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MARK EITZEL “Hey Mr Ferryman”: Un momento… esto es un gran disco.

Mark-Eitzel

Calificación: * * * *

Sello: Decor Records

Año: 2017

Ese instante, justo después de que la primera canción sea lo suficientemente importante como para desear seguir avanzando por entre los temas (como por los capítulos de un libro), cuando te das cuenta (por el tono, por la atmósfera, por la música, por la voz) del calado de un álbum cuyo prodigio es sugerir al oyente que desde el esqueleto hasta llegar a la piel hay un proceso creativo impresionante (importante) que lo es todo, es el que te inmoviliza pero te pone alerta cuando escuchas algo por primera vez y piensas: Estoy delante de un gran disco. Sin necesidad de tener la información exacta del proceso de la aventura para conseguir el resultado, alguna huella queda impresa, la que termina por configurar la verdadera identidad de las canciones.

En un principio Mark Eitzel quiso que “Hey Mr Ferryman” sonara sin excesiva producción, que las canciones, ya de por sí sencillas, sonaran desnudas: una guitarra acústica y una voz. El Californiano, sin embargo, cambió de parecer cuando el músico británico Bernard Butler, que finalmente le produciría el disco, le fue proponiendo (tentando) vestir el repertorio con capas sutiles y efectivas. Como la voz, perezosa, la producción de Butler va levantando paredes por detrás que se alzan a la vera de la fuerza de las ideas.

Por taciturno y desencantado comparan a Eitzel con Leonard Cohen, aunque a nosotros a quién más nos recuerda (tanto en la voz como en el estilo de las composiciones) es a Paddy McAloon y a Lloyd Cole. Por lo general, Eitzel canta canciones tristes y melancólicas con una poderosa voz que hace de la sobriedad todo un alegato. Esa es su clase, ese su poderío.

Hey Mr Ferryman” arranca con “The last ten years” y ya no hay manera de volver hacia atrás o darle al stop: Viaje de redención y sinceridad en el filo de la botella. “An answer” no lo parece pero es una canción esperanzadora. Ah, y una maravilla. En “The Road” se hace patente, como en ninguna otra, el tono lánguido del muro (de sonido) Butler: esa voz de Eitzel que arrastra a la banda a su ritmo hasta la coda final donde la voz se ausenta para que la música construya edificios.

Hay algo mágico e inquietante en la balada “Nothing and everything” que antecede a la sensual caja de ritmos de “An angel ‘s wing brushed the penny slots“, una bossa fantasmagórica (¿y uno de los temas del año?). Igual hasta “La Llorona“, Eitzel y Butler trabajan desde la aridez, una vaguada entre dos universos anglosajones que ralentiza el relato (según como te pille esto es rozar con los dedos la grandeza o caer momentáneamente en el letargo), aunque sin discusión “Let me go” es de las de tocar con los dedos la GRANDEZA.

Y, a flor de piel, la síntesis del letargo: “Sleep from my eyes“, una canción de cuna para un amor imposible.

Paredes, capas, piel, belleza: canciones como edificios.

 

* Regular, * * No está mal, * * * Bueno, * * * * Buenísimo, * * * * * Discazo

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Esta entrada fue publicada en marzo 8, 2017 por en DISCOS: La opinión de mycrosurcos y etiquetada con , , , , , , .
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