mycrosurcos

ARCADE FIRE “Reflektor”: Lo que les viene en gana.

25fc5046

Calificación: * * * * 1/2

Sello: Merge/Universal

Año: 2013

Exuberantes e insistentes. Lúcidos y arriesgados. Sabedores de que la unanimidad que generó su anterior LP, “The Suburbs“, sólo podía traer consigo un océano de expectativas, Arcade Fire han decidido sacar de carnaval a sus cabezudos alter egos. No firman el nuevo (doble) álbum con pseudónimo, aunque una banda fantasmal llamada The Reflektors ha ido haciendo de las suyas en la campaña promocional, pero éste bien podría ser el álbum de una banda paralela en la que Win Butler se asocia con James Murphy (LCD Soundsystem) para probar con sonidos hedonistas que arropen sus crípticas letras, más allá de la épica de “Funeral“, la iglesia de “Neon Bible” o la aproximación americana que hicieron en “The Suburbs“. Pero no hace falta que se inventen otra banda porque Arcade Fire son unos bestias. Prefieren que el revuelo nos saque de quicio a darnos en bandeja lo que esperamos de ellos. La duda razonable es si esa inquietud es capaz de generar tan buena música, como han hecho hasta ahora, dando por sentado que toda obra que conlleva cierto riesgo ya ha merecido la pena. Aparentemente Arcade Fire, en “Reflektor“, han dejado el vino y se han pasado al champán. Como síntoma han decidido frecuentar las discotecas pero, claro, ya no tienen la pelvis para muchos trotes. El destello kitsch de la bola de espejos nos devuelve una horrible portada donde la escultura “Orfeo y Eurídice” de Auguste Rodin sucumbe ante el caos de diseño y estilo que parece llevarse esta temporada (el mismo que afecta a la portada de “The next day” de Bowie, por ejemplo) para disimular que son unos pésimos bailarines. Más juguetones y provocadores que nunca, se salen del redil para desestimar como una opción el término medio, pasando por el colador infinidad de estilos (desde los guiños funk/comerciales del “Let’s dance” de David Bowie, a las evidentes referencias estéticas y musicales del “Achtung Baby” de U2) que culminan, curiosamente, en un coherente y personal sonido compacto que sacrifica la frialdad, asociada inevitablemente a la perfección, en favor de un atractivo y nada repetitivo acabado formal. El primer sencillo que abre el disco I, “Reflektor“, no oculta las proporciones desmedidas del espíritu del álbum: brillante e intenso. Es una canción increíble, que se hace eterna e indispensable. Lo mismo parece un loop que un laberinto. Sin haber dejado todavía de tiritar con los mil y un giros de “Reflektor“, el bajo de “We exist” se nos cuela machaconamente por debajo de la ropa, serpentea cual jitazo de Dona Summer de finales de los setenta y nos descubrimos reflejados delante del espejo cantando los coros con Régine Chassagne: nana-nana-na-na-na. “Flashbulb eyes” es una canción corta y viciada de dub. Una provocación en busca de reacciones encontradas. Con “Here comes the night time” empieza el pasacalles de verdad. Un híbrido entre el funk de plastilina de Bowie (con Nile Rodgers) y el jolgorio percutivo de la música religiosa tradicional haitiana relacionada con el vudú (conocida como Rara), con otro bajo musculoso y unos trepidantes vientos africanos. “Normal person” empieza tan Rolling Stones que uno no da crédito. Después va hacia otra parte, pero su lúbrico rock’n’roll ya es pura dinamita cuando nos la queremos quitar de encima. Todo lo contrario ocurre con “You already Know“. Su carácter extravagante agujerea la parte del cerebro que no entiende, a estas alturas, de qué va “Reflektor“. Para rematar, “Joan of arc” trata de engañarnos con una intro punk que se diluye en una atmósfera pegadiza cuya letra machacona resalta, como fundamental, el eterno femenino. El segundo disco está más reconcentrado en las texturas. Se abre con “Here comes the night time II“, la mayor analogía con respecto al clima eclesial de “Neon Bible“. Su precisión orquestal desemboca en una nube de más percusiones africanas, que van difuminándose hasta adquirir la forma de uno de los mejores temas del álbum, “Awful sound (Oh Eurydice)“, de crescendo épico y coros extasiados. “It’s never over (Oh Orpheus)” es un extraño tema, demasiado estirado, que deja un poso agridulce después de tanta excelencia. Algo parecido sucede con “Porno“, un Depeche Mode menor, con una letra bastante previsible. “Afterlife” vuelve a recuperar el altísimo nivel, retomando el pop magnético de “The Suburbs“. La balada “Supersymmetry” cierra “Reflektor” (antes de “Reflektive age“, una innecesaria coda con varios de los temas del álbum puestos al revés, como en los tiempos en los que se grababa en analógico) con un precioso diálogo entre la máquina y la orquesta. Al estilo de los más repelentes de la clase, Arcade Fire juegan con nuestra paciencia. Ponen a prueba los límites de la saturación intelectual, como si fuera una broma pop mal entendida, y se adentran en terrenos poco transitados, repletos de arenas movedizas. Si un disco como “Reflektor” es capaz de desestabilizar la unanimidad y el adocenamiento de la crítica musical, entonces más que un disco es un bien necesario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: