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RON SEXSMITH “Forever endeavour”: Lujuria en soledad.

RON SEXSMITH "Forever Endeavour" (2013)

Calificación: * * * * 1/2

Sello: Cooking Vynil

Año: 2013

Ten mucho cuidado con “Forever endeavour” porque la procaz delicadeza y el estimulante romanticismo de unas canciones como montañas hacen que se convierta en uno de esos discos que, desde la primera vez que lo escuchas, quieres que se quede a vivir para siempre en tu discoteca. Delicioso (la composición y la voz de Sexsmith) y aromático (la producción y los arreglos del socio Mitchell Froom), “Forever endeavour” se disfruta como el primer café de la mañana, desde el primer sorbo (el que moja los labios y despierta los sentidos) hasta el último trago (el que trae consigo la energía de una jornada).

El canadiense Ron Sexsmith lleva ya, con este, 13 discos publicados y parece que cada vez que saca uno nuevo tenemos el deber de vindicarlo para que se sepa que existe. Resulta curioso porque el tipo, además de escribir buenísimas canciones y hacer discos excepcionales, es admirado por ilustres compañeros de profesión y, casi siempre, es muy bien tratado por la prensa musical. Y es que no todo el mundo disfruta bebiendo café en el desayuno.

No esperábamos del siguiente Sexsmith, después de las intenciones mainstream de Ron al encargar la producción del anterior “Long player late bloomer” al también canadiense Bob Rock, otra cosa que no fuera una repetición de la jugada, en vista de los estimables resultados comerciales de aquel. Sin embargo, cuando supimos que esta vez Ron se decantaba por una vuelta al sonido de sus primeros discos (no tan apabullante y monótono como lo que hizo Bob en “Long player…” y sí más recogido), nos frotamos las manos al imaginar, cuando menos, otro “Whereabouts” (1999). Para nosotros, una de sus cumbres.

Marcado por el miedo y la muerte (en el verano de 2011 le descubrieron un bulto en la garganta que después de tres meses de pruebas resultó benigno), “Forever endeavour” es la respuesta romántica de Ron Sexsmith a la tragedia de hacerse mayor. Ese periodo sin fecha que se inicia, como diría Woody Allen, justo cuando las palabras más reconfortantes que uno puede escuchar son: es benigno.

Por lo demás, Ron Sexsmith canta de maravilla (como siempre) unas canciones, a pesar de todo, vitales y llenas de referencias, honestas y confesionales, que hablan del arrebato, la tentación y el arrepentimiento, como es el caso de “Snake Road“, con un sonido muy rythm’n’blues y muy “Lady Madonna” (tanto la melodía como los fabulosos arreglos vocales de “Back of my hand“, compiten con “Snake Road” para ver cuál es más Beatle de las dos); de esa extraña paradoja que supone tener que llegar al punto de echar de menos a alguien para saber apreciarlo (“Nowhere is“); y del reconocimiento, como consecuencia de la apreciación, de que ese alguien es el amor de tu vida (“She does my heart good“).

Ron acumula recuerdos en “Depends with time“, poniendo en duda tanto los beneficios como los daños irreversibles que nos puede causar la nostalgia mal administrada; e intenta transmitirnos sus sentimientos y sus necesidades de soledad (“Me, myself and wine” es un canto agradecido al placer de la soledad elegida con un sutil y chispeante arreglo al estilo Nueva Orleans) y también de compañía (“The morning light” cierra el círculo con una sonrisa de celebración, la que se nos pone cuando nos levantamos, bañados por la luz del sol de la mañana, al lado de nuestra amada).

Lost in thought” nos recuerda a los primeros discos de Ron Sexsmith con Mitchell Froom, en los que la producción no intentaba aturullar a las canciones. Y “Blind eye“, con una preciosa y épica introducción, es una balada country empapada del paisaje de Canadá.

Proclama Ron que si alguna vez nos vemos en la necesidad de huir, escapar o desvanecernos, lo hagamos con la dignidad y la elegancia de los humildes, de los silenciosos, en la rocosa balada, “Sneak out the back door“, que hubiera quedado perfecta en cualquiera de los “American Recordings” de Johnny Cash. Aunque no es la única. Y es que nos resulta muy difícil no caer en la tentación de imaginar un recitado divino del forajido Cash en la tremenda “If only avenue“.

Nowhere to go” abre en cinemascope esta epopeya del hombre común que es “Forever endeavour“, y que se cierra con dos divinidades extras escritas mano a mano con el prestigioso letrista Don Black (habitual colaborador de John Barry en varios de los temas principales de la saga James Bond): “Autumn light“, que Ron siempre había imaginado con la voz de Tony Bennett; y “Life after a broken heart“, que, proponemos nosotros, podría tener la voz de Elvis Costello.

Maravilloso.

(No te cortes y clickea la portada)

* Regular, * * No está mal, * * * Bueno, * * * * Buenísimo, * * * * * Discazo

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