mycrosurcos

Hay ciudades.

Hay ciudades que no tienen ritmo y otras que tienen demasiado.

Hay ciudades que se plantean leyes para restringir la música callejera y otras en las que la única música que se oye en las calles es la de las campanas de las iglesias.

Hay ciudades, con todo, que arman escenarios para las orquestas en tiempos de feria, y otras que contratan a Kiko Rivera.

Albert Sanz, Javier Colina y Perico Sambeat en el Café Central de Madrid.

Albert Sanz, Javier Colina y Perico Sambeat en el Café Central de Madrid.

Hay ciudades tan aburridas que no suenan a nada. Otras que suenan a radial, atascos y sirenas. Menos mal que por algunas de ellas cruza un río cuya corriente parece que transporta melodías.

Hay ciudades con garitos de jazz que siempre están a punto de desaparecer y otras que nunca tuvieron uno.

Hay ciudades que sólo escuchan himnos nacionales y otras que ni escuchan, siquiera, a sus ciudadanos.

Hay ciudades que sobrevaloran los peajes, la ansiedad y la vigilancia y otras que pagan nada por un solo de guitarra.

Hay ciudades que te tapan la boca y otras que se tapan los oídos. Y al final uno no sabe si es peor que no te dejen tocar o no poder ser escuchado.

Parece claro que hay una epidemia que se extiende por las calles: la epidemia se llama ciudad.

Corre también el rumor sobre una posible cura: la cura se llama música.

Y si esa música es en directo y la tratamos con mimo, mucho mejor.

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