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Tweedy: “Fun and depressed”.

Madrid, 3 de febrero,

La fuerza de la lluvia nos dio la bienvenida a la entrada de la perezosa Riviera de Madrid. En esa misma entrada, las insensatas leyes de la noche (de la capital) no dieron la bienvenida, precisamente, a una adolescente (de 17 años, poco menos de los que tiene el baterista de la banda, Spencer, hijo de Jeff) que estaba justo delante de nosotros. Los seguratas sobreactuaron un poco más de lo habitual y con su mejor cara rancia, imaginamos que frustraron lo que pudo haber sido una deliciosa velada musical para la joven. Sostenemos que, ante semejante escena, deberían cambiar las leyes de una vez para que haya menos impedimentos y así la juventud disfrute de la música en vivo; más contención interpretativa y alguna sonrisa, aunque sea de vez en cuando, por parte de los seguratas; y ya, de paso, más sensibilidad a la hora de elegir las salas para programar según qué conciertos en la capital.

Al tajo.

Todavía chocante a estas alturas. Lo que llama poderosamente la atención del directo de Tweedy es el alucinante despliegue de canciones. Un repertorio generoso al que le sienta de fábula el formato sentido-desnudo-arrebatado que se va desplegando 001durante las dos horas del espectáculo. Como para no incidir una y otra vez en lo memorable que resultan muchísimas de las composiciones de Jeff Tweedy. Las que ha hecho a lo largo de toda su carrera, en sus diferentes formaciones: con Uncle Tupelo, con Wilco; con Billy Bragg musicando letras de Woody Guthrie; para otros artistas, como Mavis Staples; o, recientemente, para su proyecto más entrañable y familiar, Tweedy, cuyo material, preciso y precioso, se materializó el año pasado en el doble, “Sukierae“.

Sentido-desnudo-arrebatado:

Una primera hora en la que la banda, en formación de quinteto (amigos, casi hermanos, familia), repasó sin parones, sin florituras, el último álbum. Piezas ensimismadas en la soledad y la belleza. A veces, canciones falsamente somnolientas, refugio del compositor en el exilio (interior), que dejan una estela romántica y artesanal. Defendieron con gallardía en esta primera parte: el vals de celofán de”Wait for love“, la extraña sensibilidad y el mantra de “Slow love“, la pereza estival de “Summer noon” (“Esta sale en Boyhood“, le dije emocionado a mi acompañante), la curativa sencillez de “Nobody dies anymore“, el brillantísimo estribillo de “Low key“, la concisión esquiva de “World away“, el desquicie moruno de “Diamond light Pt. 1“, la pegada desnuda y melódica de “Fake fur coat“, la elegante destreza country de “Flowering“, la adictiva atmósfera de “High as hello” y el cuento esbozado de “Hazel

Jeff empezó desde la concisión y la distancia para ir, poco a poco, dejándose llevar por la locuacidad y la cercanía. El sonido, como ya es un clásico en La Riviera, se fue haciendo cada vez menos hostil, y, a pesar de fastidiar la magia de “Slow love“, los sufridores conseguimos, gracias a la perseverancia de los músicos, olvidarnos del lugar en el que estábamos.

En la segunda parte, de unos 40 minutos, Jeff decidió atacar solo, con su(s) guitarra(s) y, en ocasiones, con la armónica, un buen montón de canciones de Wilco que sonaron esplendorosas sin aditivos. De nuevo el caudal y el002 tesoro. Una batería de temazos escandalosa que consiguió caldear el ambiente: “I am trying to break your heart” se encargó de abrir la ventana para las ensoñaciones y los suspiros. Cayeron como las frutas de un árbol y no quisimos dejar de estar emocionados: “Jesus, etc.“, “You and I” (esta canción ya es un Clásico), “Via Chicago“, “I’m the man who loves you“, “New Madrid“, “Passenger side“, “Hummingbird” (esta última reivindicándose como una de las canciones más hermosas jamás escritas)…

Se marchó Jeff a la carrera y reapareció de nuevo con la banda. “Please don’t let me be so undestood“, que también abre “Sukierae“, se encargó de despojar  por una vez de la guitarra al geniecillo de Belleville y retomar la caña. Fue un tramo final con un decidido tono rock-blues-festivo en el que la banda no dudó en reinterpretar “Only the Lord knows” y “You’re not alone“, dos temas escritos para el álbum de 2010 de Mavis Staples, titulado también “You are not alone“. Hubo tiempo para el afectuoso homenaje a la desconocida cantante de Chicago, Diane Izzo, con una versión de su “Love like a wire” y para rozar el cielo con una versión del “The Losing end (When you’re on)” de Neil Young. Atacaron entonces el “California stars“, del “Mermaid Avenue“, con toda la energía que el tema se merece, y empezamos a temernos que la divina experiencia de ver a esos cinco tipos tan talentosos y entregados sobre el escenario iba tocando a su fin.

¡Qué manera de terminar un martes!

No sabemos si la chica que iba delante de nosotros pudo pasar finalmente o no, pero en el supuesto de que los cancerberos no la hubieran dejado, esperamos volvérnosla a encontrar en la próxima visita de Jeff, con Tweedy o con Wilco, pero ya dentro de la sala. Cualquier sala.

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