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Tributo a David Bowie: Mi vida con él.

Gracias por la compañía.

Mi primer encontronazo con David Bowie sucedió en 1987, casi seguro, cuando mi amigo Luis Flores y yo alquilamos The Outtakes of David Bowie's Iconic _Heroes_ Album Cover Shoot (28)la película “Dentro del laberinto” (“Labyrinth“) en VHS. Yo tenía casi 12 años, mi amigo Lucho incluso menos. La película estaba muy bien (y lo sigue estando), pero lo que más nos llamó la atención (si obviamos, por esta vez, el evidente magnetismo que despertó en nosotros Jennifer Connelli) fue ese malvado extravagante que cantaba unas canciones pegadizas y souleras, muy poco infantiles, un tal David Bowie del que habíamos oído decir que tenía un ojo de cada color. Era Jareth, el rey de los Goblins, un “malo” ambiguo que buscaba seducir a la bellísima Connelli con teatrales dramas líricos del tipo “As the world falls down“, en mitad de un baile de disfraces; o hacerla sufrir en vano entre juegos de espejos que no le llevaban a ninguna parte más que a perderla, como en “Within you“.

Permanecen nítidos los recuerdos, pero no puedo asegurar casi nada. Mezclo los compases lacónicos del “Loving theThe Outtakes of David Bowie's Iconic _Heroes_ Album Cover Shoot (27) Alien” (tal vez vi el vídeo de refilón unos años antes y me quedé enganchado en la parte que lleva en volandas al estribillo) con la emocionante, al menos para mí entonces (ahora), “Absolute begginers“, que escuché en la radio antes de ver la película. Joder, según escribo esto me doy cuenta que miento porque los primeros Bowie que escuché fueron, precisamente, gracias a la radio. Y es que mi madre nos envenenaba dulcemente la niñez a mi hermana y a mí con las interminables sesiones de clásicos de la programación de Radio 80 Serie Oro donde “Starman“, “Space Oddity“, tal vez “Life on Mars?“, y una canción que me descolocaba por lo extrañamente hermosa que sonaba y de la que, por otra parte, no estoy convencido de haberla escuchado en Radio 80, “This is not America“, se hacían un hueco en la memoria justo al lado de la recién estrenada nostalgia.

Tampoco sé exactamente cuándo vi en la televisión “el beso” de “Feliz Navidad Mr. Lawrence” (“Merry Christmas Mr. Lawrence“), pero, qué peliculón, por dios.

The Outtakes of David Bowie's Iconic _Heroes_ Album Cover Shoot (8)Toda esta confusión es capaz de cargarse la épica y lo que haga falta, lo sé, pero es fundamental para situar en el tiempo el momento exacto en el que me compré (licencia 1: me lo regaló mi madre, claro) el primer disco (licencia 2: en cinta de cassette) de David Bowie. Fue el “Never let me down” y no es baladí el cariño enorme que le tengo desde entonces a ese álbum a pesar de las unánimes malas críticas que recibió y, sobre todo, que ha recibido con el paso de los años. Es un álbum menor, de eso no hay duda, pero con él Bowie sólo pretendía volver a retomar el rock’n’roll ochentero que anticipó “Scary Monsters (and super creeps)” a principios de la década de una forma, eso sí, más acomodada (signo de los tiempos del rockero de mediana edad en los 80), después del bajón que supuso (por qué no decirlo) el indigno y alimenticio “Tonight“. Por ello, entre tanta referencia negativa (que Pedro Calvo le dio tres estrellas sobre cinco en Diario 16, eh), incluyendo las que se referían a la fallida peroThe Outtakes of David Bowie's Iconic _Heroes_ Album Cover Shoot (12) visionaria gira del “Never let me down” llamada “Glass Spider Tour” (que, por cierto, pasó por el Estadio Vicente Calderón de Madrid y por el Mini Estadio de Barcelona y que yo pude disfrutar gracias a la crónica del periódico), cobraba mayor sentido que la mirada ingenua, de este absoluto principiante que era yo, prevaleciera por encima de las opiniones de aquellos que, en el fondo, no hacían más que azuzarle al Duque para que fuera el de antaño. Como resultado, la cinta de cassette destrozada y gozar lo que no estaba escrito con el inicio, directo al estribillo, de “Day-in, Day-out” y con el pegadizo ritmo de “Time will crawl”. Si hasta el tema titular me hacía gracia. Fueron las primeras fases de un hechizo que se convertiría en obsesión, con fotos en carpeta, en los años de instituto.

Se abrieron entonces las puertas del paraíso cuando a los raritos de clase nos dio por escarbar en el repertorio del Bowie de los 70 y, como no eran tiempos de internet, nos tocó ahorrar para comprar y después intercambiar discos. Entre medias vino esa máquina de estaño que para el Camaleón fue una liberación, una válvula de escape. En 1989, ya en vinilo, “Tin Machine” (mi segundo Bowie en propiedad) sonaba a rebeldía peter pana, la de un viejo marciano madurito un poco harto ya de la década y de su(s) personaje(s). Una reinvención muy poco comercial pero coherente con el Fénix que Bowie llevaba dentro.

The Outtakes of David Bowie's Iconic _Heroes_ Album Cover Shoot (20)Su siguiente rebeldía (?) fue abandonar el sello EMI no sin antes lanzar un grandes éxitos, “Changesbowie“, que se convertiría en mi tercer Bowie y en el primer contacto de la aguja de mi tocadiscos con las preciosidades del tesoro de su tremendo cancionero. “Fame ’90” (todo un descubrimiento saber que John Lennon había compartido con Bowie los créditos de la canción, en realidad de los 70) era el single pretexto de ese álbum que se radiaba a todas horas para atrapar a los que, como yo, vivían sin saber bien quién era Ziggy Stardust. Hubo gira y pasó por Madrid, pero yo, entonces, antes que ir al Rockódromo de la Casa de Campo de Madrid, prefería las serenatas de besos en el banco de un parque.

