mycrosurcos

Tributo a Joe Cocker: siempre quise una “air guitar” como la suya.

Fijo que el empleado del videoclub nos lanzó media sonrisa y fijo que nosotros, cuando llegamos al mostrador con la película en la mano, nos sonrojamos. Vimos “9 semanas y media” una tarde de invierno tratando de recopilar todos los cojines que pudimos para ponerlos en el regazo y así disimular. Un revuelo como el generado por aquel estreno mediático sólo podía traer consigo mucho ruido y pocas nueces o, mirado desde el punto de vista de unos chavales de 13 años, expectativas parcialmente consumadas: casi todos los hoyos son trincheras a esa edad y además estaba el valor añadido del tan publicitado striptease de la Basinger al ritmo de una tremenda canción con voz de piedra pómez. La canción se convirtió en un exitazo y, gracias a eso, pudimos ponerle nombre a la piedra: Joe Cocker.

Fogueado en tugurios del norte de Inglaterra, un Joe Cocker greñudo y floreado setumblr_m9rb05qMOP1r5o8nzo1_400 destapó a lo fiera en Woodstock (Agosto de 1969) con una versión apoteósica de “With a little help from my friends” de The Beatles que nosotros, casi todos los del cojín en el regazo, identificamos con devoción gracias a la cabecera de la serie “Aquellos maravillosos años” (The wonder years), en 1990. Los 70 parecían suyos: más versiones de The Beatles, colaboraciones con Leon Russell (desembocando en un hit absoluto, “Delta Lady” y en un álbum totémico, “Mad Dogs & Englishmen“) y un prometedor top 10 en Estados Unidos con una versión de la maravillosa “The letter” de los Box Tops.

Maldición a los años de éxito mal digerido y de fiesta mal dosificada… Mr.Cocker consiguió, sin embargo, salir del chuzismo y vislumbrar el camino de la cura gracias a un temazo de Billy Preston, “You are so beautiful“, que Jim Price se encargó de arreglar, dulcificando para las masas el descarnado gospel del original. Un acierto total que en 1975 le volvió a situar en el top 10 de las listas americanas. Desde aquí y ciertamente domesticado por las baladas, los 80, esta vez sí, le fueron bastante propicios. “Up where we belong” saturó las emisoras de radio de 1982 y “You can leave your hat on” hizo lo propio en 1986 tanto en las radios como en la televisión con el ardiente videoclip de Kim Basinger y Mickey Rourke que le dio tanta energía a nuestra pubertad. Más tarde supe que aquella vacilada de canción había brotado de la mente traviesa de Randy Newman y entonces quise completar toda la discografía del californiano.

joe-cockerSe colaban en la voz de Cocker las maneras de un Ray Charles, con perdón, pero en blanco, por lo cual era cuestión de tiempo que éste asaltara su legado. En 1987 el de Sheffield publicó “Unchain my heart“, con la homónima pieza abriendo el álbum, y este mycrosurquero confiesa haber caído en las redes del vertiginoso teclado de Jeff Levine en la intro, en las de la fulgurante entrada de la sección rítmica (T.M. Stevens al bajo), después de la paradiña, y en las del musculoso solo de saxo de Clarence Clemmons. Era un álbum de rock accesible con una sorpresiva relectura del “Isolation” de John Lennon, alguna que otra pieza impetuosa (“Rivers rising“) y un medio tiempo más que interesante (“All our tomorrows“).

Abducido por el dulce empuje de los buenos resultados comerciales de “Unchain my heart“, Cocker sacó el LP “One night of sin” dos años después, pero sin la pegada de su predecesor. En 1990 (estela de migajas), editó un directo, “Joe Cocker Live“, que cumplía su cometido como un grandes éxitos de los años mozos y que, aquel verano, devoré como un verdadero adolescente.

La pasión por Cocker se fue marchitando en la medida en que sus versiones se hacíanJoe Cocker, Los Angeles, 18.04.2010-008343_2 cada vez más previsibles (aunque hay que poner en la cima su relectura del “Sorry seems to be the hardest word” de Elton John y Bernie Taupin) y nosotros dejamos ya de alquilar películas eróticas en grupo. Con mucho cariño llegué hasta el “Night calls” de 1992 (por momentos bastante digno y con el “Five women” de Prince dentro) y, más forzado, al “Have a little faith“de 1994. Perdí la pista de los recopilatorios y no puse demasiado empeño en las nuevas entregas. Sin embargo, cada cierto tiempo, especialmente cuando después de una mudanza me explayaba en ordenar mi colección de vinilos, desenfundaba “Unchain my heart” con el cariño con el que se mira un álbum de fotos de la infancia, sin poder quitarme del pensamiento aquellos punteos al aire, los alaridos huracanados, las camisas oscuras y el sudor que tanto me gustaban y que, por circunstancias marcianas, he tratado de imitar en ciertas ocasiones (glups) encima de un escenario.

Por eso, queda instaurado el 22 de diciembre desde ya como día oficial para ordenar la colección de vinilos (haya o no mudanza) y, de paso, desenfundar a Cocker para que la aguja del giradiscos mycrosurque encima de la piedra pómez.

Ahrrrrrrrrrrggggggggggggggggggggggggggggg!!!!!!!!!!!

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