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PAUL McCARTNEY “Kisses on the bottom”: Melodías en el salón.

Calificación: * * * 1/2

Sello: Universal

Año: 2012

Vaya por delante que “My Valentine“, uno de los dos únicos temas nuevos compuestos por McCartney para este proyecto, es un temazo. Una balada al más puro estilo antiguo que en nada desmerece, en comparación, con los 13 clásicos del cancionero americano que Paul adapta en “Kisses on the bottom“, su último álbum. La selección de canciones cumple con el cometido de intentar ser poco evidente (o no tan evidente) como homogénea. Los músicos, la banda habitual de la pianista, cantante y arreglista, Diana Krall, se adaptan al formato de soft jazz que ella misma practica en sus trabajos en solitario. Y la producción corre a cargo del reputado Tommy LiPuma, todo un experto en estos menesteres.

Paul, agradecido ante las tonadas que bailaron sus padres de jóvenes y que él, según cuenta, escuchaba de pequeño junto a su amigo John, ha decidido convertirse en crooner de garito de jazz con gran orquesta para rendir homenaje a esas canciones de primera mitad de siglo XX que no sólo sirvieron de esparcimiento, sino de inspiración, a más de una generación que soñó con poder dedicarse a hacer música algún día. De ritmos suaves para bailar agarrados o como acompañamiento para una escena romántica de salón. De dulces melodías y exquisitos arreglos orquestales, a cargo del veterano Johnny Mandel (mítico compositor y arreglista de Frank Sinatra, Tony Bennett o Shirley Horn) y del pianista Alan Broadbent (formó parte del Quartet West de Charlie Haden), que evocan a cine en invierno, estas dieciséis piezas, si contamos las dos extras que vienen en la edición especial, son un remanso de paz en tiempos de furia y una manzana de caramelo para tiempos de revolución.

Nada se sale de lo perfectamente pautado y previsible de modo que ningún atisbo de genialidad o inspiración pueda enturbiar un día soleado o una cena en plan velas. La mayoría de los temas son tiempos medios, más o menos orquestados, con pequeñas pinceladas, como ese silbido de aire cotidiano en “My very good friend the milkman“, el blues entre almohadones de Eric Clapton en “Get yourself another fool” o el coro de niños en “The inch worm“; que no desatan un temporal ni apagan las velas de la cena. Stevie Wonder pasaba por allí en la fabulosa “Only our hearts” (el otro tema nuevo que faltaba) y la versión del “Always” de Irving Berling es la hermana pequeña no deseada de aquella bestialidad que hizo Leonard Cohen en el 92 en su álbum “The Future“. En “I’m gonna sit right down and write myself a letter” Paul canta como nunca, y “Ac-cent-tchu-ate the positive” y “It’s only a paper moon” son dos tontunas que sacan el lado lúdico e infantil que Macca lleva dentro.

Mención especial aparte merece el rescate, en la edición extra, de la versión del “Baby’s request“, un anacrónico tema que cerraba el álbum “Back to the egg” de Wings en 1979. Perfecto ejemplo de canción pop ligera, quintaesencia del estilo y de las bondades compositivas de McCartney.

Para añadirles relumbrón a estos besos al final de la carta, la mayor parte de las grabaciones se llevaron a cabo en Nueva York (Avatar Studios) y Los Angeles (Capitol Studios), dejando Abbey Road para las orquestaciones de Alan Broadbent. De modo que las flores, antaño en la basura, ahora puedan lucir hermosas, en un jarrón carísimo, el día de San Valentín.

* Regular, * * No está mal, * * * Bueno, * * * * Buenísimo, * * * * * Discazo

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