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BOB DYLAN “Triplicate”: Desde la atalaya del Tin Pan Alley.

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Calificación: * * * * 1/2

Sello: Columbia

Año: 2017

Si recientemente fuiste capaz de dejarte llevar por la singular elegancia y puesta al día del Gran Cancionero Americano por parte del Nobel Dylan en sus dos entregas anteriores, “Shadows in the night” de 2015 y “Fallen Angels” de 2016, seguro que ahora, valorando en su justa medida la dimensión de la empresa, te puedes pegar un auténtico festín escuchando por triplicado (son más de noventa minutos) una nueva remesa de estándares dylanizados para disfrute de los acérrimos del bardo y, lo más tronchante, para descoloque de los que oficialmente le odian.

No sabemos si como fin de ciclo, el caso es que en este nuevo homenaje Bob aglutina la delicadeza, la diversión y la desfachatez del que, dejando de lado (desde “Tempest”, de 2012) su faceta compositora, la que principalmente le define, se toma unas vacaciones de sí mismo metiéndose en la piel de un crooner de casino, entretenedor de cruceros para mil millonarios, amenizador en infesto garito de jazz, justo lo que imaginábamos, en lo que se acabaría convirtiendo. Sin florituras en los arreglos, si exceptuamos el revuelo de los vientos hermoseando “Braggin‘”, “The best is yet to come” y “Day in, day out” (James Harper mediante), tejiendo el repertorio a base de un jazz – blues and roll arrabalero y de callejón, priman las portentosas composiciones, melodías de libro, letras canónicas donde las haya, que fluyen armoniosas para regocijo de la monotonía Dylan que en “Triplicate” no sólo campa a sus anchas, sino que además le da a todo esto el sentido.

Romántico al borde de la ironía, Dylan fagocita al Tin Pan Alley. Nada nuevo, pues este señor tiene la capacidad de fagocitar (con ironía) lo que le echen. Sin faltar el respeto al clasicismo, pero liberando de artificio al conjunto, sabe que cuanto más se lleve a su terreno un género, un estilo, más nos va a apetecer a nosotros redescubrirlo de nuevo en sus maullidos. No es una vuelta de tuerca, es la consecuente magia que imprime el único músico en activo capaz de intimidar a Sinatra sin necesidad de imitarlo.

No es un Dylan blando o un Dylan menor. Tampoco es un Dylan embrutecido. Es un Dylan ligero, sin el peso de los premios, pero con la carga emocional del diablo (“más sabe el diablo por Dylan que… bla, bla, bla, bla, bla…”). A flor de piel y la sombra de su mueca acechando, una sonrisa en la mirada, esfinge cantando canciones de amor. Conocedor del terreno que pisa para luego fertilizarlo, su propia figura, frágil como corresponde a lo eterno, se agiganta en las fotografías y relativiza la espesura del camino trillado, de la rendición incondicional, del aburrimiento del homenaje porque sí. Vamos que “Triplicate” no sonaría de fondo en el hilo musical de la consulta del dentista. O sí.

* Regular, * * No está mal, * * * Bueno, * * * * Buenísimo, * * * * * Discazo

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Esta entrada fue publicada en abril 10, 2017 por en DISCOS: La opinión de mycrosurcos y etiquetada con , , , , , , , , .
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