Los 30 mycrosurcos de 2017: 1ª parte-Álbumes del 30 al 21.

30. CHRISTIAN SCOTT aTUNDE ADJUAH “Ruler rebel”, “Diaspora”, “The Emancipation Procastination”

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Cuanto más osado (y torrencial) se pone Christian Scott más nos gusta. Puede que el espíritu de Miles Davis, especialmente el de “Tutu” (“Ruler rebel” comienza sentando las bases, después todo se vuelve más genuino), se haya apoderado de la trompeta del de Nueva Orleans, pero nos da lo mismo. Lo que queda claro es que cualquiera de los tres álbumes, individuales e inseparables, sustentan una música imaginativa, más allá del jazz o del hip hop.

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29. SONGHOY BLUES “Résistance”

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Songhoy Blues tocan como si se estuvieran defendiendo de una emboscada. Son unas fieras del funk que bluesea los sonidos africanos. Los malíes han hecho un segundo álbum, tras su debut de 2015, con una producción más virguera que rebusca en los recovecos multiculturales. Inclementes con las injusticias a base de tozudez guitarrera han hecho un álbum potente y, lo que es mejor, entretenidísimo.

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28. MALCOLM HOLCOMBE “Pretty little troubles”

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Con la voz de Malcolm Holcombe uno se hace, no se nace. Viciosa y nocturna, da buena cuenta de los sueños insatisfechos de los que apostaron a una carta su destino. Otrora minimalista, en esta entrega se deja engatusar por las propuestas gospel y pizpiretas del productor Darell Scott. Un acierto que dota de brisa (se le supone la zozobra) a las historias. Superlativa sencillez.

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27. ROBYN HITCHCOCK “Robyn Hitchcock”

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Tan original e inspirado como siempre, Hitchcock, sin hacer ruido, nos ha ido entregando en los últimos años una grandiosa colección de canciones (fueron gigantescos el “Love from London“, de 2013, y el “The man upstairs“, de 2014), algo, por otra parte habitual en su extensa carrera. Tan heterogéneo de estilos como vitalista, el londinense, en este álbum homónimo, no hace más que fortalecer su propuesta de pop expresivo, repleto de referencias psicodélicas, literarias y setenteras.

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26. LANGHORNE SLIM “Lost at last Vol. 1”

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De nuevo la sencillez de las cosas bien hechas. Langhorne Slim (en realidad Sean Scolnick) transita el folk festivo, menos apesadumbrado de lo que suele ser habitual, con un puntito añejo que nos encanta. Canciones de destino más que de llegada.

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25. JARVIS COCKER/CHILLY GONZALES “Room 29”

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No es ninguna sorpresa, Jarvis Cocker convirtiéndose en un trovador de vocación clásica más que tabernaria. La tristeza de garito, sin embargo, permanece intacta. Cocker y Gonzales se encierran entre las paredes de la habitación 29 del Hotel Chateau Marmont de Los Angeles y tratan de poner música y letra a viejas historias de fantasmas. Ya sólo por la propuesta merece la pena dejarse llevar por la necesaria decadencia de un álbum más disfrutable de lo que pueda parecer a priori. Con suma delicadeza la conexión con Sakamoto se impregna en dos de las piezas como en un todo.

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24. CONOR OBERST “Salutations”

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Vale, puede que sea facilón lo de trocar la acústica por la electricidad, sobre todo cuando las canciones ya se editaron en una entrega anterior. “Salutations“, del año pasado, es el reverso luminoso del taciturno “Ruminations” más siete temas nuevos. El claro ejemplo de que un álbum, a pesar de no ser súper original, puede resultar deslumbrante. Es muy Dylan, cierto, pero qué Dylan.

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23. JIM LAUDERDALE “London Southern”

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El americano Jim Lauderdale tiene debilidad por la invasión británica (especialmente por la influencia de The Beatles, admiradores a su vez de la música negra americana). En justo reconocimiento (“No right way to be wrong” como paradigma), Lauderdale se traslada a Inglaterra para grabar un disco de raíces, claro está, americanas. Idas y venidas. Exquisito y delicado, Lauderdale (rodeado de la banda que acompaña a otro británico admirador de lo americano, Nick Lowe) se empeña en sonar cálido y cercano. Damos fe que lo consigue.

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22. RANDY NEWMAN “Dark matter”

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El tema sobre el que se vertebran las canciones de Randy Newman, así en general, es la estupidez humana, motor de historias de amebas y desheredados. Hay tristeza y malas decisiones, pero siempre hay una fina ironía que lo impregna todo. Por eso casi no escribe canciones (tontas) de amor. Luego están sus suntuosas orquestaciones que matizan la risa congelada del que escucha sus historias musicadas. Un narrador, en definitiva, que se preocupa como ningún otro de la “materia oscura”.

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21. LAURA MARLING “Semper femina”

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Lo único que falla en este trabajo de la compositora de Hampshire es que el factor sorpresa nos resta el asombro del descubrimiento. Es tan elegante la Marling que no hay una sola canción suya que parezca mala. Esta vez una mujer hablando (admirando) a La Mujer. Empeñada en el retrato sociológico/psicológico, Laura Marling acompaña de sutiles arreglos (muy Cohen en la increíble “Don’t pass me by“) sus disecciones afiladas. No sólo amistad o amor sino dulzura.

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