mycrosurcos

“Wouldn’t it be nice.” Brian Wilson y la creación de Pet Sounds – Un libro de Charles L. Granata.

Sones-658x320

Editorial: Libros de ruido

Año: 2013

Creo que la primera referencia que tuve del “Pet Sounds” fue gracias a alguna revista, hace veintitantos años, cuando se anunciaba la salida al mercado del álbum en formato CD. Antes, para ser honestos, los Beach Boys no pasaban de ser, para mí, un grupo energético de verano y surf con el que bailar en las fiestas de los pueblos, con un mini de cerveza en la mano, y en algunas discotecas en su versión popurrí o remezclada. La última referencia la he tenido hace apenas unos días, gracias a un libro que he devorado con placer kamikaze, a pesar de tener una pistola cargada de ansiedad apuntándome en el corazón porque cada vez me quedaban menos hojas y el placer se terminaba. Entre medias de aquella primera referencia y de ésta más reciente, 36 minutos de indefectible felicidad dosificada a lo largo de unas décadas inestables, sensacionales y muy vulnerables.

Charles L. Granata, productor e historiador musical, escribió el libro “Wouldn’t it be nice: Brian Wilson and the making of The Beach Boys’ Pet Sounds“, en el 2003 y ahora, diez años después, nos llega la traducción española (realizada por Julio fajardo) de, lo que podríamos llamar, la disección del apasionante proceso creativo del icónico álbum, color verde “pet sounds“, de los Beach Boys.

Muy bien ordenado cronológicamente, lo cual facilita el proceso de asunción por parte del lector de los condicionantes (personales, musicales y extrasensoriales) que hicieron evolucionar la personalidad del artista hasta llevarle a querer concebir, como una necesidad, “el mejor disco de la historia del rock”, el libro se abre con un prólogo escrito por Tony Asher, el letrista que contrató Wilson para encontrar las palabras adecuadas con las que redondear una música repleta de matices y osadías y que, a lo largo del libro, pero sobre todo en la parte centrada en la composición de las canciones, se deja llevar por una hermosa melancolía (en sus comentarios y aportaciones) que le retrata como juez y parte de un sueño que acabaría convirtiéndose en realidad. Con un ritmo endiablado, Charles L. Granata, admirador de la obra de Wilson, por supuesto, prefiere la síntesis y la armonía a la redundancia y las contradicciones, convirtiendo el libro en una hermosa reivindicación de las obras incomprendidas, por adelantadas a su tiempo, sin tratar de ajustar cuentas ni de justificar el olvido salvo para constatar este hecho como una recurrencia en la historia del arte, si es que todavía alguien duda que un disco de música pop pueda considerarse arte.

Como muestrario de los fantasmas interiores de (los) Wilson, el libro no tiene desperdicio, aunque evita meterse en algunos berenjenales, como es el caso de la sempiterna mala relación de Brian con su primo Mike Love. Granata constata que los traumas infantiles, encarnados en la figura del padre dominante, Murry Wilson (“el factor Murry“), al que tampoco le escatima la cualidad de una perseverancia a prueba de bombas para tirar de la banda en los primeros años, son el detonante para que los hermanos Wilson, especialmente Brian, desarrollen una personalidad con una clara querencia a flirtear en el filo de la navaja. Por ello resulta esencial el episodio de la ruptura (punto de giro de la historia) que, visto con perspectiva, supone además de la emancipación (personal y, por tanto, creativa) una condena.

La parte central del libro deshoja la margarita “Pet Sounds” canción a canción, manteniendo la secuencia lineal del proceso: composición, elaboración, grabación y distribución de un disco de música pop a mediados de los 60 (en EEUU), sembrando la duda sobre si la supuesta unidad temática de las canciones (auge y caída del amor) lo convierte en un álbum conceptual. Baste el paradigma “Sloop John B” para imaginar el jaleo del creador y sus concesiones ante esa presión invisible que supone entregar un producto que cumpla con las expectativas que los demás esperan/exigen de ti. Tienen, a nuestro juicio, un papel muy importante a lo largo de toda la narración las influencias musicales que dejaron de una u otra manera huella en el subconsciente de Wilson para llegar a concebir el monstruo “Pet Sounds“. Resulta apasionante comprobar las fuentes de las que bebía el mago, sobre todo cuando Granata aporta ejemplos en forma de artistas, discos o canciones.

En esta parte central también encontramos la influencia Spector (y el elogio del mono) y la amistad con los Beatles, decisiva en el triunfo británico del álbum en comparación con la indiferencia americana. Está la Wrecking Crew (algo así como la cuadrilla de demoliciones), compuesta por un espectacular plantel de músicos de estudio encargados de grabar toda las pistas instrumentales del mismo. Y el entramado de los estudios de grabación y la total confianza en el ingeniero Chuck Britz. También está la sorprendente desidia de Wilson a la hora de dedicarle tiempo y criterio a las fotos que irían en la portada y, en general, en la funda del disco (genial la mención a la disparatada idea de meter un caballo en el estudio para sacarle una foto delante de un micrófono). Por estar, hasta los perros de Brian (Banana y Louie) aparecen grabando aullidos en el estudio 3 de Western para desesperación de Chuck Britz.

Brian Wilson fue, más que un músico, un productor de canciones pop con un talento natural para meterse en apasionantes berenjenales sonoros. Un tipo que oía los arreglos y los tarareaba para comunicarse con los músicos ante su falta de técnica. Subyace la tremenda certeza en el tramo final del libro de que “Pet Sounds” fue una cima muy difícil de superar para Brian y que todo lo que vino después, incluido el enigma de “Smile“, sólo le llevaban a sabotear la grandeza de sus propios proyectos, tropezando una y otra vez con el muro de la frustración, empecinado en toda esa megalomanía.

Es una pena que no haya un apéndice que complete la información de los últimos y prolíficos años transcurridos desde 2003 (incluido el lanzamiento de un disco tan mayúsculo en 2008, como “That lucky old sun“) hasta, por lo menos, la publicación en 2011 de las deseadas Sesiones de “Smile“. Es una pena que tampoco haya al final un índice onomástico, aunque es cierto que el libro está muy bien subtitulado y, al no ser muy extenso, es relativamente sencillo encontrar determinados nombres y situaciones. Pero lo que realmente es una pena es que el libro se acabe tan pronto. Por eso, y para prolongar el buen sabor de boca, os dejamos una selección, algo así como una banda sonora libérrima y juguetona, de las canciones o artistas que se mencionan en los distintos pasajes del libro. Incluyendo alucinógenos éxitos de la época (1966) en la que se lanzó “Pet Sounds” al mercado.

Wouldn’t it be nice – Alrededores y tangenciales del libro de Charles L. Granata.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: