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THE HEAVY “The glorious dead”: Lobo bueno, hombre malo.

THE HEAVY The glorious dead

Calificación: * * * 1/2

Sello: Counter Records

Año: 2012

Toma ya. Enfrascados como estábamos en hacer el balance musical del año, nuestros colegas de la revista Efe Eme van y nos hacen zozobrar entre listas y vinilos al descubrirnos, gracias al artículo escrito por Juanjo Ordás, “The glorious dead” de los británicos The Heavy. Un disco polimorfo y divertidísimo que, a pesar de haber salido en agosto, ha tenido poquísima repercusión en los medios españoles, por lo menos hasta ahora. Así que desde mycrosurcos, y haciendo de caja de resonancia, nos sumamos al ruido y la gloria.

Estos chicos son un jaleo. De verdad. Un híbrido entre la testosterona ochentera de los Midnight Oil, el inofensivo funk comercial de los Fine Young Cannibals (la trémula voz del legendario Roland Gift y la de Kelvin Swaby, el frontman de The Heavy, tienen cierto parecido), y el clasicismo troglodita y bluesero de Screamin’ Jay Hawkins.

Y es que cuando uno cree haber asimilado el sonido de la banda desde el principio, ese hard blues rock industrial que es “Can’t play dead“, de repente se ve obligado a cambiar de dirección y acomodarse, de sopetón, al pop pegadizo y comercial de “Curse me good” para después, sin tregua, bajar las ventanillas y sacar los brazos para calmar el fuego de esa monstruosidad llamada “What makes a good man?” (un trallazo de energía soul-rock, coro gospel incluído) aullando en la cuneta, en mitad de un brote de locura licántropa con “Big bad wolf” (como unos TV On The Radio pero sin las ataduras del prestigio que da ir de raritos).

Nos hacen pisar el freno tirando del arrabal en “Be mine“, para atacarnos por la espalda, reapareciendo como más nos gustan, con el blues salvaje y sobreproducido de “Same ol’” y el punk de reciclaje (entre Los Sonics y Los Stooges de Iggy Pop), de la fantasmal “Just my luck” (con un fin de fiesta trompetero que se nos hace muy corto).

Nos llevan de verbena con el coche llenito de espíritus: el de Marc Ribot, el de Greg Cohen, el de Ralph Carney y el de Bunbury (haciendo de Tom Waits) en “The lonesome road“, cayendo rendidos después de tanto bandazo, haciéndonos devotos de su esquizofrenia sonora con el funk inflamable de “Don’t say nothing“.

Americanizados hasta la vulgaridad y sin pudor en las orejas, nos dejamos achuchar por este glorioso pastiche que para terminar sería capaz de convencernos para que sacásemos a bailar un agarrado, “Blood dirt love stop“, a una curvilínea dama vestida de negro portando una guadaña en una mano y en la otra un gran lobo malo. Algo así como una cura para semejante mareo musical (o era resaca).

* Regular, * * No está mal, * * * Bueno, * * * * Buenísimo, * * * * * Discazo

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