cierto líder que hay por ahí empeñado en levantar. Música que coge cuerpo en cada escucha, se hace asfalto, después calles, luego edificios, suena por sus esquinas y la escuchan sus ciudadanos.

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8. ALEJANDRO ESCOVEDO “Burn something beautiful”

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Lo suyo no es sólo ser honesto, sino parecerlo. Alejandro Escovedo es un rockero inapelable, aquejado de la hondura, la energía y las formas de los clásicos; su particular exorcismo (“Burn something beautiful“) se nutre de estribillos poderosos, voces contrapunto, guitarrazos de escuela y una banda que, desde la producción (Peter Buck y Scott McCaughey), arropa una propuesta tan deslumbrante como sugerente. Una gozada para unos tiempos en los que ya casi no hay nada honesto, ni siquiera el rock’n’roll.

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7. THE WEATHER STATION “The weather station”

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Aconsejar este álbum, es aconsejar una casa rural en un lugar apartado, mágico, especial a un buen amigo. La voz de Tamara Linderman, lideresa de The Weather Station, es apabullante a la hora de relatar: enérgica y dulce, empapada de experiencias. En teoría con más electricidad de lo habitual, la audacia de los alegatos sube la apuesta cuando en plan río, en poco más de tres minutos, cuenta historias supersónicas y arrebatadas (“Complicit“). Economía, ecología, incertidumbre, treintena y relaciones terrenales de amor.

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6. OTIS TAYLOR “Fantasizing about being black”

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Fantasizing about being black” es un disco de terror. No sólo por la pulsión de los instrumentos (bajos cavernosos, guitarras elásticas, banjos amenazantes, vientos de emboscada, violines poéticos…) sino por los excesos cometidos que nos cuenta. Una suerte de relato pormenorizado de injusticias raciales americanas: luchas por los derechos civiles, condenas a muertes, inmolaciones, sacrificios, conflictos de amores imposibles… Rudo como la vida. Una lección de cómo el blues puede evolucionar a mucho mejor. Una lección de historia cantada.

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5. KENDRICK LAMAR “Damn”

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Kendrick Lamar es tremendo, oiga, una bestia. Menos caótico que su predecesor, y a nuestro juicio más apasionante, “To Pimp a Butterfly“, este “DAMN” se posiciona como la respuesta ortodoxa para todos aquellos que creyeron que Lamar seguiría la estela de la Piedra Filosofal encontrada gracias a la mariposa. Ahora, como mosca cojonera en “DAMN“, recupera el rap de libro y casi abandona el jazz, con el permiso (curioso) de Bono en la coda de “XXX“. Sorprendente por inquieto, inquieto por sorprendente. Una bestia, oiga.

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4. MARK EITZEL “Hey Mr Ferryman”

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Lo que ha conseguido el músico y productor Bernard Butler en “Hey Mr Ferryman” es que la tristeza americana de Mark Eitzel siga sonando triste pero británica. Como la voz de Eitzel, sobria y perezosa, la producción de Butler va levantando paredes por detrás, sutiles, que proyectan sombras sobre la fuerza de las (buenas) ideas. Paredes, sombras, ideas, tristeza: canciones como pirámides.

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3. ROCÍO MÁRQUEZ “Firmamento”

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Disciplina contra poesía, ortodoxia contra perfidia. Modula Rocío la voz en “Firmamento” sin desesperarse con los alardes que exige (?) el Flamenco. La onubense se aventura acompañada de un cuarteto imaginativo y arriesgado (Raül Fernández Refree, Dani B. Marente, Juan Jiménez y Antonio Moreno) que le busca los tres pies al gato. No es un disco de pop, no es un disco de jazz, no es un disco de flamenco, no es un disco protesta, es un disco fabuloso. Otro punto.

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2. THUNDERCAT “Drunk”

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Stephen Bruner, el nombre que se esconde detrás del alias Thundercat, es un bajista superdotado, compañero de habilidades de KendricK Lamar, Kamasi Washington, Cameron Graves o Flying Lotus, ahí es nada. En coherencia con el título, Thundercat ronca y se tira pedos; se acerca a un soft jazz ochentero (en coherencia cantan Michael McDonald y Kenny Loggins en un tema); y prefiere llenar de canciones (y amigos, perfectamente integrados) un disco menos disperso de lo que pueda parecer en realidad.

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1. BIG THIEF “Capacity”

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La primera vez que escuchamos “Pretty things“, el tema que abre “Capacity“, una conexión muy intensa comenzó a establecerse entre nosotros y la increíble voz de Adrianne Lenker. Ni dulce, ni todo lo contrario. La oscuridad innata (la intensidad de las letras para cortar el frío) se expande ante la densidad de lo que vendría a ser un sonido folk-indie americano que, en este caso, trata de atrapar la melodía de entre la maleza. Historias que remiten al tormento y que, a pesar de la tiritona, transmiten calidez y sosiego. Inesperado por bellísimo. Bellísimo por inesperado.

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