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Dos canciones para establecer una teoría sobre los orígenes de la música disco.

No sabéis hasta qué punto me engancha la pomposidad de ciertas canciones de amor (o no) de los setenta, justo cuando el hedonismo disco comenzaba a propagarse como una pandemia en la música popular y, sin ninguna vergüenza, los autores, los productores y los sellos discográficos se empeñaban en hacer bailable hasta el horóscopo de la semana. Alejados de la cautela, los mandamases de la industria americana del disco entendieron que el hueco, el vacío si se prefiere, que quedaba entre la resaca del verano del amor y el malestar ante el fracaso de la Guerra del Vietnam, se llenaba con bolas de espejos y contenedores de champán. La música negra, proveedora en este caso de las voces y el ritmo, abasteció entonces las pistas de baile nutriendo al mercado de nuevos artistas (variopinta fiesta de disfraces) y de ciertos vocalistas, antaño estrellas juveniles, que sucumbieron ante la nueva moda, seguramente para no abandonar del todo la popularidad y las listas de éxitos.

En ese intento por conciliar el buen gusto con la incipiente horterada se mueve la impecable destreza de muchos de1973-touch-me-in-the-morning-diana-ross-single-tamla-motown-germany-c-006-94-508-emi-electrola-c-006-94-508 los singles, tanteos hacia la música disco, de los primeros años setenta. “Touch me in the morning” de Diana Ross, por ejemplo, es un single inclasificable, porque ni es balada, ni es sonido Filadelfia, ni es (del todo) Motown, ni es disco, ni es smooth soul, ni es Burt Bacharach… pero es todo eso a la vez. Era un poco pronto todavía, 1973, en este caso, para fijar algún adjetivo, pero la diva prendía la llama de lo que posteriormente, sólo dos años después, seguiría una lógica evolución creativa, cayendo de pleno en brazos de la música disco con la sexy “Love hangover“.

Basándonos, por otro lado, en una conexión neuronal imposible o en una intuición malcriada, antes de “Touch me in the morning“, Ya existía “Les fleurs” de Minnie Riperton, que se había anticipado con pasmosa eficacia, a finales del año 1970, a la explosión de color y modernidad que llegaría con ímpetu hasta la pista de baile. La teatralidad de “Les fleurs” y su montaña rusa melódica acertaron a dar con un tono avasallador en el estribillo como un alegato a favor b04e225b9da0ac7544277110.Lde la esperanza y del deseo de sentir. A su manera “Les fleur” reinventa el discurso del flower power, cuando el discurso ya estaba agonizando. Como un gospel alucinado, la canción de Minnie Riperton (que abre “Come to my garden“, el álbum de debut de la estupenda cantante de Chicago) profetiza la sensualidad de una época de destape, con un coro de diosas hasta arriba de purpurina desmelenándose en el estribillo y, de paso, banaliza la fuerza de las palabras al dejarlas de lado en el tramo final, justo cuando el coro de diosas se desvanece tarareando: “na, na, na, na, na, na, na, na, na, na…” Un sermón de tres minutos, con suntuosos arreglos orquestados por Charles Stepney, es más que suficiente para pasar a la acción y predicar con el ejemplo. Un nuevo tiempo había llegado.

 

Les Fleurs

(Richard Rudolph/Charles Stepney)

Will somebody wear me to the fair?
Will a lady pin me in her hair?
Will a child find me by a stream?
Kiss my petals and weave me through a dream.

For all of these simple things and much more a flower was born
It blooms to spread love and joy faith and hope to people forlorn. 

Inside every man lives the seed of a flower
If he looks within he finds beauty and power. 

Ring all the bells sing and tell the people that be everywhere that the flower has come
Light up the sky with your prayers of gladness and rejoice for the darkness is gone
Throw off your fears let your heart beat freely at the sign that a new time is born.

