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BOHREN & DER CLUB OF GORE “Piano nights”: Escobillas como serpientes.

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Calificación: * * * *

Sello: [PIAS]

Año: 2014

Todo une.

Como el cansancio que te asalta cuando conduces de noche por una carretera vacía, la envolvente banda sonora de este “Piano nights” convierte en certeza el presentimiento de que definitivamente fue una mala idea parar en ese hotel de carretera. El ozonopino y la sala de fiestas. Un bucle sin fin que se parece demasiado a la secuencia de una película de David Lynch. El sonido de los sueños y la mueca delante de unos planes atormentados. La confusión de los géneros y el empacho de las etiquetas. Los secretos y la malaventura. El recelo después de la condena y las ganas de salir huyendo. Nadie está a salvo del indomable que lleva dentro. Porque, tentaciones aparte, sólo unos pocos elegidos sabrán descubrir que el embrujo de la noche se deshace con el día.

Bohren of Der Club of Gore no hace nada más que aprovechar las ventajas del ambiente para despellejar al jazz. Un insultante acercamiento, sin don de la originalidad, a los fundamentos del sopor experimental. Una atmósfera enrarecida que da lugar a equivocaciones que serpentean de placer y al material de derribo. Alberto Iglesias, Brian Eno y Angelo Badalamenti, claro.

Lentos como el humo, los alemanes sumergen los instrumentos en un cocktail cargadísimo de alcohol que arrastra las ideas a una cárcel de paciencia y sosiego. Fieles al submundo de la morfina, detienen el tráfico y pasean a la luna, sin sentido del humor, pero sin renegar del peaje de dar tumbos en el cabaré de los indignos. De lo que vendrá mañana muy pocos se atreven a hacer conjeturas mientras aguante el tipo la avalancha de ideas que trae consigo la borrachera.

Hay discos que sabes cuando empiezan pero no cuando terminan. Y “Piano nights” no quiere agotarse nunca. Su poderosa seducción se congela y se derrite, se congela y se derrite. A través de las sesiones fatuas la ralea animal juzga los comportamientos pautados como el que se pone un anillo. El neón que parpadea 9 veces establece los límites del enganche a deshoras. Las paredes se caen, el techo se viene encima. La noctívaga figura que nos dimensiona se acostumbra a la energía de las estrellas reflejada en el mar. Constelación de mycrosurcos basada en el surrealismo y lo abstracto como cura contra la sociopatía moderna. Cambalache de aullidos sordos y fuegos provocados.

A veces las malas ideas son la lujuria de la fiera.

Toda una.

* Regular, * * No está mal, * * * Bueno, * * * * Buenísimo, * * * * * Discazo

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