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DAVID BOWIE “The next day”: Las estrellas nunca se retiran.

David Bowie "The next day"

Calificación: * * * * 1/2

Sello: ISO/Sony Music.

Año: 2013

Después de casi 10 años de ausencia, Bowie se ha presentado a traición y por la espalda desconcertando, incluso, a los mercachifles de la información digitalizada. Estrenando en internet, sin previo aviso el día de su cumpleaños (el 8 de enero), el vídeo de una nueva canción, “Where are we now?“, en el que no ocultaba su fragilidad, todo lo contrario, pues aparecía taciturno, casi desvalido.

La rumorología que con anterioridad presagiaba lo peor de su prolongado silencio aullaba entonces de emoción con el retorno del Hombre de las Estrellas, del Delgado Duque Blanco, y nosotros, engatusados como siempre por el personaje, hacíamos corro con nuestra euforia. Costaba abstraerse de la expectación generada para entregarse de lleno al valor musical de la noticia. Costaba imaginar la perfección de ese pacto de silencio que al parecer tuvieron que firmar los que participaron en el álbum. Y costaba creer a Tony Visconti, el productor, cuando decía que el primer single elegido no era representativo del sonido guitarrero del resto de las canciones. Con todo, la sorpresa y las contradicciones nos servían para prolongar la fiesta hasta que llegara la fecha del estreno para constatar.

Le hermosean a Bowie las intenciones tanto como los resultados, de ahí que algunas de sus obras, incluso en los 80, se vean beneficiadas de todo lo que las rodea más allá de las canciones y, sin embargo, gracias a ellas. La pericia con la que este hombre flirtea con el mundo entero sólo es comparable a sus múltiples mutaciones, sin dejar por un momento de ser totémico y coherente. Casi seguro que ha vuelto porque nos necesitaba. Y nosotros a él.

Lo primero que llama la atención en “The next day” es la vindicación Bowie/Visconti de la producción “Scary Monsters“, disco que ambos realizaron en 1980 con un sonido compacto y moderno, supuestamente sucio, pero comercial (el injustamente desdeñado pop/rock para adultos), que allanaba el camino de la nueva década, pasado el fulgor inicial del punk y mirando con retranca los tiempos de la experimentación berlinesa.

Y lo segundo, que habiendo situado el listón de las expectativas tan alto y dándole un par de vueltas sin prejuicios y a todo trapo al LP, el gran Bowie ha conseguido no decepcionarnos con un álbum espléndido sin ninguna canción memorable. Aunque esto lo iremos matizando más adelante.

La sorpresiva pegada guitarrera de las primeras cuatro canciones, vía “Scary Monsters“, nos zarandea sin contemplaciones. “Saben que Dios existe porque el diablo se lo ha contado”, “Pueden trabajar con Satanás mientras se vistan de Santos”, canta Bowie afilado en “The next day” aunque no tan cabreado como lo estaría en Tin Machine. Crecido, pues nos sabe alucinados, insiste en la embestida tirando de cabaret en “Dirt Boys“. Nos vacila con unos míticos e irresistibles “Uh, uh, uh, uh / Uh-uh-uh-uh” en “The stars (are out tonight)” y elabora una hermosa y pesimista crónica de ese descalabro que supone sentirse un extranjero de sí mismo al pasar de la edad pop (la de la juventud) a la edad adulta (la de los problemas.)

Cambio de tercio. Bowie corta el viento canalla con su memoria icónica y una sutil ironía. Su Berlín decadente a lo mejor no es el nuestro, pero la pregunta es pertinente y sí que es para todos: “¿Dónde estamos ahora?” Una balada de largo recorrido que, siendo en apariencia una mala elección (o ese era, al menos, el reclamo) es, para nosotros, el anti single perfecto.

Amable e inofensiva, la guitarra de “Valentine’s day” se adhiere en cada estrofa y las envuelve juguetona. Después, nada de juegos San Valentín, que aquí llega Bowie con la cura: “If you can see me“, extraña, esquiva y lujuriosa; es el antídoto y la anti-adherencia.

How does the grass grow?” es un estrambótico collage con homenaje marciano incluido al “Apache” de Jerry Lordan, el tema que hicieron estratosférico The Shadows. Mientras que “(You will set) The world on fire” y “Dancing out in space” sacan los colores a los que ponen a caldo la época de “let’s dance” y de paso nos hacen desempolvar los zapatos de baile de lo más profundo del armario.

Sabe Bowie que a estas alturas del partido falta algo de drama (“You feel so lonely you could die” es un intenso ajuste de cuentas) y de atmósfera Eno- berlinesa (“Heat“) para rematar. Y sabe Bowie también que si al conjunto le añadimos saxos (que no toca él), coros femeninos, fiereza bien llevada, referencias constantes pero no evidentes a la dama de la guadaña, unas gotas de psicodelia inofensiva (“I’d rather be high“) y de sosería dosificada (“Boss of me“), el álbum queda listo para que los que lo esperábamos vestidos con nuestras mejores galas (zapatos de baile incluidos), con ramos de flores, casi rendidos, no tengamos que hacer de tripas corazón y saborear un limón poniendo buena cara. Por el contrario, aquellos que lo esperaban detrás de la esquina acariciando al perro de presa sentado a los pies, con la palabra decepción en la mirada, tienen su cuota para argumentar el batacazo del hombre que cayó a la tierra, sobre todo cuando lo vean  rebotar en la red de seguridad con la air guitar entre las manos.

(No te cortes y clickea la portada)

* Regular, * * No está mal, * * * Bueno, * * * * Buenísimo, * * * * * Discazo

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