Desde el púlpito naive de la Riperton el mundo parecía un jardín botánico. Tenía sentido, por tanto que desde la agotadora exigencia de interpretar al mito de Billie Holiday en la película Lady sings the blues y, a pesar del

lady-sings-the-blues exitazo, Diana Ross pretendiera volver a su confortable cúspide musical. Al principio suplicante, después sugerente, siempre confesional, la Ross sintetiza con muchísima clase las consecuencias del vaivén emocional que supone el desgaste en una relación, situándose en el momento concreto de la despedida. “Touch me in the morning“, producida y compuesta (junto al letrista Ron Miller) por un ex-broker de la bolsa, Michael Masser, está fragmentada en cuatro partes (un torbellino de subidas y bajadas), más un fraseo (susurro o recitado, como prefiráis), justo antes de reincidir en la primera frase, la que le da el título. La canción, que alcanzó en agosto de 1973 el nº 1 (permaneciendo en las listas 21 semanas), es, con toda su tristeza y su necesidad, una experiencia desbordante de vitalidad y deseo.

Porque es muy difícil para el oyente recuperarse de la intensidad de cada parte para poder asumir la potencia de la siguiente. Porque, si te dejas llevar, la canción es una ola y lo mismo estás en su cresta que te revuelcas en su interior. Porque los espectaculares arreglos orquestales (de Tom Baird y Gene Page) son el contrafuerte que consuela el reconocimiento del fracaso y 1973-touch-me-in-the-morning-diana-ross-single-tamla-motown-netherland-5c-006-94-508justifica la posterior huida hacia adelante de la protagonista. Testigo del derrumbe, su sensatez no puede evitar querer bailar el último tango. Porque, en el calor de la noche, tal y como lo canta Diana, las sábanas, si duermes solo/a, cortan como una navaja. Porque las razones esgrimidas en la letra, alguna vez, también han sido las nuestras. Y porque, sencillamente, es una canción magnífica y excitante que te retuerce los sentidos. Una canción que por muchas veces que la escuches siempre parece que termina demasiado pronto.

 

Touch me in the morning

(Michael Masser/Ron Miller)

Touch me in the morning
Then just walk away
We don’t have tomorrow
But we had yesterday.

(Hey!)
Wasn’t it me who said that
Nothing good’s gonna last forever?
And wasn’t it me who said
Let’s just be glad for the time together?
It must’ve been hard to tell me
That you’ve given all you had to give
I can understand you’re feeling that way
Everybody’s got their life to live.

Well, I can say goodbye in the cold morning light
But I can’t watch love die in the warmth of the night
If I’ve got to be strong
Don’t you know I need to have tonight when you’re gone?
‘Till you go I need to lie here and think about
The last time that you’ll touch me in the morning
Then just close the door
Leave me as you found me, empty like before.

(Hey!)
Wasn’t it yesterday
We used to laugh at the wind behind us?
Didn’t we run away and hope
That time wouldn’t try to find us (Didn’t we run)
Didn’t we take each other
To a place where no one’s ever been?
Yeah, I really need you near me tonight
‘Cause you’ll never take me there again
Let me watch you go
With the sun in my eyes
We’ve seen how love can grow
Now we’ll see how it dies.

If I’ve got to be strong
Don’t you know I need to have tonight when you’re gone?
‘Till you go I need to hold you until the time
Your hands reach out and touch me in the morning
(Mornings where blue and gold and we could feel one another living)
Then just walk away
(We walked with a dream to hold and we could take what the world was giving)
We don’t have tomorrow,
(There’s no tomorrow here, there’s only love and the time to chase it)
But we had yesterday
(But yesterday’s gone my love, there’s only now and it’s time to face it)
Touch me in the morning…

 

Con esta coartada, fútil intento de establecer una teoría, rendimos tributo a Minnie RipertonDiana Ross, a la prodigiosa épica de “Les fleurs” y a la carnal plegaria de “Touch me in the morning“: dos Damas estratosféricas, eternas, alucinantes; dos Canciones que están más allá de etiquetas, géneros y pistas de baile.

Extra:

Aquí os dejamos esta versión súper acelerada del “Touch me in the morning” en directo. Qué pasada!!!

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