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BOB DYLAN “Shadows in the night”: Evocadora esta magia.

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Calificación: * * * * 

Sello: Columbia Records

Año: 2015

 

La crisis es más devastadora por cortar las alas de la imaginación que por situarnos delante del precipicio. Sus consecuencias afectan tanto al delirio de los soñadores como al anhelo de los cuerdos. Con todo, la mayor catástrofe no consiste en morir de pobreza sino en vivir sin la fantasía. Y, definitivamente, la belleza es menos belleza si sus paladines sólo se dedican a preservar el concepto obviando que hasta la magia se ensaya para que ésta sea imprevisible.

Llevo unas semanas en las que, sometido a la disciplina del redil, no sé cómo desembarazarme de un ligero resentimiento y de una empalagosa decepción. El pasado reciente (sombras en la oscuridad) abochorna este corazón malherido que, sin remedio, se dejó llevar en otro tiempo por un romanticismo equivocado.

Fuera del tiempo, mi cuerpo envejece mejor que mis cicatrices, aunque asusta que los recuerdos se apoderen del presente con el descaro de los vencidos. Cuando pienso en la leyenda me quedo con la parte infantil del idolatrado (una vez más recurro a mi supuesto ingenio: más sabe el diablo por Dylan que por diablo). El sensato no es capaz de hacer arte o cuesta el Mar Negro abandonar el desánimo de la incomunicación. Además, las estatuas no hacen discos, aunque para llegar a ser estatua algo tienes que haber hecho.

Las sorpresas se manifiestan en contadas ocasiones. Ya no quedan parajes que no estén fotografiados. El criterio del hombre moderno y propagandista profana la belleza con tal de conseguir todas las marcas y conservar su estatus de clase media, si bien, por mucho que insistamos, la tecnología agiliza el proceso pero no es la solución para terminar de una vez con los mapas del tesoro. El aburrimiento, por otro lado, no deja escapar un suspiro de satisfacción cuando descubre cómo se han expandido sus enseñanzas, especialmente, en las ciudades. Bob Dylan sabe todo esto. Sabe, incluso, que Elvis está vivo. Pero Bob es muy discreto y no dice nada, prefiere seguir a lo suyo, despistando al personal con buenísimos nuevos discos inesperados (“Tempest“), estrategias de mercado basadas en lanzamientos apabullantes de material de archivo (“The Basement Tapes Complete“) o pequeños guiños, pequeños álbumes, con los que rebajar el aura reverencial de todos y cada uno de sus movimientos. Al fin y al cabo, lleva toda una vida haciendo canciones para molestar a la rutina, ensuciar titulares y flirtear con los admiradores, los detractores y la ralea desubicada.

Frank Sinatra cantó las diez piezas que componen este “Shadows in the night” y ese es el reclamo, la justificación de Dylan, para tirar de semejante repertorio del cancionero clásico americano. Por supuesto, la construcción milimétrica de las diez canciones de “Shadows in the night” son el oculto homenaje de Dylan a una manera muy industrial de entender el oficio del compositor que él ha elevado, durante décadas, hasta alcanzar los límites de la absoluta perfección. Con su anti-Voz, además, Dylan se convierte en el reverso taciturno del romanticismo de algodón de las originales en la Voz de Sinatra. Canciones melancólicas de sofá y chimenea que adquieren un tono conformista y tristón, espiritual y ondulante, con la perspectiva dylaniana impregnando de arrabal la pedal steel guitar de Donnie Herron y el bajo de Tony Garnier tocando en directo en los Capitol Studios.

Como ensimismado de belleza, Bob Dylan devora las versiones originales y se despoja de clichés sin perder de vista el buen gusto, dejando en evidencia que la personalidad se tiene o ni te molestes en buscarla. Son los recursos del hombre que ha hecho tatuajes con sus cicatrices. El hombre que ya no toca, juega. El hombre que, siendo el mejor compositor de canciones folk/rock del mundo, consigue en 2015 ser número 1 en Reino Unido con un disco de versiones de temas de finales de los 50, principios de los 60. El hombre que se ríe hasta de sus rizos y que va y hace un vídeo delirante en clave noir para promocionar su último LP. El mismo hombre que sería capaz de fabricar un himno con la factura de la electricidad. El insensato, el bardo, el provocador que justifica con su leyenda la hermosa estatua de nuestra motivación.

Es la hora del tocadiscos. La aguja surca “Shadows in the night“. El roce amplificado nos augura que los próximos 35 minutos un batallón de delicias va a arrasar nuestra habitación. ¿Quién dijo resentimiento? ¿Quién dijo decepción?

 

* Regular, * * No está mal, * * * Bueno, * * * * Buenísimo, * * * * * Discazo

 

 

 

 

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