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ELVIS COSTELLO AND THE ROOTS “Wise up ghost”: Ilegítimo hip-hop. Costelliana la osadía.

Elvis-Costello-and-The-Roots-Wise-Up-Ghost

Calificación: * * * *

Sello: Blue Note Records

Año: 2013

Inquieto como un río, Elvis Costello, serpentea hacia el mar consciente de que su naturaleza le lleva por el camino de hacer real su necesidad, coincidente, a veces, con la amargura.

Desbocado, agotado quizá de la urgencia punk y guitarrera de sus años con The Attractions, de repente un día, a finales de los 80, se inventó un álter ego con pinta de fantoche que se llamaba Spike: un maestro de ceremonias lenguaraz que aglutinaba toda la mala leche y la ironía que había ido macerando el artista a lo largo de toda su carrera (en “Get happy!!“, con reivindicación de su amor hacia las raíces negras mediante y en “King of America“, como proclamación de su madurez e independencia). Fue en aquel “Spike” de 1989 cuando Costello se abandonó a su necesidad monumental de construir canciones llenas de puertas, aprovechando la insensatez del oficio de escribir, suicidándose a plena luz de la industria, justo cuando empezaba contrato con uno de los sellos discográficos más grandes, como si precisamente eso le espoleara. Eran los tiempos en los que dos más dos sumaban más de cuatro y dos equivocaciones podían dar como resultado una certeza.

A estas alturas al sueño americano de Costello, que empieza en Nashville, con Hank Williams y Gram Parsons; se entretiene en Nueva Orleans, Memphis y Chicago; y estudia a Bernstein y Gershwin, después de pasar una larga temporada de amor en Irlanda; sólo le faltaba probar con los ritmos afroamericanos y latinos de la calle. Aclimatar su torrencial poesía en los límites del barrio, donde el Hip-Hop combativo, más que gamberro, sucumbiera a la curiosidad del forastero culto y agradecido.

Cuando la intensidad se descontrola, la emoción se desvanece y Costello (otra vez su naturaleza) suele ser tan intenso como generoso. Ya le pasó cuando se puso demasiado serio con el bluegrass en “Secret, profane & sugarcane” (2009) en contraposición a la soltura de su segunda entrega, “National ransom” (2010). Por eso, cada ciertos discos, necesita asociarse con algún músico con el que alcanzar el mar de las nuevas experiencias: Paul McCartney, The Brodsky Quartet, Allen Toussaint, Burt Bacharach, Anne Sofie Von Otter o Bill Frisell por ejemplo. Esta vez, dos incendiarias versiones de “(I don’t want to go to) Chelsea” y “High fidelity” con The Roots, la banda residente en el programa nocturno de Jimmy Fallon, desataron en 2009 el encontronazo y las ganas de colaborar, buscando, en un principio, el saqueo irrespetuoso del cancionero de Costello, dejándose llevar, al final, por el placer de explorar nuevos territorios.

No nos llevemos a engaño, la personalidad de Costello es tan alargada que no cabía esperar de “Wise up ghost” un sonido muy diferente a lo que, algunas veces, Costello ya había probado: no sólo cierto espíritu de “Spike” resuena por ahí. También se cuelan los sonidos que Costello practicó con Brian Eno en “My dark life” (para el disco de “Expediente X“) o parte de las texturas buscadas en el interesante LP “When I was cruel” (De ese álbum son muy buenos ejemplos: “Spooky girlfriend” y “When I was cruel nº 2“, en la que un sampler con la voz de Mina dulcificaba la rugosa atmósfera costelliana) de 2002. No esperábamos que el británico se pusiera a rapear como un loco. Eso tampoco. Las continuas referencias a melodías ya publicadas o la relectura de anteriores letras de Costello, como parte de la idea conceptual del álbum, nos dan una idea del sentido primigenio del Hip-Hop referencial del que tanto Elvis como ?uestlove, líder y baterista de The Roots, querían aprovecharse para diseñar el sonido urbano y monolítico del que puede presumir “Wise up ghost“. Esa base funky y R&B que recorre el espinazo de unas palabras enrabietadas, impulsivas y desencantadas, que dificulta el acceso a la ternura salvo cuando Costello se propone desnudo en el estudio de grabación para resaltar las dudas que generan miedo y que nos paralizan (“If I could BELIEVE“). Un conjunto de canciones muro con miles de palabras, pero millones de ideas, torrenciales e híper-producidas que sabotean el sentido de la inmediatez, posicionándose a favor de la mezcla y del estudio.

