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MARK LANEGAN BAND “Blues Funeral”: El Rock and Roll del aguardiente.

Calificación: * * * *

Sello: 4AD/Posstock

Año: 2012

Oscuro y rockero. Gótico y posmoderno. Mark Lanegan abandona, por un disco, las colaboraciones y se monta una banda con la que se ha propuesto despertar al Leviatán de las profundidades a base de blues de cementerio, con canciones eléctricas que sacien su apetito de voodoo sin Nueva Orleans. Invocando a los viejos espíritus en hospitales con terapia de odas y rituales. Haciéndonos olvidar el Bella y Bestia son que estuvo entonando durante tres fantásticos álbumes con Isobel Campbell (“Ballad of the broken seas“, “Sunday at devil dirt” y “Hawk“). Sacando a pasear su voz del demonio por bulevares electrónicos repletos de cavernas, entre los licores industriales de un Trent Reznor menos enfermizo.

Sabe Lanegan que le sobra con un susurro para crear una atmósfera malsana con la que envenenar de buen gusto una elegía, una canción, un disco. Y, sobre todo, sabe Lanegan que no hay mejor fórmula para que algo suene verdadero que creer en ello. Por eso, transitando la zona abisal en busca de la atmósfera perfecta, “Blues Funeral” nos propone un viaje a veces plomizo, otras veces, incluso, agradable, por el que merece la pena sacrificar un día soleado a cambio de estribillos de aguardiente y sus consiguientes resacas.

Las víctimas de este delirio de vampiros se dejarían chupar la sangre por un aullido de “Bleeding muddy water“. Azotarían la memoria pantanosa de los blues del delta por el desasosiego de “Leviathan“. No cruzarían el desierto en plan Travis Henderson en busca de su “Paris, Texas”; a menos que sonara en su viaje, sólo de ida, “Deep black vanishing train“. Y entregarían a Iggy Pop como rescate a cambio del final apabullante de “Gray goes black“.

Los últimos en llegar a la fiesta, los rezagados, se verían obligados a bailar “Ode to sad disco” después de una sesión de Donna Summer. E incluso, U2, se avergonzarían del Berlín que intentaron conquistar y, casi lo lograron, al escuchar la enésima reencarnación de Bowie en la majestuosa “Tiny grain of truth” o en la desapacible “Harborview Hospital“.

Por el contrario, el cineasta Sergio Leone resucitaría al escuchar esa banda sonora para un spaghetti western sideral que es “St. Louis elegy“. Y nadie intentaría hacer más rock and roll de siglo XXI sin implorar el ritmo de “Riot in my house“. 

Y así, hasta completar el aforo del baile con un buen puñado de canciones que Lanegan, en permanente idilio con las ánimas, embellece de texturas metálicas como si no fuera con él este funeral.  

* Regular, * * No está mal, * * * Bueno, * * * * Buenísimo, * * * * * Discazo

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Esta entrada fue publicada en febrero 16, 2012 por en DISCOS: La opinión de mycrosurcos y etiquetada con , , , , , , , , , , , .
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