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JORGE DREXLER “Bailar en la cueva”: Lenguaje y plegaria del cuerpo.

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Calificación: * * * *

Sello: Warner España

Año: 2014

Alejándose de la aflicción que gobierna los estados de ánimo del mundo occidental, Jorge Drexler presenta un nuevo disco como alternativa, algunos dirán que bailonga, además de suramericana, a la terrible enfermedad que supone tener la necesidad de tirar para adelante y, a la vez, tirar la toalla. Relajado, basándose en la filosofía de dejarse bailar, Drexler cita a sus obsesiones habituales para, sin dramatismos, desgranar un cancionero libérrimo y causal que hace y deshace, pincha y acaricia, duerme y quiere; como un viento de susurro dulce, aroma colombiano y perspectiva europea que nos hace casi obviar los anuncios del Spotify.

Como casi siempre, el material que da forma y, sobre todo, sentido a las canciones de Drexler proviene directamente de su nada evidente lado impúdico frente a la defensa y al abrigo del hermetismo que transmite, que se le presupone al artista: su biografía está en sus discos. Por eso en “Bailar en la cueva” utiliza el recurso de la intemperie como excusa para entrar en calor: basta con bailar como un troglodita para trazar una expresión de amor de todo ello.

El déficit europeo del álbum enriquece el efecto Paul “Graceland” Simon o la impostura cubano-alucinante de Marc Ribot (”El triángulo de las Bermudas”): Colombia como base de operaciones saca relumbrón al tono general, a las colaboraciones (Bomba Estéreo en el tema que da título al disco) y a las referencias emocionales (“Bolivia” es un sinuoso ritmo de agradecimiento a una patria que, para lo bueno, forma parte de su memoria; y “Luna de Rasquí” es el gozoso viaje de vuelta de aquel que se ha enamorado de un paraíso en la tierra).

Tal vez como redundancia, tal vez como paranoia, el insufrible trato de los mass media a los personajes públicos queda debidamente cuestionado en la funky algarabía de “Data data” y en la uruguaya tecnología de “La plegaria del paparazzo” (feroz diatriba en primera persona que de ingeniosa ironía se queda en mero alarde. La más floja, sin duda).

Dr. Drexler y Mr. Anhelo se conjuran para conseguir la pieza más codiciada: un fabuloso estribillo, el de “Universos paralelos”, tema en el que la franco-chilena Ana Tijoux rapea garabatos.

Todo cae” flirtea con la terapia del vals mientras saca poesía de las inevitables consecuencias de la ley de la gravedad y de la dignidad de aquel que planea antes de darse el trompazo. La nocturnidad, por otro lado, sale especialmente malparada de su mítica bohemia en “La noche no es una ciencia exacta”, una canción de ronda hermosísima que reprocha y asume la pereza de las musas ante la hoja en blanco.

Musas que, por otra parte, inspiran el desvelo del obnubilado enamorado en “Esfera” (su mujer) y “Organdí” (su hija). Desnudo emocional del artista, ávido de nuevas pieles, asaltando los muros del pudor con el descaro de los que escriben canciones con el corazón, desde la cabeza.

Por si acaso, a modo de coda, la estela de la musa joven nos devuelve el mar, América y el baile.

* Regular, * * No está mal, * * * Bueno, * * * * Buenísimo, * * * * * Discazo

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