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Concierto de Lloyd Cole: Gafas para el afinador.

Madrid, 28 de septiembre,

Las canciones de Lloyd Cole son perezosas y casi perfectas. Perezosas porque se despliegan muy  lentamente hasta que llegan a un punto en que resulta muy doloroso dejarlas escapar. Y casi perfectas porque duran lo que tienen que durar, suenan como uno espera que tienen que sonar. Anoche, además, se mostraron sencillas y eternas.

Vino Lloyd Cole en plan promocional, con motivo de la salida de una caja que reedita viejos éxitos publicados entre 1983 y 1996, a presentar una veintena de temas, casi todos de la etapa con The Commotions (hasta 1989), más algunos desperdigados de sus primeros img_20160928_213610álbumes en solitario. Esqueléticos, sin una banda con la que potenciar la elegancia pop de los originales, los temas lucieron urgentes y sonaron la mar de bien en formato acústico gracias a la exquisita forma de cantarlos que tiene Cole. Sin levantar la voz utilizando los alardes invisibles, el inglés fue pasando las páginas de su cancionero mientras sembraba de interrogantes las palabras al cantarlas. Parece que palpitara una duda y le temblara la voz. Todo forma parte de su encanto.

El concierto se dividió en dos partes. Una primera con Lloyd Cole solo en el escenario y una segunda (tras un parón de 20 minutos) en la que se hizo acompañar de su hijo William a la guitarra. Un hermoso arrope que suavizó la aspereza del formato aportando ciertos matices, cierta sutilidad. Tocó Cole siete canciones de su primer disco con The Commotions, “Rattlesnakes“, probablemente uno de los mejores álbumes de debut de la historia, dejando constancia de la, por aquel entonces, madurez inusitada de un compositor primerizo. Ironizó sobre los estragos del tiempo (después de usar gafas para poder ver el afinador de la guitarra, aunque para cantar se las quitara) y agradeció el esfuerzo a los futboleros (del Atleti) por estar allí en lugar de estar viendo el partido de Champions. Sin alardes ni presentación, en la primera parte del concierto, homenajeó a Prince con una versión de “Sometimes it snows in April“, llevándosela sin esfuerzo a su terreno. Y es que “Sometimes…” es una canción tan mágica que hasta debajo del agua sonaría divina. Dejando para el final dos bises, “Lost weekend” y “Forest fire“, una canción, esta última, que siempre que la escucho tengo la sensación de que va a explotar y va a desarrollar la demencia extrema del “Creep” de Radiohead. Precursor.

Dos horas de canciones mayúsculas que bien valen cualquier partido de Champions.

 

 

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Esta entrada fue publicada en septiembre 29, 2016 por en Los bises de mycrosurcos y etiquetada con , , , , , .
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