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RALPH BURNS (y Bob Fosse): El extraño caso de la canción perdida, confundida y, posteriormente, encontrada; a pesar de que Burns ni la escribió.

cartel de Lenny (1974) de Bob FosseLa primera vez que vi “Lenny” (en televisión, claro) tenía yo, vamos a ver, unos, digamos, 18 años. Por aquel entonces no es que pudiera presumir de grandes conocimientos en música jazz, más bien todo lo contrario. Sin embargo, gracias a las referencias que leía en revistas (a Pedro Calvo en Diario 16) o las canciones que escuchaba en programas especializados (sobre todo los de “Cifu”), a determinadas horas en ciertos diales, fui tomando nota (literal) para ir haciéndome poco a poco con una discografía jazz de supervivencia.

Tengo mala memoria y las cosas que me han pasado empiezan a cumplir demasiados años (Gil de Biedma que estás en los relojes), pero si hay algo que puedo recordar con la hermosa nitidez de las leyendas es la primera vez que oí la melodía de un viejo estándar de los 40 de Rodgers y Hart en la banda sonora de una película: “It never entered my mind”.

En realidad, toda esta historia se basa en una confusión.

Mis 18 fueron un tiempo de libros, canciones y películas. Bueno, hubo otras cosas, pero para ellas habría que dedicar otro blog. Efectivamente, vi “Lenny” de Bob Fosse en la televisión y, aparte de alucinar con la película, me quedé colgado de la balada que sonaba en algún momento de la misma y en los títulos de crédito finales. Yo creo que en el pase no dejaron los créditos hasta el final, que los cortaron antes, porque no anoté, como tenía por costumbre cuando escuchaba un temazo, el título y el artista. La cuestión es que anduve como alma en pena (no eran tiempos de internet) intentando encontrar la película de Fosse en VHS para saber quién tocaba esa líquida trompeta. Y ahí se quedó el temazo.

Algunas semanas después perdí la razón viendo, también en televisión, “Shadows” deFotograma de la película "Shadows" (1959) de John Cassavetes Cassavetes. Aquello no era una película, era una fundación y, en cierta manera, el desencadenante del jaleo que me hizo ver gigantes en lugar de molinos: Sin haber tomado notas ni haber grabado ninguna de las dos películas, mantuve durante mucho tiempo con firmeza que la balada que me desvelaba sonaba en la película de Cassavetes, sin asociarla ya a la de Fosse. Obvio, por otra parte, ya que la atmósfera jazzística de “Shadows” ayudaba lo suyo a tergiversar la memoria (“The film you have just seen was an improvisation”).

Consolidé dicha creencia hasta que volví a ver “Shadows” para descubrir horrorizado, cual “Shazam” con sentimientos, que no había manera de identificar la canción en su banda sonora. Por el contrario y como contraprestación, descubrí el saxofón de Shafi Hadi y a un tal Charles Mingus que me incitaba a seguir tras la pista de su legado.

El desenlace, a partir de aquí, cuesta abajo hacia un final feliz.

Revisité “Lenny” anos después, otra vez en televisión, colmando mis oídos de satisfacción al escuchar, sobre el claroscuro resacoso y canalla de la fiesta en la que se hacen ojitos Lenny y su futura esposa, Honey, al igual que al final, sobre el cadáver del provocador precursor y los títulos de crédito; la versión instrumental que Miles Davis hizo, en el año 54, con Horace Silver al piano, Percy Heath al bajo y Art Blakey a la batería (dos años antes de que Miles la rehiciera para el álbum “Workin’” con su quinteto) del tema compuesto por Richard Rodgers (con letra de Lorenz Hart).

¿Y dónde queda Ralph Burns en todo esto?

Mr. Ralph Burns cometió la tropelía, en un determinado momento de su carrera, de asesorar en temas musicales al bailarín, coreógrafo y director de películas, Bob Fosse, originándose, a partir de este instante, un maremoto de sensaciones de music-hall y decadencia con la que arropar el delirio y la frustración de cintas como “Lenny” y, sobre todo “All that Jazz”. Un tipo con buen gusto y dilatada experiencia que formaría un estupendo tándem con Fosse al estilo (americano, por supuesto) del que formara Federico Fellini con Nino Rota.

El pianista y compositor Ralph BurnsNacido en Newton, Massachusetts, el 29 de junio de 1922, ya, desde pequeño, aprendió a tocar el piano intentando transcribir las melodías que escuchaba de sus ídolos (y de cualquiera de nosotros): Count Basie, Duke Ellington y Benny Goodman. Estudió en el New England Conservatory of Music pero aprendió tocando en las bandas de jazz locales. A principios de los 40 se marchó a Nueva York donde conocería al saxofonista Charlie Barnet y al vibrafonista y director Red Norvo, con los que empezaría a colaborar. Unos años más tarde, en 1944, se uniría como pianista a la orquesta blanca de swing de Woody Herman, iniciándose así una fructífera relación que culminaría con los magníficos arreglos de sonoridad cool que Burns compondría para dicha orquesta.

Es en este periodo cuando conoce al compositor clásico Igor stravinsky que, adentrándose en los terrenos de la música jazz, compone en 1945 “Ebony Concerto” (para clarinete y banda de jazz) para la Big Band de Herman.

Una de las cimas creativas de la Banda de Herman, avanzadilla del jazz moderno, se produce cuando el saxofonista Stan Getz, en el año 47, hace un mítico solo en el movimiento final de la pequeña suite “Summer Sequence” escrita por Burns. Esa variación llamada “Early Autumn”.

Ralph Burns al piano

Ralph Burns al piano con Charlie Ventura, Curley Russell, Bill Harris y Dave Tough en Nueva York, 1947.

La evolución de Burns, del cool al bebop (o West Coast Jazz) se iría haciendo patente, en la década de los 50, en las nuevas composiciones del pianista, en sus dinámicos arreglos y en sus nuevas colaboraciones con artistas como Billy Strayhorn, Lee Konitz o Ben Webster.

En los 60, Burns comienza su andadura en Broadway arreglando y orquestando los musicales “Chicago”, “Funny girl”, “No, no, Nanette” o “Sweet charity”, sirviendo esta última de enlace con Hollywood y, por encima de todo, con Bob Fosse, apareciendo acreditado como orquestador en la versión que éste hizo del musical de Broadway para el cine basado a su vez en la película “Las noches de Cabiria” de Fellini, con Shirley MacLaine como protagonista, en el año 1969.

Luego vendrían “Cabaret” en 1972, por la que ganaría el Oscar a la mejor banda sonora adaptada, “Lenny” en 1974, en la que además de la mencionada “It entered my mind” aparecían otros dos temas de Davis, “Tempus fugit” y “Well you needn’t”; y, como paradigma de adaptación, composición y selección musical, “All that Jazz” (el “8 y 1/2” de Fosse) del 79, por la que Burns conseguiría su segundo Oscar.

También conduciría y supervisaría en 1977 la banda sonora de “New York, New York” de Scorsese y tendría otra nominación más de la Academia de Cine por “Annie” en el 82.

En 1980 consiguió un Emmy por “Baryshnikov en Broadway” y, cerrando el círculo, un Tony por el musical “Fosse” en 1999.

A este hombre orquesta, nunca mejor dicho, seguro que nunca se le pasaría por la mente que un adolescente madrileño, gafotas y precoz pudiera pensar tanto, a mediados de los 90, en conseguir una canción que no sabía cómo se llamaba ni de quién era y que creía haber escuchado en una película que no era la película que él creía que era.

Gracias Burns. Gracias Fosse. Gracias televisión.

Os dejo con el MacGuffin de todo esto.

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