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Canción para un melodrama ambientado en los 80.

A veces, por ahí escondida, anda La Belleza flirteando con nuevas víctimas que tratan, a su vez, de dar esquinazo, dinamitar o simplemente poner los cuernos a ese otro tipo de belleza que es La Soledad: ingenua señora que sin hacer ruido se cuela dentro de nosotros y sin querer no nos escatima el tiempo para que podamos rebuscar, encontrar y después apreciar La Belleza en forma de lo que sea, incluso de canción.

Así, de esta manera absurda y cotidiana, una tarde soleada de primavera -¿o ya era verano?, no recuerdo,- en mitad de un fuerte ataque de melancolía, se me apareció de repente, vía cierta aplicación para escuchar música en streaming que hay por ahí, curioseando entre los artistas que dicha aplicación relaciona en función de tus favoritos, “In a manner of speaking“, un tipo de Belleza musical para quebrar el inmenso desastre y fomentar el melodrama.

Tuxedomoon en mitad del éxtasis ruidistaPorque yo, la verdad, a los Tuxedomoon tampoco es que los tuviera, ni siquiera, un poquito escuchados. He de confesar que el estilo de música que practicaban (y que en cierta manera siguen practicando, que todavía sacan discos y giran por ahí) nunca me interesó demasiado: new wave, avant garde, moderna de los 80, electro-punk, punk-rock o cómo se llame; en su caso destinada, en un principio, a acompañar representaciones artísticas (perfomances, ballets…) de la escena creativa del San Francisco de finales de los 70 y principios de los 80. Además, me pilló un poco enano y después, pues como que tanto la música como la puesta en escena no ha resistido muy bien el paso del tiempo, digo yo, y en algunos casos hasta ha caducado, aunque esto, a veces, en lugar de ir a la contra es lo que precisamente le ha dado una pátina interesante a ciertas canciones que por sí solas, sin esas producciones tan dependientes, ya eran muy apreciables. De todas formas, en la mayoría de los casos no ha sido así y el tiempo, como implacable cobrador, les ha pasado una factura infinita que ha hecho que miremos de reojo aquella etapa de sintetizadores en pleno proceso de transformación, pillándonos de improviso el papel que empezaban a jugar las computadoras en la música.

A lo que íbamos.

Sí, “In a manner of speaking” es muy ochentera, muy pretenciosa, muy dramática, muy minimalista, muy arty, muy exagerada… pero tiene “algo” inexplicable dentro. Un “algo” que sólo tienen las canciones que reviven más allá de su tiempo (en el que fueron concebidas), a pesar de su profunda tristeza, saltándose las barreras del idiomaTuxedomoon - Live at Karen,Gothenburg, Sweden, 26 October 1984 en el que fueron interpretadas, haciéndote partícipe de lo que cuentan, como si estuvieran cantando de lo que a ti te pasa. En este caso, “In a manner of speaking“, a la manera de un western suburbano en blanco y negro,  tiene una atmósfera asfixiante y mínima, con un sencillito prólogo de teclado y una melodía que se va construyendo a timbre de voz, dramático y aguafiestas (muy Bowie, muy Scott Walker), acompañado de un exiguo punteo de guitarra y un silbido fantasmagórico y lejano que reverbera en el subconsciente (muy Morricone), hasta que una segunda voz, no menos fantasmagórica y lejana, entra para hacer coros, enfatizando (libremente) la primera y tercera estrofa, mientras la voz principal se desgarra en la segunda vuelta al estribillo y agoniza hasta el final.

Tres minutos y medio en la gloria del infierno.

Pero lo que realmente hace que “In a manner…sea especial (espacial), por encima de todo, es la increíble letra que tiene: un tratado sobre la indolencia, la justificación de un desgaste o la reivindicación desesperada del significado que tienen las palabras que no se dicen. Una letra extrañamente madura y supuestamente intelectual que, gracias a su oscuridad, parece tierna y arrepentida.

Tal vez aplicada al ocaso personal, la hora del crepúsculo, esta magnífica canción de los Tuxedomoon sólo sirva como banda sonora de una mala racha que, sin ser muy estricta con la ley de signos, cumple con esa regla que hace que lo negativo multiplicado por lo negativo no sea necesariamente el doble de negativo.

Aquí va el vídeo con el tema original para que os regodeéis con La Belleza (también con La Soledad).

Y aquí va una delicatessen grabada en directo para el programa La Edad de Oro, de Paloma Chamorro, en 1983. Con letra traducida y todo. Fabulosa y triste bestialidad.

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