Sobre escribir o estar escuchando.

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Últimamente andamos algo dispersos atrapados en un mundo de sensaciones, recuerdos y, por qué no decirlo, obras en casa. Esto último, un compendio de ruinas y regeneración a la contra de la creatividad, supone también la excusa perfecta para no escribir regularmente ni una palabra en este blog, ahora baldío. Puede que de esta sequía sean Tom Petty – San Francisco - 1979responsables los demás, el entorno, las condiciones atmosféricas o, tal vez, el excesivo tiempo que le dedicamos a Twitter (actualizándolo compulsivamente cada dos minutos). Puede que la tristeza acumulada haya actuado como la ansiedad y, a medio/largo plazo, nos hubiera dejado paralizados frente a la pantalla de Word en blanco. De alguna manera, si miramos atrás, el año pasado fue tremendo y éste, aunque por distintas circunstancias, le sigue muy de cerca los pasos. Sobran, por tanto, los motivos.

No dar abasto, por ejemplo. Holgazanear, otro tanto. Perderse entre las páginas de las revistas y las biografías musicales, dejarse llevar por las cada vez más habituales quedadas culturales con nuestro sobrino. Directamente salir a gozar de lo que hay ahí afuera, sentir la brisa en la cara sin que estén las ventanas de por medio. Estirar el verano. Contemplar. Amar también vale. Y escuchar, sobre todo escuchar.

Estar seco de ideas, la mejor excusa de todas. Puede que no seamos originales alegando pereza o engañándonos con proyectos que nunca se llevarán a cabo. Nadie nos echa de menos, eso es cierto. Nadie salvo nosotros mismos. Efímeros y persistentes. Así queremos que nos lean los demás.

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Y mientras tanto crece la discoteca y la lista (de espera) de Deezer y la de Spotify. Como cada año, desde hace ya 6, tenemos menos que decir y muchísimo que escuchar. A veces solo oír, a veces solo oír, ya sabemos.

La plegaria que debería corresponderse con esta entrada de auxilio, de necesidad, es la que nos impulsa a escribir esta cosa que, por otra parte, no sabemos muy bien qué es: Puesta al día o ajuste de cuentas del hasta aquí y del ahora (sin orden, por cierto):

  • Estas semanas no dejamos de devorar discos de Tom Petty (con y sin Heartbreakers, con y sin Traveling Wilburys) y de los Allman Brothers. No nos salía un bonito homenaje que publicar (de Tom, de Gregg, que sacó un disco póstumo, “Southern Blood“, fantástico) y, por lo tanto, optamos por no parar de escuchar sus discos.
  • Lo intentamos, siempre lo hacemos, pero no terminamos de engancharnos a las supuestas excelencias de The National o The War on Drugs. Más de lo mismo. Aburrimiento.
  • Tampoco nos mata de gusto el previsible “American dream” de LCD Soundsystem, tan ensalzado que aún seguimos insistiendo.
  • Para colmo de males, hemos visto Blade Runner 2049 …
  • … y no hemos visto Twin Peaks todavía.
  • A estas alturas del año no dejaremos de insistir en reivindicar el discazo que sacó, a finales de enero, Mark Eitzel. Austeridad y belleza como referentes. Le veremos en vivo la semana que viene. Ganas.
  • ¿Rosalía o Rocío Márquez? ¿Y por qué no las dos?
  • Nos quedamos fríos en verano ante lo nuevo de Arcade Fire.
  • Pero más fríos nos quedamos ante el precio de las entradas (una buena localidad) del concierto de Van Morrison que tendrá lugar en diciembre (en Madrid).
  • Emocionados, eso sí, con las dos súper ediciones del “Sgt. Peppers…” y del “Purple Rain”. Sol y lluvia remasterizados.
  • Debilidad moderna y, tiene pinta que será duradera, por Hurray for the Riff Raff: Cuanto más callejera se pone Alynda Lee Segarra, más nos gusta. Y más antigua y eterna (sin reclamar ninguna clase de perfección) por Ron Sexsmith.
  • Amor incondicional, repartido por igual entre Natalia Lafourcade y Jorge Drexler.
  • Por un lado, embobados con el aperitivo de Kamasi Washington (“Harmony of difference”); por otro, atrapados en el caleidoscopio de Thundercat (“Drunk”).
  • Degustando y asimilando las últimas creaciones de Josele Santiago, Julio Bustamante y Raúl Rodríguez. A ver. A escuchar.
  • Pasamos parte del verano disfrutando con la lectura de “Música infiel y tinta invisible” (de Elvis Costello) y “El diario de la Princesa” (de Carrie Fischer).
  • Y, lejos de disfrutar, sufrimos, también en verano, con esa película de terror titulada Whitney: Can I be me. Tremendo.
  • Entre otras cosas, nos hemos estado dando, durante la primera mitad del año, un buen atracón de Sade, de The Isley Brothers y, a raíz de la salida de sus álbumes remozados, de CAN.
  • Y en consonancia con toda esta locura, vimos hace unos días Baby Driver y fuimos casi incapaces de parpadear delante de la pantalla durante casi dos horas: Implacable entretenimiento repleto de temazos!

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Y hay más exabruptos, seguro*, pero este editor que vive dentro de nosotros nos presiona para que publiquemos lo antes posible lo que sea.

Como por ejemplo, esto.

 

* ¡¡Y William Bell!!, ¡¡y William Bell!!… ¡¡Qué señor!! Afortunados por haberle podido ver en el Black is Back! Weekend.

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