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PAUL WELLER “Sonik Kicks”: Pataleta creativa.

Paul Weller "Sonik Kicks"

Calificación: * * * *

Sello: Island

Año: 2012

Haz la prueba, después de escuchar “Sonik Kicks” ponte algo de Style Council y de The Jam y te darás cuenta de tres cosas: una, que hacía demasiado tiempo que no los escuchabas; dos, que tienen un repertorio que ha resistido (las algodonosas y anticuadas producciones de los 80, en el caso de Style Council) la mar de bien el paso del tiempo; y tres, que Paul Weller es de los pocos artistas de los que verdaderamente se puede decir que ha sido capaz de reinventarse (obviando el tufillo marketiniano de la palabra) sin dejar de ser él mismo ni de hacer buenísimas canciones.

Y es que, por mucho que te atrevas a asegurar que es la primera vez, Paul Weller ya lo había hecho antes y mejor: Cambió el traje negro ajustado y mod por el de ejecutivo elegante en pleno boom económico (de económicas) de los 80; abandonó una peligrosa tendencia al esteticismo por una actitud mucho más directa y reivindicativa de los sonidos Soul y Rythm and Blues de los que se había enamorado en su juventud; y empezó a investigar en el terreno de la improvisación y las producciones ultramodernas cuando su arsenal de pólvora rítmica se empezaba a mojar bajo la lluvia del adocenamiento.

El tremendo despliegue de sabiduría del que ha hecho alarde Weller en sus discos en solitario (y no sólo en solitario), por lo menos desde el homónimo, “Paul Weller”, hasta “Heliocentric” (los primeros síntomas de aburrimiento comienzan a apreciarse en el irregular “Illumination” y desembocan en la clamorosa búsqueda de un punto de inflexión con el de versiones, “Studio” 150”), empezaba a menguar a medida que engrandecían (engrandecíamos) la talla de su leyenda. Todos hablaban del legado de Weller, pero casi nadie revisitaba a The Jam o a Style Council otra vez.

Fue entonces cuando en 2008 se alía con el equivalente a lo que fue Brian Eno para el David Bowie de Berlín, Simon Dine (Adventures in Stereo y Noonday Underground), con el que ya había tenido una aproximación al sonido “Sonik Kicks” en el single “It´s written in the stars”, de “Illumination”, y saca “22 dreams”, un arrollador alegato a favor de la libertad creativa sin mesura de 21 canciones (su “Honestidad Brutal”, vamos).  Dos años después sale el álbum “Wake up the nation”, una secuela más combativa que los veintiún sueños, y ahora “Sonik Kicks”, la tercera parte de lo que podríamos llamar: la etapa de filigranas sonoras del inquieto Paul.

Weller, ahora con tremendo fondo de armario, se viste con los trajes de la electrónica (“Green”), el dub (“Study in blue”) y la psicodelia post-punky (“Around the lake”) pero sin recurrir a los disfraces. Cobija su voz bajo el manto de una producción posmoderna para resaltar todavía más el valor de cómo canta (“The attic”). Amenaza con la debacle sonora y nos arrastra a un cúmulo de sensaciones que se convierten en adictivas en las sucesivas escuchas del álbum. Alimenta al camaleón que lleva dentro para dejar en ayunas la decepción de los que le esperan con las garras afiladas y sacia nuestra curiosidad con una jovialidad contagiosa: el ritmo efusivo de “Kling i Klang”, incita a la pista de baile. En “That dangerous age” no puede evitar ver su cara de pavor en el espejo, el de unos hijos adolescentes, mientras el reflejo le devuelve como éstos crecen imparables. Y por si fuera poco, Weller les canta “Be happy children” a sus gemelos recién nacidos, en plan “Heal the world” de Michael Jackson. Muy divertido, la verdad.

Paperchase” es, simple y llanamente, un temazo que no hubiera desentonado en los discos “Parklife” o “The Great Escape” de Blur, con un estribillo fabuloso y un desenlace progresivamente ruidista. Y “Drifters” incide en un soniquete aflamencado y moruno, gracias al riff de Steve Cradock, que nos obliga a sucumbir a sus encantos.

La voz quebrada de Weller suena gloriosa y potente en “By the waters”, balada acústica del tipo mágico que se le suele dar tan bien componer al británico. Por cierto, en este plan merece mucho la pena destacar, de la edición especial, la sencilla precisión del mejor folk-inglés de “Devotion”.

Seguid la estela de “Sonik Kicks” en la onda de choque de los ritmos honestos (y también brutales) de las 14 (16) explosiones sónicas, si podéis. Si queréis.

 

* Regular, * * No está mal, * * * Bueno, * * * * Buenísimo, * * * * * Discazo

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