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THE KNIFE “Shaking the habitual” y APPARAT “Krieg und Frieden”: Dos maneras de pasar un mal rato en el mal rato.

The-Knife-Shaking-The-Habitual1

Calificación: * * * *

Sello: Rabid Records

Año: 2013

Layout 1

Calificación: * * * *

Sello: Mute Records

Año: 2013

Europa no es que esté muerta, es que la están matando. El largo noviazgo con la vieja dama empezó después de la segunda Gran Guerra y el matrimonio, tantísimas veces aplazado, no ha hecho más que desgastar a las partes y a los invitados. Las promesas son gratuitas y van cargadas de emoción así que, cuando lo único que queda de ellas es el eco de un recuerdo, los reproches callados se convierten en peligrosos argumentos de caos y destrucción. Pues eso. La coyuntura, la casualidad o las ganas de canalizar toda esa agresividad han propiciado la contundencia de un discurso musical infectado por la rabia y el terror de estas dos propuestas europeas. Cada una a su manera, sugiriendo el fracaso de las necesidades de los hombres cual retrato de su angustia: con la magia negra y las tripas de sintetizador, en el caso de “Shaking the habitual“; con el tenebrismo basado en añejas batallas, en el caso de “Krieg und Frieden“.

Los suecos The Knife arrasan con todo. Nos encolerizan con temas larguísimos que invocan, desde la exageración industrial y los ritmos primitivos, al satán de los necesitados, ejerciendo el papel de gurús de la conciencia de clase, banalizada apropiadamente en la thermomix de las recetas infrahumanas. Capaces de samplear el sonido de la luna, los hermanos Dreijer agitan el cuerpo (ellos quisieran las conciencias) con sus descargas insanas que, en mitad del parqué de la bolsa resultarían estimulantes, incluso energéticas, para los hombres invisibles que trabajan allí. Es como si se hubieran propuesto hacer un disco basado en el “Revolution” de The Beatles, pero en el nº 9 (“Fracking fluid injection“).

Cazurros y salvajes, empeñados una y otra vez en que nos quedemos colgados de sus pesadillas (“Old dreams waiting to be realize“), abusan de nuestra paciencia con tan mala baba que nos acaba engatusando su sadismo de salón y su ruleta rusa. Pecan todo el rato de una precisión enrevesada y desfasan como para ponernos a tiro aquello de que si el disco hubiera durado la mitad sería una obra maestra. Imaginen, porque aún así es perfecto.

Lo de Apparat es otro tipo de pesadilla. Mesurada y llena de nubes, aunque menos electrónica que la burrada de The Knife, “Krieg und Frieden” es música concebida para una obra de teatro: la adaptación de “Guerra y Paz” de Tolstói, llevada a cabo por el dramaturgo Sebastian Hartmann. El medio, por tanto, condiciona su sonido, recatado en su justa medida como corresponde a una obra musical atmosférica pero narrativa. Y aunque la tentación del Ambient con orquesta exponga a Sascha Ring (el único miembro de Apparat, por cierto) al batacazo de querer ser un Replicante del padre Brian Eno, el alemán sale bien parado. Como orgía de paisajes recargados, “Krieg und Frieg” funciona divinamente: impresiona la cruel radiografía del declive de un Imperio que sugiere la lírica “44” y su reverso “44 (Noise version)” en la obertura. Como ejercicio conceptual del mercado de la pirotecnia pop también, mostrando su vertiente más previsible en los dos bellos temas vocales: “Lighton” y “A violent sky“. Con las cartas marcadas, más que en el laberinto fosco de “Carretera perdida” (por cuya banda sonora The Knife hubieran dado la vida), Apparat prefiere quedarse ensimismado en el Lumbertown de “Blue Velvet” o en el siniestro hotel de “Twin Peaks“.

No hay nada más desolador que un continuo campo de batalla. Todas las guerras napoleónicas son la misma guerra, incluida la librada contra uno mismo. Y la belleza no justifica la claustrofobia de la ansiedad.  “K&F Thema (Pizzicato)” y “K&F Thema” apuntalan el placer indomable de creerse el centro del universo mientras se realizan las tareas cotidianas. Pero de ahí a llamarlo Música Inteligente de Baile (en inglés IDM)…

En cuanto al mal rollo contemporáneo, “Krieg und Frieden” y “Shaking the habitual” comparten el espejismo del hombre angustiado (¿nace o se hace?). A fuerza de mortalidad, desprecio, recesiones y quiebra moral, los dos discos se complacen en provocar reacciones liberadoras similares que nos llevan a un aquelarre de electricidad e inclemencia. Junta General de almas que se refugian en canciones de persianas bajadas y estribillos exiliados. Una tortura bien llevada, claro. Una enredadera de emociones disparatadas. Un asilo de eclipses y decepciones. Un motivo, mejor, dos, para que resulte inevitable tener un presentimiento o sentir una oscura emoción.

Algo así “como el rumor del trueno que precede a la tormenta.” (F. Scott Fitzgerald en “Suave es la noche”)

(Esta reseña va inevitablemente asociada a la del álbum de The Flaming Lips “The Terror”).

* Regular, * * No está mal, * * * Bueno, * * * * Buenísimo, * * * * * Discazo

 

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