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ANGEL OLSEN “Burn your fire for no witness”: Ni temor, ni olvido, ni perdón. Un discazo.

Angel-Olsen-Burn-Your-Fire-For-No-Witness

Calificación: * * * *

Sello: Jagjaguwar

Año: 2014

El primer tema de “Burn your fire for no witness” deja bien claro que el daño que produce una voz susurrada es directamente proporcional al sufrimiento de un corazón erosionado. La aparente fragilidad de “Unfucktheworld“, bajo el manto de una dulce pero atormentada tesitura, se estrella contra el rugido y la distorsión de una producción rasposa que busca desgastar los matices para que el sufridor oyente, en el límite de sentirse completamente identificado, no baje la guardia y se pueda creer que este es otro disco más sobre el fracaso.

Angel Olsen es tremenda. Sin ningún tipo de rubor sablea el espíritu del primer Leonard Cohen en “White fire“, recalcando desde la primera frase que “Todo es trágico“, por si cabía alguna duda. Su espíritu poético y espinoso se desata en el crescendo de “Dance slow decades” donde arremete más contra ella misma (su ingenuidad) que contra su ex amado (su deseo). Para colmo, “Windows“, como extrañísimo colofón retórico de pesimismo encubierto, avanza a través de los impulsos y el sacrificio de la protagonista delante del espejo, en este caso ventanas. El precio de un baño de sol o de un festín de aire nuevo sólo es posible calcularlo si se utiliza como unidad de medida la fuerza de voluntad.

Aquejada de las expectativas folk del entorno de Bonnie “Prince” Billy (Olsen formó parte de The Cairo Gang, la banda de acompañamiento de “Prince” Billy), la sinceridad de estas once canciones que se estremecen de mordacidad, abandonan el domicilio paterno en busca del soberbio rugido del despecho y el olfateo entre animales desolados (“Hi-five“).

Cual reverso nebuloso del pop chicle (imaginemos un duelo en plan karaoke entre la Olsen y Zooey Deschanel), “High & Wild” desbarata los planes de pasar una tarde agradable oyendo canciones tontorronas de amor. Insaciable de creatividad, la de Missouri teje, tema tras tema, una exuberante red de emoción y síntesis con un tramo central tan poderoso como implacable, formado por “Lights out“, “Stars” y la impresionante balada “Iota“, desde ya, nos atrevemos a presagiar, uno de los mejores temas del año.

Rodeada de pieles de plástico y mecanismos de defensa, el panorama de ruptura y soledad de todo el álbum contribuye a que la mirada añeja de reproches, con evocadora esencia rockabilly y ribetes del folk/rock de Jefferson Airplane, se burle mucho más de la compasión que de la franqueza. Una opción que a su vez, bajo una lluvia de confeti, soluciona los problemas de incomunicación de este corazón erosionado.

 

* Regular, * * No está mal, * * * Bueno, * * * * Buenísimo, * * * * * Discazo

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