Luego vinieron las horas extras. Horas extras de impartir clases de inglés y matemáticas. Horas extras de hojear revistas y fanzines. Horas extras de tertulias en torno a un tocadiscos o a un reproductor de compact discs, según avanzaba la nueva década. Horas extras en Madrid Rock o en Discoplay tomando decisiones: si el “Young Americans“, el “Heroes” o el “Aladdin Sane“. Horas extras,The Outtakes of David Bowie's Iconic _Heroes_ Album Cover Shoot (14) en definitiva, de grandes canciones que me hicieron una impagable compañía.

Volví a serle fiel a Tin Machine cuando sacaron su (casi invisible) segundo volumen y éste fue mi último vinilo Bowie ante el empuje del nuevo formato digital. Me vi por él y por David Lynch la película “Twin Peaks: Fire walk with me“, pero no hubo disco con material nuevo y en solitario hasta que se casó con Imán. “Black tie, white noise” salió en 1993 y, aunque dependía demasiado de la discoteca, era un álbum peleón (co-producido con Nile Rodgers), con algunos homenajes escondidos (a Jack Bruce, Scott Walker y Morrisey) entre la estridencia (el saxo chillón y enamorado de Bowie), donde la trompeta jazzística de Lester Bowie aportaba el reivindicable toque de distinción.

La reedición de los 90 de los álbumes clásicos de Bowie ocupaba cada vez más espacio en las estanterías de mi casa aunque el placer de descubrir “Hunky Dory” por primera vez no mermaba la capacidad de valorar con justicia, por ejemplo, la banda sonora de “The Buddha of Suburbia“. Fetiches y amor para toda la vida. Llegaron “Outside“, los créditos iniciales de “Carretera perdida” (“Lost Highway“) y, lo más memorable, la gira del electrónico y descarado “Earthling“, que el 15 de julio de 1997 trató de llenar la plaza de toros de Las Ventas de Madrid y fracasó en el intento. Mi hermana Elena y yo compramos las entradas y el mismo día del concierto nos The Outtakes of David Bowie's Iconic _Heroes_ Album Cover Shoot (25)enteramos por la radio que éste ya no se haría en Las Ventas (con un aforo de más de 15.000 personas) y que pasaba a celebrarse en la Sala Aqualung (para apenas 3.000). No éramos/había hipsters por aquel entonces en España. Fuera cual fuese el motivo del cambio, a mi hermana y a mí no nos salían las cuentas así que nos fuimos escopetados a la Aqualung por si acaso nos quedábamos sin poder entrar en la asfixiante sala. Y entramos, ya lo creo que entramos. Estaba guapo el tío. Con su pelo rubio perfectamente arreglado, un llamativo pendiente en la oreja y la guitarra acústica en ristre, tuvo la elegante idea de abrir el concierto con “Heroes“. El mejor regalo después de que hubiera rondado en el ambiente que el concierto se podía haber cancelado. Seguramente no fue el mejor concierto que Bowie podía haber dado, las condiciones tampoco le habían sido propicias, pero a nosotros nos pareció el escenario un pedestal donde habíamos visto al mejor artista del mundo.

Hours…” fue la antesala perezosa del cambio de siglo. Un descafeinado ejercicio de vuelta al pop/rock tras las audacias estéticas de los años anteriores. Mientras tanto el coleccionista que había/hay en mí no paraba. Después de haber completado el catálogo oficial hasta “Tonight“, buscaba saciarme ahora con las ediciones de los sencillos en cd de los últimos discos (“Hours…“, “Earthling” y “Outside“) o de los momentos más marcianos (como el villancico que hizo aThe Outtakes of David Bowie's Iconic _Heroes_ Album Cover Shoot (26) dúo con Bing Crosby y que me había dejado impresionado desde que lo vi en “Viaje con nosotros” de Gurruchaga)… gracias a que todavía las tiendas de discos no estaban de capa caída y a que la red amplificaba la venta por catálogo. Por otro lado, mantenía la esperanza, con mi hermana, de volver a ver en directo a David Bowie, pero cuando en 2004 suspendió su visita a España y, posteriormente, canceló lo que le faltaba de gira por problemas de salud, empezamos a querer recordar con más ganas aquel concierto de 1997, por si acaso, para que jamás se nos olvidara.

Y no ocurrió así, pero me hubiera gustado que en el videoclip de mi vida hubiera sonado “Modern love” justo en el momento en el que una chica y yo hubiéramos cortado. O “Wild is the wind” cuando se separaron mis padres. O “Sons of the silent age” cuando tuve el accidente en Oporto. O “Blue Jean” en una discoteca para bailar e intentar enamorar. Un momento, esto sí que ocurrió y seguirá ocurriendo.

Cuando abrimos mycrosurcos, en enero de 2012, David Bowie llevaba ya 9 años sin publicar material nuevo. Nada indicaba, no había señales, de que fuera a regresar. Un año después, el día de su cumpleaños, editó por sorpresa “The next day” y entonces todo cobró sentido. Simplemente por eso ya habría merecido la pena lanzar este blog. Han pasado dos años y Bowie en 2016, en tres días, ha sacado un disco nuevo y se ha muerto.

Y no ocurrió así, pero me hubiera gustado que en el videoclip de mi vida, la mañana del 11 de enero de 2016, no hubiera sonado “Blackstar” o empezara mi vida sin él.

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Todas las fotos son de Masayoshi Sukita, de la sesión de “Heroes

 

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