La voz de Costello está dentro de una pecera. Steven Mandel, el ingeniero habitual de The Roots, se compromete hasta los créditos para conseguir que sus lamentos y sus afónicos rugidos fraseen la decepción de los urbanitas entre ecos y reverbs que se doblan espectrales. La Orquesta de Brent Fischer, hijo del magnético Clare Fischer, hace agujeros para abrir ventanas y que la religión asfaltada que proclama Costello sea menos plomiza. Las cuerdas van a favor de Curtis Mayfield en “REFUSE to be saved“, envilecen a la mujer fatal de “(She might be a) GRENADE” y engalanan por delante y por detrás el funk de “SUGAR won’t work“.

WAKE me up“, un híbrido entre las estrofas de “Bedlam” (de “The delivery man” 2004) y el estribillo de “The river in reverse” (del álbum homónimo de 2006), tiene una guitarra lejana cargada de recelo que oprime aún más la falta de fe. “TRIPWIRE” es una balada tridimensional de espías que parece jugar con las posibilidades crípticas de un ciudadano funcionario frente a una red de mentiras y a un conjunto de verdades irremediables. “VICEROY’S row“, con su refrescante aroma jazz, asume las intrigas palaciegas como parte de una trama cargada de metáforas.

Come the MEANTIMES” es la única que samplea un tema ajeno a la discografía de Costello (“I don’t see in your eyes anymore” de una efímera banda de Detroit de los primeros 70, The Glass House), haciéndose aquí más previsible la conexión negra del proyecto. Y el single, “Walk us UPTOWN“, es un grito de guerra callejero, saturado de clichés musicales que luego no se verán del todo refrendados a medida que las canciones se van haciendo cada vez más impenetrables, donde las banderas son más un salvoconducto que una patria.

CINCO minutos con vos” es una decepcionante incursión latina y reivindicativa que podría haber sido sustituida perfectamente, como bonus track, por “The PUPPET has cut his strings“, una intrigante tragedia minimalista que se emparenta más con el espíritu abatido de “The tears of a clown“, de Smokey Robinson & The Miracles, y “Death of a clown“, de The Kinks, que con esa bellísima apología de la sumisión llamada “I’m your puppet“, de James & Bobby Purify o con ese trasnochado himno adolescente de Sandie Shaw, “Puppet on a string

Casualidad o no, el tema que da título al disco arranca con un sintomático: “Last lions roar before they’re tamed“, aludiendo al “Death of a clown” de The Kinks (“The lion tamer’s whip doesn’t crack anymore. The lions they won’t fight and the tigers won’t roar“), en un juego de espejos referencial que invoca desde el principio, con la orquesta enlatada de “Can you be true?” (del álbum “North” de Costello), al espíritu más críptico del londinense.

Stick out your TONGUE” revitaliza (o relativiza) el mensaje político de “Pills and soap“, un tema que Elvis Costello editó bajo el seudónimo de The Imposter en 1983, contra las reformas (incluida la Guerra de las Malvinas) del gobierno de Margaret Thatcher. Un nostálgico ajuste de cuentas intercambiable en el tiempo, con una letra que ha resultado insuperable.

La historia se repite una y otra vez con Costello. Su “contra el mundo” es su “con nosotros”. Así es como empieza el amor hacia él.

* Regular, * * No está mal, * * * Bueno, * * * * Buenísimo, * * * * * Discazo

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