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LEONARD COHEN “Popular problems”: A nosotros también nos gusta despacio.

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Calificación: * * * * 1/2

Sello: Columbia/Sony Music

Año: 2014

¿Quién decidió que ir rápido es lo normal? ¿Quién, por justificar la medida, dijo que ir despacio es de viejos? ¿Quién no ha soñado con parar el tiempo cuando estuvo enamorado y, por poner dos ejemplos, pasar un fin de semana en tus labios, o toda la vida en tus ojos? No soy de esos a los que les importa que las canciones duren dos minutos, pero si la canción es buena, por favor, que sea eterna. El ritmo determina la energía y ritmo es lo que se necesita hasta para limpiar los zapatos. Otra cosa es que lo hagas despacio, con todo el tiempo que la vida te quiera dar, y con el sombrero puesto.

Hay canciones que duran lo que dura un buen estribillo y otras que se terminan nada más empezar. Hay momentos inesperados dentro de una canción (y de un disco) que pasan como un suspiro y otros que, por esperados, nunca sabes cómo acabaran. Hay melodías tan perfectas que se hacen cortas y melodías tan pedantes que parecen poco trabajadas. Hay Blueses tan certeros que empiezan y se van haciendo grandes a medida que sintetizan el recuento de las masacres. Y, por supuesto, hay problemas que te hacen sufrir un instante y otros que son tan largos que se hacen populares.

El nuevo disco de Leonard Cohen es lento. Y es corto. Tiene melancolía (Cohen es la melancolía), no una melancolía distinta, pero sí más soterrada, más elíptica. Tiene humor, cada vez más seco y más distante, como si esta vez los recuentos, las enumeraciones, reposaran en una ironía (Cohen es la ironía) fría y curativa. Y tiene devastación, claro, que se compensa con las plegarias y la autocrítica. Ahora que nos habíamos acostumbrado a su dulce rapeo de senectud (esencial desde “Dear Heather“), el muy octogenario va y se arrima a la pista de baile como nunca antes, entre el estruendo de la furia y los sorpresivos interludios árabes de “Nevermind“. Como no impide que se vaya al traste el fúnebre remordimiento de “Did I ever love you” gracias al delicioso desparpajo de un estribillo marchoso y lleno de country. La superación frente abatimiento.

El caballero que antaño bebía y fumaba como un descosido sigue haciendo de las ruinas canciones. Su objetivo es implantar la vida de campo en las ciudades, por eso sus discos son un retiro. Su filosofía es tan escueta que sólo habla de vida y de muerte. Y se conforma con preservar los recuerdos espontáneos en estrofas que nunca se acaban porque continuarán en otras canciones. El receptor de sus mensajes, a estas alturas, sabe que los héroes también tienen sus debilidades y que, en la mayoría de los casos, son héroes a su pesar. La elegante filigrana trajeada que no duda en arañarte con sus garabatos, sabe que mantenerse erguido es ya un motivo de felicidad, por lo que se imagina a Sansón cargado de ira y de muerte: La impotencia del coloso frente a los desastres de la naturaleza (“Samson in New Orleans“). Por ello, a pesar de que Boogie Street se desvanece con el paso de los discos, el jazz, sin ser jazz del todo (Ay, qué poca pasión nos produce ese remedo sintetizado de vientos), sigue latiendo por sus esquinas. Y es que “A street” escocería de no ser por el órgano, descaradamente ahumado, o por esa coda tétrica y vigorizante que recalca lo del héroe que decíamos antes.

Eso sí, a Leonard Cohen le sigue importando un bledo empobrecer el sonido de sus discos con respecto al virtuosismo acústico de sus conciertos. Su maquetera Señoría graba en un cuarto de baño donde, ocasionalmente, deja que se cuele un violín desfasado y preciosista. Tampoco tiene pudor a la hora de reservarse para el final lo que es desde ya un clásico, “Born in chains“, por donde rezuman el estigma, la dignidad y la fe, con un estribillo lisérgico de coros circulares que te obliga a coquetear con el misticismo aunque no quieras (I flied to the edge/of the Mighty Sea of Sorrow/pursued by the riders/of a cruel and dark regime); o una canción de felicidad y aliento como “You got me singing“, que se convierte en el necesario respiro frente a las urgencias del artista por salir a la carretera y ganarse la vida cantando himnos.

Ya saben, Aleluya.

* Regular, * * No está mal, * * * Bueno, * * * * Buenísimo, * * * * * Discazo

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Esta entrada fue publicada en septiembre 30, 2014 por en DISCOS: La opinión de mycrosurcos y etiquetada con , , , , , , , .
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