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Canción para desatar al erotómano que llevamos dentro.

para Lou Belly

Una de las mejores cosas de los grupos de la movida madrileña es que gracias a su necesidad de provocar tomaban pocas precauciones en sus estrategias. Los Gabinete Caligari partieron de una negrura ocasional que desató algunos tornados políticamente incorrectos, generando confusión y, por ello, la necesidad de dar explicaciones, obligándoles a buscar (y encontrar) su propio estilo. Esa oscuridad, emparentada con el post-punk británico, dio como resultado un primer sencillo, que compartieron en 1981 con Parálisis Permanente (la cara A para ellos y la B para Gabinete), cuyo título dejaba poco margen a las conjeturas, “Golpes“, que a modo de reproche sadomasoquista iniciaba ese tridente de canciones más o menos fetichistas (sin olvidar que de dicha querencia se impregnaron una buena cantidad de sus canciones) de unos Gabinete Caligari obnubilados: “Golpes” por las tentadoras ganas de epatar. “Cuatro rosas” por el acto reflejo que conlleva el homenaje. Y “Lo mejor de ti“, cumbre de la idolatría y el ritual, porque sí.

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Fabricado con notorio cariño e inusitada alegría, “Patente de corso“, el álbum que, después de la ruptura, hizo Jaime Urrutia en solitario en 2002, se desprendía de las premisas utilizadas en los dos últimos álbumes de la banda, “Gabinetíssimo” y “Subid el volumen“, volviendo a revisitar sin prejuicios el casticismo sofisticado de “Camino Soria” y “Privado“, con efectivas dosis de verbena, sensualidad y puro rock latino.

Jaime-Urrutia-Patente-De-Corso-DelanteraJaime Urrutia abre “Patente de corso” cantando el primer single, “Qué barbaridad“, con una simplicidad tan cautivadora que le hace sonar totalmente renovado. Ajeno a la cautela, para qué esperar, se lanza al torbellino de sentir (y que sintamos) con la segunda canción del álbum. Una vuelta de tuerca que no deja lugar a la prudencia. El reverso fabuloso de un apabullante striptease. La sublimación de ponerse las prendas como parte fundamental del cortejo. El idilio del mirón con el disfraz.

Vestida para mí” se expande por la habitación tan ingenua como venenosa. Su aparente corte, de pop luminoso, se torna en un himno profano, un medio tiempo lúcido y reverencial (puntualizado por los teclados de iglesia), cuando llega el giro fundamental de la canción (porque no se le puede llamar estribillo), después de las dos primeras estrofas. En cuanto a la letra, apenas escuchamos la primera frase, nuestra voluntad se hace polvo de estrellas. Y es entonces cuando Urrutia se va revelando como un fantástico maestro de ceremonias: se debilitan las fronteras entre la realidad y la fantasía y comenzamos a vivir dentro de la canción.

JaimeUrrutia Oímos con nitidez los tacones porque justo delante va la emoción (recurso que se repite al principio de las tres estrofas para engancharnos sin piedad al deseo). Nos identificamos, como sujetos pasivos, con los silencios que cobran la forma de gestos que, a su vez, reciben miradas superlativas. Son tres minutos de un oxímoron insinuante y febril. El colmo de la paciencia para disfrutar, al final, mucho más del estallido y la piel. No hay sucedáneo del morbo, es el delirio del enamorado. El instinto que recorre los espejos, la consecuencia del derroche y la simbología.

No hay redundancia de lugares comunes, como casi daríamos por sentado en ella. “Vestida para mí“es una canción que si de algo anda sobrada es de concisión. El recorrido por la filia y el deleite que siente el sujeto (Urrutia/Nosotros) por la amada, hace que no haya necesidad de tener siquiera una amada. Basta con la imaginación y los recuerdos, sin escatimar en el poder de la memoria. Es una canción asombrosa con una letra elástica (virtudes de poder soñar despierto) que se hace propicia a la medida de cada uno y en función del momento en que la escuches.

Años después, concretamente en 2010, llevado, quizás, por la tentación de ir más allá de la reescritura, para seguir hurgando en la maraña de la temática, Urrutia grabó “Tarde“, incluido en su álbum “Lo que no está escrito“. Una segunda parte (no confesa) de “Vestida para mí” que, sin conseguir igualar a su predecesora, mantenía intacto el espíritu burlón de su creador, el sin par Jaime Urrutia.

VESTIDA PARA MÍ

Qué emocionante es oír el taconeo triunfal 
de sus zapatos al andar. 
Una sonrisa sutil y una mirada fugaz, 
un guiño de complicidad.
No tiene que decir que simplemente va, 
sí ,ella va, vestida para mí.

Qué emocionante saber que estaba pensando en mí 
al ocultar su desnudez, 
que anda por ahí vestida para mí. 

Pues cada prenda que ella exhibe encima de su piel, 
es un símbolo de amor. 
Cuando se mira en el espejo de su habitación 
vestida para mí, suele sonreír, suele sonreír. 

Qué emocionante es oír el taconeo triunfal, 
de sus zapatos al andar. 
No tiene que decir que ella va vestida para mí.
Sólo para mí, vestida para mí

La versión de estudio.

*

La versión en directo.

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Esta entrada fue publicada en noviembre 12, 2014 por en Canciones y etiquetada con , , , , , , , , , .
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