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D’ANGELO AND THE VANGUARD “Black Messiah”: El rey desnudo.

MI0003820066

Calificación: * * * * 1/2

Sello: RCA/Sony

Año: 2014

D’Angelo, leal al malditismo de las súper estrellas, puso en peligro durante todos estos años su alucinante proyección, especialmente después del reverenciado “Voodoo” de 2000, hasta la salida de este nuevo álbum (el tercero y muy esperado), “Black Messiah“. El lastre, entre otros muchos, de una imagen híper sexual que, en cierta medida, eclipsaba su música, le sirvió como coartada perfecta para el trauma y el bloqueo. Además de accidentes y adicciones, el nominado niño prodigio de la música negra, en cierta manera y sin llegar a ser destronado, se quedó desnudo, vestido sólo con la corona mientras el neo soul, o como se llame, se expandía erráticamente y sus sucesores (feligreses) hablaban del presunto rey en pasado. El caos y la rehabilitación han sido los principales ingredientes para que de ese retiro (voluntario o no) surgiera “Black Messiah“, un álbum musculoso, enorme, casi podríamos decir que al margen de su tiempo (de cualquier tiempo), tan elaborado y concienzudo como cercano y pegado a la realidad. Es “What’s going on” y “Sign ‘O’ the times“, pero no es la segunda parte de “Voodoo“, y esa es la mayor de sus virtudes. Los ángeles custodios del ya cuarentón adonis hicieron piña: Questlove (baterista y productor), Pino Palladino (bajista), Roy Hargrove (trompetista) y Kendra Foster (vocalista y coautora de varias letras) se conjuraron bajo el nombre de The Vanguard para facturar una vuelta acorde con las expectativas, elevando el nivel de unas canciones magistrales, que estallan en infinitas escuchas, matizadas por una producción perfeccionista (Questlove es un purista de los que ya no quedan) evitando, según se ha revelado en las notas de prensa, los trucos digitales. La ambigua sensación de que la rebeldía combativa puede convivir perfectamente con el hedonismo trasnochado flota desde la primera canción, “Ain’t that easy“, en la que, además, el verdadero Rey de todo esto, Prince, en los últimos tiempos también desnudo y ocasionalmente desterrado, hace notar su presencia en las inflexiones burlonas e imponentes del de Richmond. Infecciosa, agresiva, distorsionada, “1.000 deaths” muestra la cara más social del álbum con una percusión imponente, enfatizada por un bajo de granito y una guitarra escandalosa, a la par con la chillona voz del último tramo. La sorpresa redentora llega con el primer sencillo del álbum, “Really love“, una balada sin estribillo (para qué si la melodía es perfecta), con una romántica introducción en español, en la que se repiten cíclicamente las estrofas, con la breve incursión de dos puentes que llegan hasta el final repetido con el título de la canción: “Doo doo wah, I’m in really love with you…“. Una canción seductora, bella y sencilla. “Sugah daddy” es muy pizpireta y funky. “Till it’s done (Tutu)” es un brumoso alegato ecológico donde el extraño falsete de D’Angelo reivindica la conciencia. Y si Prince introdujo el jazzy acelerado en su álbum “Diamonds & Pearls” con el tema “Willing and able” , “Betray my heart” supone en “Black Messiah” su reverso más lujoso. Vaya acierto el astuto y ligero silbido de “The door” para disimular el reproche del pasotismo o del que deja pasar una oportunidad. Un medio tiempo realmente hermoso. “Back to the future (Part I)” arranca monótona y achacosa, parece que no avanzara, pero a los dos minutos y medio hay un espeluznante giro con arreglo de cuerdas que lleva la canción hacia un mantra irónico y fulminante: “Las estaciones llegan y tu suerte se agota, así que todo lo que te queda son los recuerdos. ” Ese mantra será el recurso en la segunda parte de la canción para anticipar el último tema, un soul clásico de los 70 que es “Another life“. Desvergonzado calco del Sonido Philadelphia (Questlove mediante), imperial homenaje a The Stylistics y, un poquito también, a The Delfonics. Y aunque la pegada, el verdadero enganche de “Black Messiah” sean sus canciones, no hay que olvidar que el rey ha vuelto el mismo año que el Príncipe (pero Maestro), con la intención de desestabilizar este aburrido reino. En una mano empuñando el cetro, en la otra su (casi) discazo. Prince, mientras tanto, funde la corona para hacerse una guitarra con forma de su símbolo. Alabado sea el alma. * Regular, * * No está mal, * * * Bueno, * * * * Buenísimo, * * * * * Discazo

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