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Los 30 mycrosurcos de 2015: 2ª PARTE (Álbumes del 20 al 11).

20. BUDDY GUY “Born to play gitar”

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Buddy Guy, está claro, prende su guitarra y no hay dinamita que valga. Tiene en sus dedos la electricidad y en su voz el whisky, el vino y la cerveza. Es de esos que, sin aparente esfuerzo, desata un temporal y, por eso está en los altares, somete a su brillante dictado a cualquiera (?) que se roce con él: Billy Gibbons, Kim Wilson, Joss Stone o Van Morrison. Los superpoderes del hombre son las artimañas del guitarrista apasionado. Las debilidades del oyente la facilidad con la que éste construye un mundo idílico de sonidos. Es un disco producido (por Tom Hambridge) con la conciencia intranquila por sonar majestuoso y arrollador. Yeah!

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19. LIANNE LA HAVAS “Blood”

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Blood” es el segundo álbum de Lianne La Havas y “Unstoppable“, el primer sencillo, es una canción increíble para abrir un disco. Sin duda, una de las mejores canciones de este año. Apuesta fuerte Lianne y sienta sólidas bases para urdir un trabajo variado y comercial (la nómina de colaboradores es realmente atractiva: Jamie Lidell, Paul Epworth, Matt Hales, Stephen McGregor…) con el que conseguir repercusión, que se hable de ella, que no seamos pocos los que la conozcamos. “Blood” es un trabajo hecho con mimo que, en un mundo ideal, debería conseguir el maridaje perfecto entre el talento, la búsqueda y la consolidación.

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18. JULIA HOLTER “Have you in my wilderness”

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Resulta que en mycrosurcos, que le vamos a hacer, somos más de Julia Holter que de Joanna Newsom (y, en definitiva, de la raíz de las dos, una de nuestras marcianas favoritas, Kate Bush). Alguno se llevará las manos a la cabeza por la comparación, pero nosotros encontramos más que evidentes similitudes entre ambas vocalistas y compositoras. En resumen, simplificando, podríamos decir que Julia Holter, con respecto a Joanna Newsom, es más dulce, menos espesa, aunque ambas andan a la par en cuanto a barroquismo e intensidad. Tiene Holter esa capacidad (parece que innata) para sonar extraña y especial sin por ello dejar de ser (relativamente) accesible. En este sentido, “Sea calls me home” es un single ejemplar que cumple con las premisas Holter. Más hacia afuera de lo que nos tiene acostumbrados, la californiana se ha sacado de la chistera un ramillete de canciones vívidas que, cuando tienden a convencionales, se retuercen entre los pasajes sonoros para zafarse de la pátina que suele tener la música pop (“Everytime boots“).

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17. RAFAEL BERRIO “Paradoja”

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Qué gustazo da escuchar discos (sí, hechos en España) como este “Paradoja“. De una franqueza tan brutal que uno no da crédito (“Mis ayeres muertos” como emocionante paradigma), este cancionero impetuoso y animal juega todas sus bazas a la lírica que se esculpe en el mármol del rock’n’roll clásico, con sonidos tozudos y el enfado del descreído o del veterano. Rafael Berrio sabotea sus ayeres más alambicados (menos efectivos) y encuentra el tono, mancillando una reputación labrada a fuerza de malditismo. Que le den por culo al malditismo. Canciones y nada más. Berrio, con la ayuda de su bajista, Fernando Lutxo Neira, afila las uñas y lo mismo puntea al rock urbano de Nueva York, años 70, que desbarata la teoría de la envidia, esa que dice que en España nunca sabremos fabricar un rock hispano como hacen los músicos argentinos. El destino lo forja el temperamento.

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16. SUFJAN STEVENS “Carrie & Lowell”

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Sufjan Stevens se pone en plan Mark Oliver Everett (el líder de Eels) y, en lugar de escribir un libro de memorias redentoras (“Cosas que los nietos deberían saber“), escribe un disco con el que expiar, más que los pecados, el sentimiento de culpa y, de paso, recuperar algún tiempo perdido. Su madre, Carrie y la pareja de ésta, Lowell, son los protagonistas de este ajuste de cuentas entrañable y espectral. Porque Sufjan se empeña en sonar etéreo durante todo el álbum. Su voz reverbera como si nosotros estuviéramos dentro de su caja torácica y le escucháramos soñar mientras canta. Nada exuberante, “Carrie & Lowell“, es disfrutable desde el dolor y la empatía. Un agobiante, pero liberador, ejercicio de madurez en los límites del hipsterismo que se hace carne después de haber sido todo espíritu.

