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SUN KIL MOON “Benji”: Hasta las cejas de luto.

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Calificación: * * * * 1/2

Sello: Caldo Verde Records

Año: 2014

Cuando los recuerdos se manifiestan como canciones la tristeza de esos recuerdos parece una fantasía. Por eso, la inevitable tristeza del nuevo trabajo de Sun Kil Moon (banda del ex-Red House Painters, Mark Kozelek) es tan reconfortante como un buen relato. Influido por la turbia atracción que provoca la muerte, “Benji” (titulado así en homenaje a la película homónima de 1974 que tenía como protagonista a un perro callejero) curiosamente no es un álbum especialmente depresivo, aunque bien que lo disimula. El contrapunto, a veces, con unos ritmos saltarines, unas guitarras misteriosas, unos coros extraordinarios (Las voces de “I love my dad” nos recuerdan a las que hizo The Legendary Little Jimmy Scott para la canción “Power and Glory” del álbum de Lou Reed, “Magic & loss“, de cuyos postulados este “Benji” no anda muy lejos) y una irónica última canción de ritmo bailable, “Ben’s my friend” (de la que hablaremos más adelante), suavizan el despropósito del autor de exponerse a lo bestia frente a unas historias confesionales, inundadas de luto, familia y Ohio.

Sin tapujos, alardeando de incontinencia narrativa y amor de madre, Kozelek ajusta cuentas con el lado oscuro del corazón en una suerte de crónica sentimental de su América profunda. Hilvanados entre el rubor, la tradición y la monotonía, cada uno de los 11 episodios se muestra indivisible de una atmósfera fría y de una voz huraña que se arrastra, como rapeando, más allá del género folk, del rock o de la americana al que su creador está adscrito. Tánatos, rozando a una prima en “Carissa” y a su tío el día de su cumpleaños en “Truck driver“, se toma tan en serio su trabajo que hasta las historias de Amour (“Jim Wise“) terminan en plan Haneke.

Le bastan diez minutos y medio a Kozelek para sublimar la fascinante hipnosis musical del viaje interior en “I watched the film The Song Remains the Same” como un compendio del espíritu Amarcord (pero sin sexo) de todo “Benji“. The Doors, Stevie Nicks, Paul McCartney, Led Zeppelin, David Bowie… se pasean entre los recuerdos de unos personajes en busca de un obituario (“Micheline“) o encarcelados en su propia paradoja (“Richard Ramirez died today of natural causes“).

Aturdidos sin remedio por los matices, indiscretos y literarios, el magistral álbum de Sun Kil Moon fluye ante nosotros tan cadencioso que parece un paisaje. Deprisa, como la adolescencia. Despacio, como un funeral. 

En contraposición, lejos del tanatorio y acudiendo al arrullo de unos inesperados ritmos setenteros, el saxofón de verano de “Ben’s my friend“, como remate, se encarga de abrazar al amigo, otrora rival (Ben Gibbard de Death Cab for Cutie y The Postal Service, al que conoció en el Festival de Benicàssim de 2001) y, de paso, subrayar la teoría de lo pasmarote que un cuarentón se puede llegar a sentir en un concierto rodeado de veinteañeros.

Aunque, la verdad, para ser un disco empeñado en hablar de la Muerte, contiene uno de los retratos más certeros que se hayan escrito en mucho tiempo sobre la dinámica de las relaciones amorosas del hombre, “Dogs“: “La naturaleza del ciclo de la atracción continúa sin parar. Y nadie tiene razón y nadie está equivocado. Nuestros primeros años finalmente acaban por definirnos. Es un lugar complicado este planeta en el que estamos”.

* Regular, * * No está mal, * * * Bueno, * * * * Buenísimo, * * * * * Discazo

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