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VAN MORRISON “Born to sing: No plan B”: No guru, no method, no teacher, no plan B.

Van Morrison "BornToSing"

Calificación: * * * *

Año: 2012

Sello: Exile Records/Blue Note Records

Muy mal nos tienen que estar yendo las cosas para que el gruñón y egocéntrico Van, The Man, reivindique, desde el título, el placer que da poder vivir de lo que a uno le gusta o, simplemente, de lo único que uno sabe hacer: cantar, rugir el blues, para ser más exactos.

A Van Morrison no le va a faltar para comer, aunque no tenga un plan B, desde luego, pero estimula que se ponga en plan bruto y antisistema, despotricando contra el capitalismo y la pleitesía que rinde el hombre moderno al dios dinero sin haber sido nunca (hasta él mismo lo reconoce) un compositor especialmente social o comprometido.

Desde 1999 con “Back on the top“, tras una década majestuosa: “Hymns to the silence” (1991), “Too long in exile” (1993) (de la que rescata en este “Nacido para cantar” el instrumental “Close enough for jazz” para ponerle letra) , “Days like this” (1995) y “The healing game” (1997); el León parecía acomodado en un repertorio que incluía una excelente combinación de elementos tales como el rythm’n’bues, el jazz, el soul, el swing, el country o el skiffle, en canciones infalibles, con banda consolidada (¿por qué no vuelves Georgie Fame?) y piloto automático que, para los que esperábamos ansiosos otro álbum en plan carne de gallina, el sosísimo “Keep it simple“, de 2008, significó la prueba definitiva de que la fórmula, con esos ingredientes, empezaba a hacerse repetitiva.

Así que en esas estábamos, despertando de la resaca, cuando a finales de 2008 Morrison decidió revisitar en directo “Astral Weeks“, un disco poderoso y seductor, mágico y atemporal que hizo en 1968 con tan sólo 23 años, corroborando que de aquellos príncipes vinieron estas ranas.

Born to sing: No plan B” no es “Astral Weeks“, eso está claro, pero sí es el disco en el que el piloto (manual) recobra el control de los mandos y el cantante la inspiración compositiva (¿y la conciencia de clase?) de la nave, lo cual no está nada mal.

Hablando del cantante (y de la conciencia de clase), salvando las distancias, “Born to sing“, la canción, viene a ser algo así como el trasunto del tema que Rubén Blades escribió para Héctor Lavoe (“El cantante“) a finales de los setenta, sin la salsa, con más Nueva Orleans, pero con menos sentimiento. Son otros tiempos y ya no procede hablar del objetivo de lo que se canta y cómo se canta, sino de llegar a fin de mes.

Como canon de belleza, la Voz de Van Morrison es la prueba irrefutable de la existencia de un ser superior (¿Dónde está Dios?) que una vez se dedicó a ir repartiendo ciertos dones a algunos elegidos por ahí. Escucharle no va a dejar de ser nunca un placer ritual que acaba convirtiéndose en necesidad. Una mística y astral peregrinación, decepciones religiosas aparte (aDiós Cienciología), al catalogo (desde “Gloria“, por ejemplo), con Voz dentro, de canciones sanadoras y energéticas, tan preciosas como preciosistas, que acaban por hacernos sentir especiales hasta cuando tendemos la ropa de la lavadora.

A pesar del Boogie eléctrico con el que el muñeco de voodoo de John Lee Hooker enchufa los punteos de la guitarra de Morrison en el Blues “Pagan heart“, “Born to sing: No plan B” es un disco, sobre todo, de vientos (con Van tocando el saxo en la mitad de los temas), teclados y raíces (East Belfast, el Condado de Down, sus calles, los recuerdos), que se impregnan de toda esa mística y de su (pr)esencia:

Miscelánea exquisita y selectiva en “Retreat and view“; fogosidad variable de Otis Redding, Sam Cooke y Ray Charles en “Open the door (to your heart)” y un trocito de rabo de nube con una pizquita del final de un arco iris en la olla de oro para bailar pegados, a pesar de saber que siempre ganan los mismos (“End of the rainbow“).

El baladista tira de la experiencia de un jazzman de cruceros para incorporar en el repertorio la elegancia y las contorsiones de los dibujos animados del Hammond y el piano antes de llegar a buen puerto con “Goin’ down to Monte Carlo“. No duda en pintarse de negro algo más que el corazón en la telegráfica y suburbial “If in money we trust“, con cierto karma macarra y vacilón de la Blaxploitation setentera. Y se coge un buen berrinche, sin quitarse el sombrero, en la política e incisiva “Educating Archie“.

Desde luego, cada vez que escucho cantar a Van Morrison, más que las ganas de hacer una revolución, de lo que me entran ganas de verdad es de hacer el amor (justo después de haber tendido la ropa).

 

* Regular, * * No está mal, * * * Bueno, * * * * Buenísimo, * * * * * Discazo

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