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15. NATALIE PRASS “Natalie Prass”

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Cocinado a fuego lento y posteriormente macerado en paciencia y rigor, el debut de Natalie Prass fue una de las gratas sorpresas de principios de año. Cantado con dulzura y sin levantar la voz, Natalie Prass asume que la exposición es arriesgada, pero que a la vez es la cura. Ayudan los arreglos de vientos y los de cuerdas (fantástico el trabajo de Matthew E. White y Trey Pollard) a que el corazón no sea un solitario, asumiendo que nunca podrá dejar de ser un cazador. Un disco descaradamente precioso que, sin querer, al quedar obsoleto el dolor del que habla, parece un disco más que de ruptura de recuperación. El disco bálsamo (ex aequo con “Hasta la raíz” de la otra Natalie, Natalia Lafourcade) de este año.

(leer la crítica completa de mycrosurcos)

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14. RHIANNON GIDDENS “Tomorrow is my turn”

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Tomorrow is my turn” salió a principios de año y lo cierto es que, a pesar de todos los discos que han salido después, ha aguantado estoicamente entre los mejores. Por el filtro se ha colado una pletórica voz y se han quedado los posos de una compañía indispensable. Porque el disco de Rhiannon siempre ha estado ahí. En los buenos y en los malos momentos. Cada vez que decaíamos ante lo poco inspirado que estuvo este año Neil Young o lamentábamos que a Prince le diera el ataque por recuperar el tiempo perdido (“Hit’n’run“). Ha estado cuando hacía frío y cuando hacía calor. Tanto en el blues como en la balada. A pesar de las campañas arrasadoras/abrasadoras y del EDM. Postulándose desde el principio como una revelación para el sordo, una alternativa ante el postureo de hermanos con barbas. Y si, para minusvalorarlo, alguien alega que vale, que es cierto que todo eso está muy bien, pero que no deja de ser un disco bonito pero de versiones, entonces es que no se ha dado cuenta del valor y la fuerza del leitmotiv que es “Angel city“.

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13. RICHARD THOMPSON “Still”

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El veterano guitarrista y compositor británico se apoya esta vez en la generosidad del líder de Wilco, Jeff Tweedy, para editar su nuevo disco. Con exultante modestia Thompson construye un cancionero modélico que trasciende la producción y se va consolidando poderosamente en los 50 minutos que dura el disco. Son canciones, se nos antoja, complejísimas de componer, dada la tremenda facilidad con la que se asumen y se disfrutan: “Where’s your heart“, “No peace no end” o “Dungeons for eyes” pudieron nacer hace mucho tiempo o haber sido el delirio de una improvisación, pues no suenan sino fluyen. Más que canciones, Señor Thompson, lo suyo parecen enredaderas.

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12. PABLO UND DESTRUKTION “Vigorexia emocional”

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Pablo Und Destruktion (Pablo G. Díaz) se adelanta a sí mismo, no por la izquierda, sino por el cielo. Este “Vigorexia emocional” es, a nuestro juicio, bastante mejor que el ya de por sí brillante, “Sangrín“, su álbum de 2014. Aunque ya no es tan impactante como al principio, cada vez suena más bonito el caos en medio del prado asturiano y cada vez es más emocionante que Pablo le chupe (toda) la sangre a Nick Cave para conseguir su propio sonido. En sus letras subyace el apocalipsis, en las músicas también. Porque incluso en la fiereza los gemidos están justificados, en la supuesta armonía de las cuerdas, la gaita o el piano cabe el rumor de una fábrica y el de su cadena de montaje. ¿Quién puede vivir solo y acorazado?

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11. TOBIAS JESSO JR. “Goon”

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De nuevo embelesados por el dulce aroma de las canciones bonitas, románticas, calentitas… Tobias Jesso Jr. tiene unas referencias deliciosas que se reflejan en su música. Está el pop de tiempos medios de la señora Laura Nyro y Carole King. Está el concepto de composición de un Randy Newman o un Harry Nilsson influenciado hasta las cejas por John Lennon (aunque “Can we still be friends“, “The wait” y “Bad words” suenan muy McCartney). Si quisiéramos, la lista sería interminable, pero, y por eso está entre nuestros discos favoritos del año, “Goon” tiene una personalidad propia que se sacude las influencias de manera sencilla, sin alardes, basculando entre los sutiles detalles que no despisten y el preciosismo del directo en un club pequeño. Casi perfecto, “Goon” se atreve a asaltar el Olimpo de los grandes compositores de la música popular y, de paso, viajar en el tiempo a los 70 demostrando que el cariño es el arma más poderosa contra las intimidaciones.

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