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NEIL YOUNG WITH CRAZY HORSE “Americana”: Guitarrazos, porrazos y coros celestiales.

Neil Young with Crazy Horse "Americana"

Calificación: * * * 1/2

Año: 2012

Sello: Reprise Records

El problema es que nos tomamos demasiado en serio los discos de versiones o, mejor dicho, de transición, de punto y aparte, separadores de fases que los artistas utilizan para disfrutar de/con su banda o, como en los recientes viejos tiempos, para cumplir en cantidad con lo estipulado en su contrato discográfico.

A la manera de los niños hiperactivos, Neil Young saca un álbum de canciones con carácter añejo/folk/reivindicativo que parece ser la coartada perfecta para reencontrarse con sus tremendos camaradas, los Crazy Horse, en las vacaciones musicales, entre guitarrazos y porrazos a la batería, a la espera de material nuevo. Y nosotros tomándonoslo en serio, pero lo justo.

Las virtudes del proyecto, no obstante, son las mismas que las objeciones que plantea: una propuesta macarra apoyada principalmente en la poca delicadeza musical (en teoría, grabaciones sucias de la banda en directo), obviedad (encubierta con decibelios Young) en la selección del cancionero y la sensación de estar escuchando el disco de unos músicos increíbles que nada tienen que demostrar salvo que su guitarra suena tan fuerte o más de lo que sonaba cuando el caballo además de loco no tenía canas y lucía frondosa cabellera.

Invocando al espíritu del trovador, Neil Young recupera en “Americana” la función olvidada para la que también fue concebida la música popular: transmisión de unas letras y unas melodías a través de generaciones que las van adaptando. En esto, Neil se convierte en un falso purista y destroza los originales a su antojo. Y, claro, cuanto más destroza, mejor es el resultado:

Oh Susannah” es un single perfecto para tener expectativas. Neil se recrea en su folk de garaje utilizando como base la adaptación que hizo Tim Rose con The Big Three en los 60 (“The banjo song“), pero obviando el acompañamiento ideado por Rose que luego desembocaría en el exitazo “Venus” de Shocking Blue.  En “Clementine” tampoco se queda corto. Vamos, que si Pete Seeger la hubiera cantado en Barrio Sésamo, Neil tendría que haberse hecho un dúo con la Bruja Avería en La Bola de cristal.

Recurre al Woody Guthrie más conocido en “This land is your land” y se da un pasote doo woop, que uno no sabe exactamente si viene o no al caso, en “Get a job” de The Silhouttes.

Se desquicia, procurando desquiciarnos a nosotros también, en la excesiva “Tom Dula“. Se divierte tocando “Travel on” (explayándose en su reconocible melodía) y “Gallows Pole” (según la adaptación que hizo la fabulosa cantante folk, Odetta). Y se reserva un tramo final que es de aúpa: “High Flyin’ Bird” parece que siempre estuvo ahí para que Young la tocara. “Jesus’ chariot” nace de un espiritual que recorre el mástil de la guitarra para transformarse en un Aleluya eléctrico y distorsionado proveniente del gato que Neil Young lleva dentro. Y “Wayfarin’ stranger” es una delicia rupestre y susurrada que a estas alturas es capaz de convertir a los insatisfechos y sacar de la ignota oscuridad y del implacable olvido al “gigante” Burl Ives, con permiso del desconocimiento.

De la broma infinita aderezada con coros celestiales que cierra el álbum ni hablamos.

Ja.

 

* Regular, * * No está mal, * * * Bueno, * * * * Buenísimo, * * * * * Discazo

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