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Paul Weller: El dandi de los mods recibió lo que dio.

Madrid, 1 de julio,

Durante más de media hora, os lo prometo, estuve pensando que el de la noche del miércoles en La Riviera estaba siendo uno de los mejores conciertos de mi vida.

Paul Weller salió con fuerza, hecho un figurín, con media sonrisa (que se hizo sonrisa entera en algunos 20150701_220725 (1)momentos) y una cajetilla de cigarrillos, con la clarísima intención de fumar, por supuesto, y ya de paso echarnos el humo del ritmo en la cara. Poco antes de las 10 de la noche el patriarca mod arrancó el concierto y casi sin pausas atacó un repertorio que, aunque parecía centrado en el material del último álbum, “Saturns pattern“, no dio la espalda a álbumes como “Heavy Soul“, “Paul Weller” o, especialmente, “Stanley Road“, disco imprescindible, fundamental con el paso de los años. Simpático y agradecido, Weller fue la locomotora de una banda impecable que seguía la estela  que iba dejando el humo de su cigarrillo, desde la batería hasta el piano. Fue, sentado por primera vez frente a las teclas, cuando Paul Weller pareció darse un respiro, aunque temas como “Going my way” sean engañosos en cuanto a eso de darse un respiro.

Anacrónicas y decisivas fueron “Start!” y el colofón del concierto, “Town called malice” (qué subidón!), dentro del20150701_215943 mundo de las concesiones a un pasado tan magnífico como el que tuvo Paul Weller al frente de esa apisonadora llamada The Jam. Agradecimos los gestos increpando al personal y la entrega del baterista Steve Pilgrim. Reconocimos, en la complicidad con el guitarrista Steve Cradock, lo fundamental que resulta una buena mano derecha para un líder. Perdimos la batalla en dudar de las canciones  nuevas (“Saturns pattern” es un gran tema). Caímos, pues somos facilones si el tío que está ahí enfrente se está dejando la piel, en el tarareo a voz en cuello de un estribillo universal (“La la la la sha la la la la…“) vía “Whirlpools’ End“. Y gozamos con la facilidad que tiene el británico de componer intrépidos y concisos himnos canallas (“From the floorboards up“).

No dudó Weller en disculparse por la gran cantidad de años que hacía que no venía a Madrid, cosa que el respetable vitoreó enardecido (que no pasen otros siete años), devolviéndonos entonces Weller la energía que le habíamos dado en forma de temazos: “The Changingman“, “Peacock suit“, “You do something to me” o “Broken stones” se escaparon del recinto para seguir presentes en nuestro camino a casa, después del concierto:

Sudaba hasta la luna en Madrid. Las paradas técnicas y sus viandas, vasos llenos de cerveza y buenas tapas de embutido, alargaron la noche (fueron nuestros bises). El dulce sabor de haber visto a un ídolo en plena forma nos reafirmaba en la teoría de no dejar de apostar por los buenos, aunque ya no sean los de antes (nosotros tampoco ya lo somos). Y, francamente, el conjunto hizo más llevadero el rigor que impone tener que pasar los primeros días del verano en la capital.

Yeah!!

 

Un comentario el “Paul Weller: El dandi de los mods recibió lo que dio.

  1. Juan Aguirre
    julio 6, 2015

    Maldita sea! No me enteré de que venía a Madrid! Espero no tener que esperar otros siete años😦

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Esta entrada fue publicada en julio 3, 2015 por en Los bises de mycrosurcos y etiquetada con , , , , , , .
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