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Los 30 mycrosurcos de 2015: 1ª PARTE (Álbumes del 30 al 21).

30. KRONOS QUARTET Music of TERRY RILEY “Sunrise of the Planetary Dream Collector”

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Conmemorando el octogésimo aniversario de Terry Riley, el Kronos Quartet lanza una caja que reedita cuatro de los discos que sacaron con material del compositor americano más un disco nuevo, éste que nos ocupa, con las impresionantes “Sunrise of the planetary dream collector” y “One earth, one people, one love“, grabadas ex profeso para este álbum, aunque la que titula el disco ya había sido grabada anteriormente por el Kronos Quartet en 1985. Este collage de la música de Terry Riley se completa con un inédito, “Lacrymosa: Remembering Kevin“, de 2002, el resto ya formaban parte de “25 years: Retrospective” y “A thousand thoughts“. Espacial y hermoso, “Sunrise…” es una excusa perfecta para conocer o recaer en la obra de ese innovador de la Clásica (Riley) y de esos perfectos alienígenas ejecutantes de melodías (Kronos Quartet). Un vicio muy confesable.

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29. THE BIRD AND THE BEE “Recreational love”

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El placer de caer rendidos ante The Bird and The Bee (Inara George y Greg Kurstin) sólo es comparable a la ligera, pero fundamental, sensación de levantarte por la mañana y saber que has dormido bien, que has descansado. Intrascendentes dentro de la necesidad, sus canciones son como la brisa de verano, se manejan certeros dentro del swing moderno con toques sofisticados (la voz de Inara tiene el estilo para creer que aquí existe un cielo) y la electrónica que incita al baile. “Recreational love” tiene la virtud de una producción sutil que le hace sonar fuera de tiempo, aparte de ser una colección de canciones incontestables que no esconden la excusa de la búsqueda de la belleza: “Please take me home” y “We’re coming to you” exponiéndose al juicio de la sensibilidad.

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28. COURTNEY BARNETT “Sometimes I sit and I think, and sometimes I just sit”

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Sin hacer un álbum demasiado original, paseándose sin rubor por la frontera del descaro y de ahí a la canalla (vía Lou Reed) y viceversa, “Sometimes I sit and think, and sometimes I just sit” tiene una energía rockera muy apetecible. Cantautora indie sin pose, más irónica que cabreada, Courtney Barnett va de genuina moderna ablueseando los temas para no ocultar el ardor de su guitarra (“Small poppies“). Estira las frases como si rapeara y se apunta el tanto con “Kim’s caravan“, un deprimente tema de derrota que no escatima en la progresión y el éxtasis, con un acertado final apocalíptico de puntos suspensivos.

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27. RICHARD HAWLEY “Hollow meadows”

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Uno no puede (ni debe) ignorar o escuchar de pasada un disco de Richard Hawley porque el tío tiene la llave de las canciones bonitas y, de vez en cuando, de las desbocadas. En “Hollow MeadowsRichard Hawley vuelve a ser el de “Coles Corner” 0 “Lady’s Bridge” y deja en un segundo plano, de alguna manera, su faceta lisérgica y garajera del anterior “Standing at the sky’s edge“. Se cobra Hawley así la deuda con la luna y, de paso, nos paga con la banda sonora para una cena en plan velas. Reivindica el hogar (siempre presente en su obra), la amistad (“Nothing like a friend“, con Jarvis Cocker) y el amor (“I still want you“). Pero, sobre todo, reivindica, la figura del cantante distante, seductor y elegante. Porque, hasta para cantar una canción triste, hay que tener mucha clase y mucha mala leche.

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26. PATTY GRIFFIN “Servant of love”

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No se puede empezar mejor un álbum. “Servant of love“, la canción, es perfecta: sensual, quebradiza, minimalista, pero majestuosa, una chocante pieza de cinco minutos que vuela libre cuando la trompeta de Ephraim Owens despliega fugazmente sus alas. “Servant of love“, el disco, es intenso y monolítico. Tiene el tono grave, que sólo Griffin sabe imprimir a las canciones y la densidad de las obras, en apariencia, inaccesibles. Para conseguir la atmósfera Griffin y Craig Ross (el productor) sacrifican abrir las ventanas: “250,000 miles” con la fantasmal voz de Shawn Colvin de fondo, es un oscurísimo ejemplo. Por un lado el folk y por otro el blues tampoco lo ponen muy fácil, aunque “Noble ground” y “Snake charmer” le dan el toque dulzón al veneno de la austeridad de las canciones que hace esta increíble mujer.

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25. GALACTIC “Into the deep”

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Festividad y ardor funk. Nueva Orleans en las venas, pero no solo, mientras la piel se hace jirones. “Into the deep” no es un disco que se quede congelado en la tradición. Serpentean los estilos en la profundidad de la batidora sónica de Galactic, más allá de los instrumentales y el Mardi Gras (para rebatir este argumento la apertura clásica de “Sugar Doosie” y la majestuosa  “Today’s Blues“). Con todos los respetos, Galactic se sirve de la blasfemia acudiendo a las recetas ancestrales, las que no están escritas en los libros, para ahondar en la pasión sofisticada, cocinando un sonido (relativamente) moderno para un mundo que demanda una variedad exhaustiva.

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24. TOM JONES “Long lost suitcase”

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Tom Jones sabe lo que canta. No es que nos lo haya contado él personalmente pero, por lo bien que le ha quedado “Long lost suitcase” nos da la impresión que el tío se ha tomado muy en serio el repertorio, la producción (a cargo de Ethan Johns) y las tradiciones. Porque “Long lost suitcase” (el último de esta trilogía de la resurrección iniciada en 2010 con “Praise & blame“) es la mejor forma de reivindicar tus raíces haciendo añicos tu pasado reciente, fulminando, con mucha clase la Bomba Sexual. Con el corazón latiendo por Johnny Cash y la cabeza puesta en Van Morrison, Tom Jones es más Tom Jones que nunca y, así, más sexy todavía.

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23. THE AMAZING “Picture you”

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Picture you“, de los suecos The Amazing, es un disco estacional. Digamos que es más de otoño que de primavera y más de invierno que de verano pero es, en cualquiera de los casos, un disco alucinante para escucharlo y dejarte llevar a la estación que quieras. The Amazing suenan tristes y se meten en berenjenales pop/folk/progresivos de los que (casi) siempre salen bien parados. No escatiman en piruetas guitarreras y codas instrumentales; son modernos con un punto setentero muy acusado y emborronan las letras con la bruma que deja la distorsión de sus guitarras o el relente atmosférico de la lejana y paciente voz de Christoffer Gunrup.

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22. VAN HUNT “The fun rises, the fun sets”

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Van Hunt debe ser un tipo especial. Un solitario. Un independiente de “esos” que tanto nos gustan y, seguramente, un poco perro verde. Niño prodigio de la música negra, que alcanza con su disco de debut un razonable éxito, no cumple expectativas con el segundo y decide pasarse, para el tercero, al elitista sello Blue Note (que, una vez se ha terminado el álbum, decide archivarlo y no ponerlo a la venta), Van Hunt hace una música dispersa, al estilo, por ejemplo, de D’Angelo, donde la suma de las influencias genera un caos razonable y coherente para darle criterio y originalidad al formato de larga duración. El tipo apenas recibe reseñas, por lo menos en España; no parece que tenga cualidades (comerciales) para cumplir con los parámetros que dicta el sistema; y, una vez devorado “The fun rises, the fun sets“, tiene pinta de que, como buena mosca cojonera, pasa de componer una canción facilona para sonar a todas horas y en todas las plataformas. Pues eso, que nos encanta.

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21. CHRISTIAN SCOTT “Strech music”

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En 2012, Christian Scott sacó un álbum doble tremendo y ambicioso, “Christian aTunde Adjuah“. Se proponía Scott con ese álbum escarbar en los (sus) referentes desligando a Nueva Orleans de la evidencia, dotando a África de la música moderna. Este año, buscando el apoyo de una banda poderosa y compacta con la que ahondar en esas referencias, ha lanzado “Strech music“, un curioso viaje a los mundos de Scott, con pasajes sonoros intensos pero sucintos, como si en la inmediatez de la sucesión fuera implícito el estiramiento. Por lo general Scott suele ser generoso en los solos (todos tienen su momento de gloria con Scott) y en “Strech music” no lo es menos. La banda, agradecida por ello, cobija a las melodías bajo un manto inspirado y sensual, guiando al inescrutable hip-hop hacia la orilla, siguiendo los parámetros decisivos del jazz, justo donde éstos son cada vez más ondulantes, cada vez más espumosos.

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