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FRANK OCEAN “Channel ORANGE”: Hijos de Príncipes y demás ralea.

FRANK OCEAN Channel ORANGE (2012)

Calificación: * * * *

Sello: Def Jam Recordings

Año: 2012

Echa uno tanto de menos a Prince que cada año, a falta de genialidades estrambóticas con tacón, se conforma con sus hijos putativos. Hijos todos a su vez de aquellos ilusionistas del soul, el funk o la música negra que, sobre todo en los años 70, pavimentaron el camino para que después unos jovenzuelos engreídos, con más pose que canciones (no todos, no siempre), desgastaran el asfalto haciendo discos como churros a raíz de la decadencia, en los 80; fusilando samplers, es decir, las ideas, a partir de los 90, para acabar todos indigestados de etiquetas (hip-hop, electro-funkR&B, nu-soul…) que no sirven más que para diversificar, muchas veces, la nada. Exagerados y sobreproducidos discos que, en honor a la verdad, incitaban a mirar hacia atrás, a los padres, con morriña y delectación.

En 2003, el enjuto y revoltoso André 3000 (que, por cierto, participa en este álbum), del dúo Outkast, fabricó “The love below” (mitad de un falso disco doble, puesto que en realidad eran dos discos independientes comercializados en un mismo envoltorio), tirando de la genética principesca, como arrebato y deslumbrante emancipación del sonido hip-hopero de los de Atlanta, calmando así un tanto la sed purpúrea (del que esto gime).

En 2010, luciendo fulgurante flequillo afro, una arrebatadora (enjuta y revoltosa) androide llamada Janelle Monáe (también con acento), publicó un orgásmico álbum, “The Archandroid“, que hizo un nudo con nuestras piernas y nuestros brazos sin saber muy bien como desatarlo. Descoyuntados, sin el padre, pero sin desestimar algún tipo de resurrección todavía, hemos esperado desde entonces el advenimiento del enésimo hijo de Prince.

Los daños colaterales de las reminiscencias Prince, en las primeras escuchas de “Channel ORANGE“, acaban por convertirse en irreversibles en las sucesivas (yo mismo he tardado algunos meses en salir del trance ensimismado, sin poder escribir un juicio de valor hasta ahora, acerca del superlativo tamaño del álbum de debut de Frank Ocean), resaltando esto como virtud de unas canciones de largo alcance que, sin alardes modernistas, se van haciendo musculosas como lo eran las de Prince antaño. La preciosa voz (Marvin Gaye y Prince otra vez) salpicada de un increíble falsete (“Thinkin bout you” y “Pilot Jones“) y los medios tiempos engalanados con electrónica de guante blanco (“Sierra Leone” o la misma “Thinkin bout you“) son las señas de identidad de este talentoso tipo de 25 años, miembro de la formación Odd Future, que para combatir el ruido de ahí fuera no se le ha ocurrido otra cosa mejor que meter más ruido si cabe, publicitando su primer escarceo homosexual de verano que al final, como suele ocurrir, ocupa más espacio en los papeles (pantallas de cristal líquido para ser más exactos) de lo que debería. Claro que la campaña ya está hecha.

El procaz geniecillo de Nueva Orleans redunda en temáticas provocadoras (en “Forrest Gump” echa más leña al fuego de su vida sexual publicitada) y sociales (“Super rich kids“, obvia y maravillosa crítica a los niños de papá). Alardeando de Stevie Wonder en el alma, de brillantez compositiva (En “Pyramids” se pega el pasote de hacer un tema de 10 minutos dividido en dos partes haciendo una analogía entre dos Cleopatras, la reina del Antiguo Egipto y una chica que baila en un club de striptease llamado Pyramid) con canciones tan brutales como “Sweet life” (co-escrita con Pharrell Williams), tan sorprendentes como “Crack rock“, tan galácticas como “Monks” y tan sexualmente oscuras como “Pink matter“, con André 3000 tocando la guitarra y rapeando al final del tema. La cuota baladista la pone “Bad religion“, aparentemente la más floja del álbum, en la que Frank, tirando de ironía, convierte un taxi en improvisado confesionario para que un cliente le suelte la chapa al conductor/sacerdote sobre una relación pasional (¿secreta?) que mantiene.

Para que os hagáis una idea, Prince está empezando a llorar de placer entre mis discos.

* Regular, * * No está mal, * * * Bueno, * * * * Buenísimo, * * * * * Discazo

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