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PAUL McCARTNEY “New”: Pop de manual y estilo.

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Calificación: * * * *

Sello: Hear Music/Concord

Año: 2013

A veces se equivoca de la peor forma posible: dejándonos fríos. Otras se sabotea, disparándose al pie, imaginamos, porque una ausencia tan prolongada, la del compañero de batallas que fue su mano derecha, es muy mala consejera. Acostumbra, también, a dar palos de ciego en busca de productores estrella o a experimentar donde no le llaman, pero con mucha energía. Y aunque parezca que nadie realmente necesita más canciones suyas, procura no estarse quieto e intenta que el peso del legado no aplaste el cristal de sus últimas criaturas. Por ello no tiene otro remedio, desde que se disolvieron los cuatro fabulosos, que ponerse extraordinario y justificarse con discazos para que los de la espada de Damocles le pongan, como mucho, un simple aprobado.

Seguro que agota ser un tío tan expuesto, tan perfecto y tan errático.

New” es un disco vitalista, romántico, sensual y, ligeramente, melancólico. El pop instantáneo de las canciones se adapta perfectamente a los estados de ánimo de una letras escuetas y realistas llenas de mensajes contundentes: Una vez más, la mejor baza de McCartney, que todos crean que es tan sentimental como inofensivo. En general, “New“, es un disco inspirado que saca provecho del caleidoscopio de productores distintos (4) para rentabilizar las buenas ideas, disimulando los peores momentos con una alternancia dosificada y muy inteligente de los estilos.

De hecho, la canción “New“, el primer single, es un festín Beatle con reminiscencias vocales a lo Brian Wilson, que se da de bruces contra el título, y que en manos del modernete productor Mark Ronson (el que propició que Amy Winehouse fuese un fenómeno mundial) alcanza el objetivo de single infalible apto para todos los públicos.

No renuncia Paul McCartney a un remozado de chapa y pintura en las composiciones que firma junto a otro de los productores, Paul Epworth (Adele, Florence and the Machine…), aproximándose, salvando las distancias, a lo que viene haciendo Paul Weller con Simon Dine desde hace algunos años. De esta colaboración surge el facilón y adictivo riff de “Save us“, que abre el álbum, embellecido para la ocasión con el magistral toque Macca de “…Keep on sending your love…“, que hace que la canción sea maravillosa. El revoltoso piano de “Queenie eye” nos salpica de pimienta hasta el emocionante interludio. Y “Road” suena distante, tenebrosa, extraña, haciéndose un hueco inesperado entre las canciones de largo recorrido.

Ethan Johns, hijo del ingeniero y productor Glyn Johns, que trabajó en las primeras mezclas de las “Get Back Sessions” de The Beatles (el germen del álbum “Let it be“), aporta el toque más acústico y campestre en los temas que produce. Ese country/folk británico que rememora los primeros pasos musicales de Lennon y McCartney de “Early days“, uno de los grandes temas del álbum, hace añicos cualquier duda sobre la mirada candorosa de McCartney con respecto a su pasado. Aquí no hay filtros Instagram que valgan sino verdades como puños y un suave desencanto.

Giles Martin, hijo del sempiterno productor Beatle, George Martin, se encarga de homogeneizar el sonido del álbum y de producir seis temas en solitario. Es, de los cuatro productores, el que trata de sacar rendimiento al lado más funk de McCartney: en “Appreciate“, bailonga y con un estribillo marrullero; y en “Looking at her“, un tema amoroso donde uno tiene la impresión de que Paul quiere emular a Marvin Gaye o a Isaac Hayes.

Lo mejor del peor sonido de los 80 (¡Ay, qué teclados tan…!) está en la atractiva anacronía de “I can bet“, que no desentonaría como tema central de cualquier banda sonora de una película con Chevy Chase o Dan Aykroyd de protagonistas. A pesar de lo poco esperanzadoras que son las premisas, es un gran tema.

Para terminar, en la versión extendida del álbum, McCartney se pone pantanoso y acierta con la saturada percusión y la belleza gospel de “Get me out of here“, justo antes de que brote el tema escondido, “Scared“: un poema de amor a su mujer, Nancy Shevell, que a nosotros nos recuerda a una canción de Vainica Doble, “Dices que soy“, del último disco que sacaron las madrileñas, “En familia“, en 2000. Una interconexión emocionante y disparatada entre melodías que corrobora que el pop, como suponíamos, no es infinito pero sí susceptible de ser soñado (ya lo dijo el propio McCartney).

* Regular, * * No está mal, * * * Bueno, * * * * Buenísimo, * * * * * Discazo

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